{"id":291597,"date":"2023-08-24T15:18:27","date_gmt":"2023-08-24T19:18:27","guid":{"rendered":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?post_type=sermon&#038;p=291597"},"modified":"2023-11-26T16:42:06","modified_gmt":"2023-11-26T21:42:06","slug":"pentecostes-16-a-17-de-septiembre-de-2023","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/pentecostes-16-a-17-de-septiembre-de-2023\/","title":{"rendered":"Propio 19 (A) \u2013 2023"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/lectionary\/propio-19a\/\">LCR: G\u00e9nesis 50:15\u201321; Salmo 103:(1\u20137), 8\u201313; Romanos 14:1\u201312; San Mateo 18:21\u201335<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignright size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/P16-2023-Sermon-Graphic-SP-1024x536.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-291599\" style=\"width:512px;height:268px\" width=\"512\" height=\"268\" srcset=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/P16-2023-Sermon-Graphic-SP-1024x536.png 1024w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/P16-2023-Sermon-Graphic-SP-300x157.png 300w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/P16-2023-Sermon-Graphic-SP-768x402.png 768w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/P16-2023-Sermon-Graphic-SP-480x251.png 480w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/P16-2023-Sermon-Graphic-SP.png 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 512px) 100vw, 512px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Mucho hablamos en nuestros d\u00edas, abundante de confrontaciones violentas, sobre la necesidad de perdonar. El perd\u00f3n constituye una de las experiencias humanas m\u00e1s dif\u00edciles, m\u00e1s cuando se trata situaciones complejas que causan profundo dolor. Nos cuesta perdonar. Con frecuencia en nuestros corazones hay resentimiento y gastamos horas dando vueltas a problemas que afrontamos en nuestras relaciones familiares, vecinales, laborales y sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>Socialmente es necesario el perd\u00f3n a fin de generalizar las pr\u00e1cticas de no violencia y la reconciliaci\u00f3n entre las personas, comunidades y naciones para la b\u00fasqueda de la paz. Desde el punto de vista de la psicolog\u00eda pastoral, aludimos al perd\u00f3n como una decisi\u00f3n voluntaria y consciente que nos libera de sentimientos negativos como rencor, ira u odio, y nos permite vivir m\u00e1s plenamente. Pedir y otorgar perd\u00f3n implica que nos disponemos a aceptar la responsabilidad de nuestras propias acciones con humildad, como opci\u00f3n de la vida cristiana. Aun as\u00ed, el perd\u00f3n contin\u00faa siendo un tema y una pr\u00e1ctica sumamente dif\u00edcil.<\/p>\n\n\n\n<p>El Evangelio de hoy, a trav\u00e9s del di\u00e1logo entre Pedro y Jes\u00fas, nos ofrece una sencilla par\u00e1bola sobre la doctrina del perd\u00f3n. Pedro, ese disc\u00edpulo tremendamente inquieto, pregunta al Maestro y se atreve incluso a sugerir su propia soluci\u00f3n: \u201cSi mi hermano me ofende, \u00bfcu\u00e1ntas veces <em>tengo<\/em> que perdonarle? \u00bfhasta siete veces?\u201d Obviamente el perd\u00f3n es un acto voluntario del ser humano que nace del coraz\u00f3n, de ah\u00ed que sorprenda en algunas versiones el verbo \u201ctener\u201d que perdonar, utilizado por el disc\u00edpulo.<\/p>\n\n\n\n<p>La ense\u00f1anza rab\u00ednica en tiempos de Jesus era que se deb\u00eda perdonar hasta tres veces. El rab\u00ed Yos\u00e9 ben Janina dec\u00eda \u201cel que pide perd\u00f3n a su pr\u00f3jimo no debe repetirlo m\u00e1s de tres veces\u201d. Si se comet\u00eda una ofensa, hasta tres veces, se deb\u00eda perdonar. Pero la cuarta vez ya no se deb\u00eda pasar por alto la ofensa. Pedro ofrece una respuesta muy generosa al preguntar a Jes\u00fas si se debe perdonar hasta siete veces al ofensor, un n\u00famero que simboliza la perfecci\u00f3n de Dios. Seguramente esperaba que Jes\u00fas le alabara.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la respuesta de Jes\u00fas sorprende: el creyente debe perdonar hasta setenta veces siete. En otras palabras, el perd\u00f3n no tiene n\u00famero definido ni l\u00edmite, pues debe ser pleno, de coraz\u00f3n; adem\u00e1s, siempre habr\u00e1 situaciones qu\u00e9 perdonar. Muchas veces pensamos: \u201cpero tampoco podemos ser demasiado tolerantes\u201d o \u201cno hay que dejar lugar a la impunidad\u201d, o \u201cpuede que en algunos casos y con algunas personas aplique el perd\u00f3n, pero en otros casos y a otras personas, definitivamente no deber\u00edamos perdonar\u201d. Aqu\u00ed parece que los cristianos y cristianas nos distanciamos mucho de la ense\u00f1anza de Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas ilustra con la par\u00e1bola del perd\u00f3n un concepto fundamental. En un primer momento se dice que un empleado debe al rey diez mil talentos (seiscientos millones de denarios, una suma astron\u00f3mica). Nos ayuda a tener una idea sobre este valor, conocer que el salario del rey Herodes era de mil talentos anuales, lo que significa que el empleado deb\u00eda el equivalente a diez a\u00f1os del sueldo de Herodes. La par\u00e1bola, como otras veces hace Jes\u00fas, busca la exageraci\u00f3n para ilustrar su profundo sentido. Se trata de una deuda impagable que el rey en su generosidad condona plenamente.<\/p>\n\n\n\n<p>En un segundo momento, este mismo empleado que ha sido beneficiado con el perd\u00f3n de su deuda, se comporta de manera cruel con un compa\u00f1ero que le deb\u00eda una peque\u00f1a suma de cien denarios a quien hace apresar. El contraste entre la postura del rey y la del empleado es absoluta. Quiz\u00e1 nos preguntamos, \u00bfqu\u00e9 hizo mal el empleado? \u00c9l cumpli\u00f3 con la norma que legislaba cobrar las deudas dentro de los par\u00e1metros establecidos. Como muchos de nosotros, que pensamos que somos buenos cristianos y que hacemos el bien, el empleado se ampar\u00f3 en la ley vigente y actu\u00f3 dentro de sus m\u00e1rgenes.<\/p>\n\n\n\n<p>La actitud del empleado nos resulta escandalosa pues, con su coraz\u00f3n de piedra, no fue movido a misericordia por la acci\u00f3n del rey; no fue interpelado o tocado internamente por el perd\u00f3n recibido; no fue transformado o convertido para hacerse justo y efectuar justicia; no abri\u00f3 su coraz\u00f3n para sentir compasi\u00f3n por el otro; no fue capaz de situarse en el lugar del compa\u00f1ero y otorgar el perd\u00f3n, siendo que \u00e9l mismo hab\u00eda estado en tal situaci\u00f3n desventajosa, incluso a\u00fan m\u00e1s grave. Para ambos casos reg\u00eda la misma ley sobre la obligaci\u00f3n de pagar las deudas dentro de los par\u00e1metros establecidos. En un caso, la misericordia se sobrepuso a la norma; en el otro, la crueldad utiliz\u00f3 la norma a su favor.<\/p>\n\n\n\n<p>La misericordia, el perd\u00f3n y el cuidado del otro y la otra es una \u201cnorma\u201d que se encuentra por encima de cualquier otra norma civil, social, econ\u00f3mica y\/o pol\u00edtica. Podemos comportarnos como buenos ciudadanos, \u201cgente de bien\u201d, cumplidora de las normas, pero eso no es suficiente. Unos individuos que cumplen las leyes, pero no son sensibles al sufrimiento del otro no est\u00e1n dentro de la l\u00f3gica del Reino de Dios. Una sociedad que legitima las relaciones sociales por la v\u00eda del cumplimiento de las normas y no se compadece, es una sociedad enferma y egol\u00e1trica.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello, el concepto de la par\u00e1bola es doble. La vida del ser humano es el bien mayor. Una deuda que no le permita vivir, o incluso lo lleve a la muerte, debe ser suspendida, perdonada. En segundo lugar, la par\u00e1bola afirma que la compasi\u00f3n y el perd\u00f3n de las deudas y ofensas, deben ser replicados de unos a otros. Es por este camino que se va construyendo una cultura y un orden social nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p>La par\u00e1bola nos recuerda que hemos de perdonar para ser perdonados. Que el perd\u00f3n ha de ser rec\u00edproco. Quien no est\u00e1 dispuesto a perdonar no deber\u00eda esperar el perd\u00f3n misericorde de Dios. Tambi\u00e9n en el Evangelio de Mateo se nos dice: \u201cBienaventurados los misericordiosos, porque ellos obtendr\u00e1n misericordia\u201d. Frente a Dios somos deudores insolventes, pues todo cuanto somos, vivimos, hemos logrado y tenemos, de \u00c9l lo recibimos. Dios nos llama a ser hijos e hijas suyos, pues su amor, misericordia y perd\u00f3n, no tiene l\u00edmites. Y ese perd\u00f3n recibido por gracia debe irradiarse hacia los dem\u00e1s y ser fuente de inspiraci\u00f3n para otros. Hemos de estar dispuestos a perdonar a nuestras parejas, familiares, vecinos, hermanos de la Iglesia, compa\u00f1eros de trabajo, incluso enemigos y deudores. S\u00f3lo esta din\u00e1mica y compromiso responsable por el perd\u00f3n y la compasi\u00f3n ser\u00e1 capaz de transformar las relaciones humanas interpersonales y sociales. Culminemos este momento de reflexi\u00f3n repitiendo una vez m\u00e1s la expresi\u00f3n del Padre Nuestro: \u201cPerdona nuestras deudas y ofensas, as\u00ed como nosotros perdonamos a nuestros deudores y a quienes nos ofenden\u201d. Am\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-9016ae0d-375a-458b-b459-dec399d58bdb\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Sermon-Propio-19A-Spanish.docx\">Word \u2013 Propio 19 (A)Download<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Sermon-Propio-19A-Spanish.docx\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-9016ae0d-375a-458b-b459-dec399d58bdb\">Download<\/a><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-c79b8ecb-1051-4ab2-83cd-0a5124b70fd3\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Sermon-Propio-19A-Spanish.pdf\">PDF \u2013 Propio 19 (A)Download<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/Sermon-Propio-19A-Spanish.pdf\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-c79b8ecb-1051-4ab2-83cd-0a5124b70fd3\">Download<\/a><\/div>\n","protected":false},"featured_media":201217,"template":"","meta":{"_acf_changed":false,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[914,934],"class_list":["post-291597","sermon","type-sermon","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-pentecostes-a","category-propio-19a"],"acf":{"drupal_id":"","lectionary_id":false,"sermon_date":"2023-09-17","sermon_other_translation":false,"sermon_language":"","author_id":169079},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Propio 19 (A) \u2013 2023 &#8211; The Episcopal Church<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/pentecostes-16-a-17-de-septiembre-de-2023\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Pentecost\u00e9s 16 (A) \u2013 17 de septiembre de 2023\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"LCR: G\u00e9nesis 50:15\u201321; Salmo 103:(1\u20137), 8\u201313; Romanos 14:1\u201312; San Mateo 18:21\u201335 Mucho hablamos en nuestros d\u00edas, abundante de confrontaciones violentas, sobre la necesidad de perdonar. 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