{"id":309022,"date":"2024-06-08T19:26:45","date_gmt":"2024-06-08T23:26:45","guid":{"rendered":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?post_type=sermon&#038;p=309022"},"modified":"2024-06-08T19:26:47","modified_gmt":"2024-06-08T23:26:47","slug":"pentecostes-6-b-30-de-junio-de-2024","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/pentecostes-6-b-30-de-junio-de-2024\/","title":{"rendered":"Pentecost\u00e9s 6 (B) \u2013 30 de junio de 2024"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/lectionary\/propio-8b\/\">LCR: Sabidur\u00eda 1:13-15; 2:23-24; Salmo 30; 2 Corintios 8:7-15; San Marcos 5:21-43.<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignright size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"536\" src=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Pr8-2024-Sermon-Graphic-SP-1024x536.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-309024\" style=\"width:512px\" srcset=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Pr8-2024-Sermon-Graphic-SP-1024x536.png 1024w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Pr8-2024-Sermon-Graphic-SP-300x157.png 300w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Pr8-2024-Sermon-Graphic-SP-768x402.png 768w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Pr8-2024-Sermon-Graphic-SP-480x251.png 480w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Pr8-2024-Sermon-Graphic-SP.png 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n<p><strong>\u201c<em>Dios no hizo la muerte ni se alegra destruyendo a los seres vivientes<\/em>\u201d<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A lo largo de la historia la humanidad se ha preguntado por el origen del mal en el mundo y ha buscado una explicaci\u00f3n para el sufrimiento que aqueja a toda la Creaci\u00f3n. Las lecturas que nos propone la Iglesia para este domingo nos recuerdan que Dios no es el hacedor de la muerte, la destrucci\u00f3n o el dolor; que \u00c9l no se alegra con el sufrimiento y que \u201c<em>todo lo que ha hecho es bueno y saludable porque su justicia es inmortal\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El hombre y la mujer fueron creados imperfectos pero inmortales y a imagen del mismo Dios, sin que lleguen a ser como Dios, ya que esto implicar\u00eda un mundo de dioses y no un mundo de humanos. El origen del mal, entonces, no reside en el Creador, sino que forma parte de la naturaleza imperfecta del ser humano; es la carencia de bien que lo lleva a actuar en contra del plan de Dios. Ese mal moral es el que causa el mal f\u00edsico que se traduce en dolor y sufrimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta sobre el origen del mal y sus efectos, s\u00f3lo encuentran respuesta en la fe de los creyentes, la cual nos permite ver las realidades dolorosas del mundo a trav\u00e9s de una mirada de esperanza, con la confianza puesta en los prop\u00f3sitos de Dios para la Creaci\u00f3n, los cuales desde el principio fueron libertad, felicidad y eternidad.<\/p>\n\n\n\n<p>En medio de las sombras que se abaten sobre nuestras vidas brilla el amor incondicional de Dios, el cual se manifiesta de forma extraordinaria en cada bendici\u00f3n recibida: el nacimiento de un nuevo ser, la recuperaci\u00f3n de una enfermedad, la longevidad de un anciano, la alegr\u00eda de los ni\u00f1os y j\u00f3venes, el amor de los enamorados, la caridad del cristiano, la fe fervorosa de una comunidad eclesial. Estos son signos inequ\u00edvocos de la presencia de un Dios que sigue actuando y cuidando de su obra cuando la vida vence a la muerte, la salud a la enfermedad, la alegr\u00eda a la tristeza, el amor al odio. Reconocer el cuidado de Dios para todo lo creado es nuestro deber para con \u00c9l. Esta alabanza y acci\u00f3n de gracias constituye para nosotros la fuerza necesaria para continuar el camino aun en medio de las dificultades y retos que nos impone la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>El Evangelio de este domingo combina dos relatos llenos de esperanza. Por un lado, encontramos a un hombre perteneciente a la elite religiosa de su \u00e9poca, un jefe de la sinagoga que se acerca a Jes\u00fas entre de una multitud sedienta que reclama un milagro en medio de sus duras realidades. Jes\u00fas seguramente est\u00e1 exhausto del trabajo del d\u00eda, la gente busca signos extraordinarios y experiencias reveladoras que les permita tener consuelo y fuerza para continuar con sus vidas, se apretujan a su alrededor en un intento desesperado por encontrar respuestas. Todos los creyentes llegamos ante Dios con nuestros miedos, incertidumbres, sentimientos y emociones, tratando de encontrar en \u00c9l la respuesta a nuestras necesidades espirituales, f\u00edsicas, econ\u00f3micas, laborales, familiares y afectivas.<\/p>\n\n\n\n<p>Al igual que Jairo, muchas veces tememos por la vida de los que amamos y a\u00fan m\u00e1s cuando hemos agotado todos los recursos de la ciencia y los saberes humanos sin obtener respuestas. Quiz\u00e1 Jairo, el jefe de la sinagoga, ya hab\u00eda acudido a los m\u00e9dicos e incluso a sus l\u00edderes espirituales antes de ir a Jes\u00fas; la desesperaci\u00f3n que brota del amor por su hija lo lanza a la calle en busca del Maestro. Jairo no es m\u00e1s ni menos que cualquiera de los presentes en aquella multitud, su dolor no es m\u00e1s ni menos importante que el de aquellos que se agolpan; pero no todos reciben la mima respuesta. Solamente \u00e9l logra que se produzca el milagro de la vida al captar la atenci\u00f3n de Jes\u00fas. Sin embargo, el camino hacia la gloriosa manifestaci\u00f3n de Dios no es f\u00e1cil, requiere perseverancia, constancia, confianza, compromiso y, como elemento determinador, la fe. Este hombre tiene la certeza de que si Jes\u00fas pone las manos sobre su hija \u00e9sta sanar\u00e1 y vivir\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en medio de la multitud surge un personaje a\u00fan m\u00e1s impactante que el mismo Jairo. Se trata de una mujer enferma, que hab\u00eda agotado sus recursos en busca de respuestas para su enfermedad. Esta mujer no padec\u00eda cualquier dolencia; era una enfermedad que no s\u00f3lo la consum\u00eda en su salud f\u00edsica, sino que adem\u00e1s la estaba destruyendo psicol\u00f3gica, familiar, econ\u00f3mica, religiosa, social y comunitariamente. El flujo de sangre la se\u00f1alaba como una persona impura, indigna, rechazada y excluida. La mujer tiene un prop\u00f3sito claro y una fe inquebrantable, no aspira -como Jairo- a que Jes\u00fas ponga las manos sobre ella; conf\u00eda en que con s\u00f3lo tocar el borde de su vestido sanar\u00e1. Muchos creemos tocar a Jes\u00fas, participamos cada domingo de la Santa Comuni\u00f3n y dedicamos largos periodos de tiempo a la oraci\u00f3n y al estudio de la persona del Maestro, sin embargo, nos acostumbramos, nos volvemos insensibles frente a las realidades trascendentes y entramos en una total insensibilidad ante el misterio y milagro.<\/p>\n\n\n\n<p>La hemorroisa est\u00e1 decidida. Un s\u00f3lo toque cambiar\u00e1 su vida en todas sus dimensiones y sus relaciones interpersonales, sociales y religiosas, y va por ese objetivo. En medio de la multitud se las arregla para llegar a Jes\u00fas y tocar su vestido, sin importan los obst\u00e1culos, temores o se\u00f1alamientos; es necesario llegar a \u00c9l y con toda seguridad su vida sanar\u00e1. Lo que produce el milagro es la fe sincera. Muchas personas, nos relata el pasaje, tocaron a Jes\u00fas en aquella ocasi\u00f3n, pero la fuerza sanadora del Se\u00f1or s\u00f3lo se transmiti\u00f3 a aquella mujer llena de confianza, humilde, temerosa, de rodillas ante Dios, la cual es sanada de su enfermedad y restaurada a la comunidad como una nueva criatura.<\/p>\n\n\n\n<p>Aparentemente para el padre y jefe de la sinagoga esta interrupci\u00f3n de la mujer ha tenido consecuencias fatales: la ni\u00f1a ha muerto. \u00c9l no ped\u00eda un milagro para s\u00ed mismo, s\u00f3lo ten\u00eda la esperanza de salvar a su hija y ahora es demasiado tarde, ya no vale la pena insistir. Dir\u00e1n sus amigos que el enemigo m\u00e1s temido se ha hecho presente, la irremediable muerte le ha arrebatado a su peque\u00f1a: <em>\u201cPara qu\u00e9 molestar m\u00e1s al maestro\u2026\u201d. <\/em>La desesperanza toca a la puerta y ante un desenlace tan fatal Jes\u00fas responde: <em>\u201cNo tengas miedo, cree solamente\u201d<\/em>. El Se\u00f1or sabe que se va a producir un hecho asombroso, por esa raz\u00f3n s\u00f3lo estar\u00e1n presentes los tres testigos de los hechos m\u00e1s extraordinarios de la vida de Jes\u00fas: Pedro, Santiago y Juan, los mismos que en el monte Tabor le vieron Transfigurado.<\/p>\n\n\n\n<p>Al llegar a la casa de Jairo, Jes\u00fas y sus disc\u00edpulos encuentran el esperado escenario de desconsuelo, gritos, algarab\u00eda, ruido y llanto, que s\u00f3lo generan miedo, impidiendo reflexionar adecuada y serenamente los acontecimientos: <em>\u201cla ni\u00f1a no est\u00e1 muerta, sino dormida\u201d. <\/em>Ante la presencia de Jes\u00fas hasta la muerte puede ser vencida, aunque nos cueste creer; \u00c9l nos toma de la mano y nos dice: <em>\u201ca ti te digo, lev\u00e1ntate\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Ante las dificultades, el dolor, el miedo, la enfermedad e incluso la muerte, Jes\u00fas nos dice: lev\u00e1ntate, echa a andar, no te quedes paralizado, recobra el aliento, alim\u00e9ntate, empieza de nuevo cada d\u00eda, s\u00e9 agradecido, s\u00e9 generoso, ayuda a los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>El Rvdo. Ricardo Antonio Betancur Ortiz<\/em><\/strong><em>, es abogado de profesi\u00f3n y presb\u00edtero en la Di\u00f3cesis de Colombia, ha practicado la docencia en temas de Anglicanismo y estudio del Libro de Oraci\u00f3n Com\u00fan en el Centro de Estudios Teol\u00f3gicos de la Di\u00f3cesis.<\/em><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-6a6fc0e8-91ce-4b35-b754-f2406f990c65\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Sermon-Proper-8-B-Spanish.docx\">Word \u2013 Pentecost\u00e9s 6 (B)<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Sermon-Proper-8-B-Spanish.docx\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-6a6fc0e8-91ce-4b35-b754-f2406f990c65\">Download<\/a><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-4d0bd0c1-9e7e-42bc-bd56-d2f584fa3d36\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Sermon-Proper-8-B-Spanish.pdf\">PDF \u2013 Pentecost\u00e9s 6 (B)<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Sermon-Proper-8-B-Spanish.pdf\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-4d0bd0c1-9e7e-42bc-bd56-d2f584fa3d36\">Download<\/a><\/div>\n","protected":false},"featured_media":201217,"template":"","meta":{"_acf_changed":true,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[971,982],"class_list":["post-309022","sermon","type-sermon","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-pentecostes-b","category-propio-08b"],"acf":{"drupal_id":"","lectionary_id":false,"sermon_date":"2024-06-30","sermon_other_translation":false,"sermon_language":"","author_id":169086},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Pentecost\u00e9s 6 (B) \u2013 30 de junio de 2024 &#8211; 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