{"id":330191,"date":"2025-03-10T11:39:48","date_gmt":"2025-03-10T15:39:48","guid":{"rendered":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?post_type=sermon&#038;p=330191"},"modified":"2025-11-24T17:16:40","modified_gmt":"2025-11-24T22:16:40","slug":"cuaresma-4-c-30-de-marzo-de-2025","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/cuaresma-4-c-30-de-marzo-de-2025\/","title":{"rendered":"Cuaresma 4 (C) \u2013 2025"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/lectionary\/cuaresma-4c\/\">LCR: Josu\u00e9 5:9\u201312; Salmo 32; 2 Corintios 5:16\u201321; San Lucas 15:1\u20133,11b\u201332<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignright size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/L4-2025-Sermon-Graphic-SP-1024x576.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-330190\" style=\"width:512px\" srcset=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/L4-2025-Sermon-Graphic-SP-1024x576.png 1024w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/L4-2025-Sermon-Graphic-SP-300x169.png 300w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/L4-2025-Sermon-Graphic-SP-768x432.png 768w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/L4-2025-Sermon-Graphic-SP-1536x864.png 1536w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/L4-2025-Sermon-Graphic-SP-480x270.png 480w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/L4-2025-Sermon-Graphic-SP.png 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n<p>La par\u00e1bola del Padre misericordioso, tradicionalmente conocida como \u201cEl hijo pr\u00f3digo\u201d, es una de las m\u00e1s predicadas a lo largo de la historia de la Iglesia y uno de los textos m\u00e1s bellos del evangelio de san Lucas. Por su contenido, es tambi\u00e9n una de las ense\u00f1anzas \u201csubversivas\u201d y m\u00e1s audaces de Jes\u00fas, quien una vez m\u00e1s invierte nuestra manera tradicional de pensar, pues nos habla de la l\u00f3gica del Reino, que es la l\u00f3gica de la vida, la reconciliaci\u00f3n, la gratuidad del perd\u00f3n y el amor incondicional del Padre Dios por la humanidad; una l\u00f3gica muy distinta a la de los dos hijos en la par\u00e1bola y muy distinta a nuestra l\u00f3gica en cuestiones como el castigo y la impunidad.<\/p>\n\n\n\n<p>La par\u00e1bola hace parte de las tres ense\u00f1anzas sobre la misericordia: la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo perdido. Jes\u00fas est\u00e1 en Jerusal\u00e9n junto a sus disc\u00edpulos y es seguido por mucha gente del pueblo que le ve sanando a los enfermos, expulsando los demonios y ense\u00f1ando a trav\u00e9s de par\u00e1bolas o historias cortas para invitar a la conversi\u00f3n. Pero tambi\u00e9n est\u00e1 siendo seguido y amenazado por el poder romano y jud\u00edo, especialmente los fariseos y sacerdotes que ya est\u00e1n pensando como desembarazarse de Jes\u00fas. Nos dice el evangelista que, como el Maestro, aun delante de los poderosos no oculta su acogida y amor por los pecadores y los publicanos, les cuenta esta par\u00e1bola sobre la acogida y el perd\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Se trata de la historia de la relaci\u00f3n que se establece entre tres personajes: un padre y sus dos hijos, considerados en la tradici\u00f3n el uno \u201cperdido\u201d y el otro \u201cfiel\u201d. Quiz\u00e1s el p\u00fablico de Jes\u00fas al escuchar el inicio de la narraci\u00f3n: \u201cUn hombre ten\u00eda dos hijos\u2026\u201d, esperaba una historia sobre dos hermanos, como Ca\u00edn y Abel, Ismael e Isaac, o Jacob y Esa\u00fa. Pero Jes\u00fas los confunde al mostrar un hijo menor que aparece como d\u00edscolo e inepto, y uno mayor celoso. Veamos la din\u00e1mica al detalle.<\/p>\n\n\n\n<p>La par\u00e1bola incluye tres di\u00e1logos que sostiene el Padre con sus hijos, en los que se muestran tres expresiones del amor. En el primer di\u00e1logo el hijo menor le dice al Padre: \u201cdame la parte de la herencia que me toca\u201d. Mucho se ha cuestionado si la solicitud del hijo es insolente, pues pedir la herencia de un tercio de la fortuna del padre, equivale a desear que el padre estuviera muerto. Y la narraci\u00f3n contin\u00faa: \u201cEntonces el padre reparti\u00f3 los bienes entre ellos\u201d. Esto es verdaderamente llamativo: \u00a1no hay una reacci\u00f3n, oposici\u00f3n o intento de disuadir al hijo por parte del padre! Un padre as\u00ed lo calificamos inmediatamente de d\u00e9bil o demasiado permisivo.<\/p>\n\n\n\n<p>El amor que muestra el padre se puede entender como un amor \u00e1gape, cuya expresi\u00f3n primera es la <strong><em>aceptaci\u00f3n<\/em><\/strong> de la forma \u00fanica de ser del otro; una rendici\u00f3n frente al otro, un reconocimiento del derecho a realizarse del otro y la otra. En otras palabras, el padre no impone sus propios modelos, patrones o experiencias sobre c\u00f3mo deber\u00eda ser el hijo, sino que acepta y reconoce los ritmos, necesidades, voluntades del hijo. La aceptaci\u00f3n es opuesta a la imposici\u00f3n, a la coerci\u00f3n, incluso al consejo. Sin duda una ense\u00f1anza sobre las din\u00e1micas a seguir en las familias de hoy, cuando debemos reconocer el derecho de nuestros hijos e hijas a ser diferentes e independientes, a equivocarse incluso, acorde a su madurez y sus anhelos de vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Es dif\u00edcil ser y actuar como este padre en nuestras culturas patriarcales y paternalistas. Tendemos a enjuiciarlos con el pretexto de nuestro amor y con la cl\u00e1sica afirmaci\u00f3n de que \u201ces por tu bien\u201d. Apenas si \u201ctoleramos\u201d y nos resignarnos frente a las posturas aut\u00e9nticas, acciones u opciones de vida de nuestros hijos o de nuestros pr\u00f3ximos. Pero Jes\u00fas nos ense\u00f1a que como madres y padres no podemos coartar, ahogar sus anhelos, ni proyectar en ellos nuestras propias experiencias: el padre hizo aquello que el hijo m\u00e1s deseaba, aunque muy probablemente el padre intu\u00eda que al hijo podr\u00eda no irle bien.<\/p>\n\n\n\n<p>Y efectivamente, ya sabemos que las decisiones y acciones del joven no le llevaron por buen camino. Al final malgast\u00f3 la fortuna y se convirti\u00f3 en un trabajador en condiciones de servidumbre, pr\u00e1cticamente. Y aqu\u00ed aparece el segundo di\u00e1logo: el hijo regresa abatido, arrepentido y reconoce frente al padre que no tiene derecho de llamarse su hijo. Pero incluso antes que el hijo hablara, s\u00f3lo con verlo de lejos, el padre \u201clo vio y sinti\u00f3 compasi\u00f3n de \u00e9l. Corri\u00f3 a su encuentro y lo recibi\u00f3 con abrazos y besos\u201d. \u00a1Qu\u00e9 hermosa imagen gr\u00e1fica podemos hacernos de ese encuentro!<\/p>\n\n\n\n<p>Hubiera sido razonable, l\u00f3gico, \u201cnormal\u201d que el padre aceptara las condiciones del hijo. Al menos tendr\u00eda que rega\u00f1arlo, reprenderlo, darle un escarmiento, aunque despu\u00e9s \u2013s\u00f3lo m\u00e1s tarde, no ahora- lo perdonara. Un \u201cbuen\u201d padre o madre actuar\u00eda as\u00ed. Pero Jes\u00fas no nos llama a ser \u201cbuenos\u201d a la manera de nuestras culturas y tradiciones: nos llama a ser madres y padres como lo es Dios, en perfecci\u00f3n de amor, perd\u00f3n y entrega. Se ha entendido esta dimensi\u00f3n del amor \u00e1gape como <strong><em>rehabilitaci\u00f3n<\/em><\/strong>. El padre acoge y satisface las necesidades del hijo: le viste, le calza, le pone un anillo como se\u00f1al de restauraci\u00f3n de su dignidad, le alimenta y hace una fiesta con el becerro m\u00e1s gordo, le besa, abraza y da cari\u00f1o. En suma, le devuelve el sentido de pertenencia del hogar ante de toda la comunidad. Descubrir las necesidades, acoger y amar a los nuestros con un amor que restaure su dignidad pisoteada por la sociedad, all\u00ed cuando hay malas decisiones, <em>bulling<\/em> (acoso, matoneo), violencia de cualquier tipo, es la ense\u00f1anza del Maestro en este di\u00e1logo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, el amor \u00e1gape incluye a los otros y otras en la perspectiva de la <strong><em>conciliaci\u00f3n <\/em><\/strong>y la <strong><em>reconciliaci\u00f3n<\/em><\/strong>. El hijo mayor, que s\u00ed estaba trabajando, con toda raz\u00f3n expone su descontento. Es entendible que no quisiera ni entrar a la casa, ni participar de la fiesta; y desde nuestro juicio ser\u00eda un acto de justicia tomar en cuenta sus quejas y lamentos. Por su parte, el padre podr\u00eda hacerlo entrar con criterios de autoridad pues no se trata de que llegue a perturbar la alegr\u00eda de la fiesta o dejarlo afuera y esperar que se le pasara el mal genio. Eso ser\u00eda razonable tambi\u00e9n. Sin embargo, con amor, \u201csu padre tuvo que salir a rogarle\u201d que entrara y le dice: \u201ct\u00fa siempre est\u00e1s conmigo, y todo lo que tengo es tuyo. Pero hab\u00eda que celebrar esto con un banquete y alegrarnos, porque tu hermano, que estaba muerto, ha vuelto a vivir; se hab\u00eda perdido y lo hemos encontrado\u201d. Este amor es inclusivo e incluyente, no deja por fuera a los terceros.<\/p>\n\n\n\n<p>La conversi\u00f3n a la que llama el Maestro implica transformar nuestra manera de pensar, aquello que consideramos un razonamiento sensato, prudente, coherente, justo y necesario basado en nuestros c\u00f3digos sociales, culturales y morales. No porque sea la manera habitual, razonable y \u201cnormal\u201d de pensar, es la mejor. Jes\u00fas desordena nuestras l\u00f3gicas sobre \u201cc\u00f3mo deben ser las cosas\u201d en el orden personal y social, especialmente c\u00f3mo concebimos el castigo, la culpa, la impunidad y la retribuci\u00f3n frente a la falta. Jes\u00fas nos ense\u00f1a un amor verdadero y m\u00e1s aut\u00e9ntico que el que nosotros damos. Ambos hijos necesitaban experimentar ese amor y misericordia. Dios no utiliza una l\u00f3gica de premios y castigos; \u00e9l acoge a todo el que necesita perd\u00f3n y misericordia. La alegr\u00eda del padre consiste en ver a sus hijos juntos, superando los conflictos como hermanos reconciliados.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-e0ed5f12-2a88-4a13-9ca0-28c35af51db5\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Sermon-Cuaresma-4-C-Spanish.docx\">Word \u2013 Cuaresma 4 (C)<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Sermon-Cuaresma-4-C-Spanish.docx\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-e0ed5f12-2a88-4a13-9ca0-28c35af51db5\">Download<\/a><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-28c65a2a-83d4-458f-b4c4-3cdcfe61cea6\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Sermon-Cuaresma-4-C-Spanish.pdf\">PDF \u2013 Cuaresma 4 (C)<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Sermon-Cuaresma-4-C-Spanish.pdf\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-28c65a2a-83d4-458f-b4c4-3cdcfe61cea6\">Download<\/a><\/div>\n","protected":false},"featured_media":0,"template":"","meta":{"_acf_changed":true,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[1016,1012],"class_list":["post-330191","sermon","type-sermon","status-publish","hentry","category-cuaresma-4c","category-cuaresma-c"],"acf":{"drupal_id":"","lectionary_id":false,"sermon_date":"2025-03-30","sermon_other_translation":false,"sermon_language":"","author_id":169079},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Cuaresma 4 (C) \u2013 2025 &#8211; The Episcopal Church<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/cuaresma-4-c-30-de-marzo-de-2025\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Cuaresma 4 (C) \u2013 2025\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"LCR: Josu\u00e9 5:9\u201312; Salmo 32; 2 Corintios 5:16\u201321; San Lucas 15:1\u20133,11b\u201332 La par\u00e1bola del Padre misericordioso, tradicionalmente conocida como \u201cEl hijo pr\u00f3digo\u201d, es una de las m\u00e1s predicadas a lo largo de la historia de la Iglesia y uno de los textos m\u00e1s bellos del evangelio de san Lucas. 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