{"id":332795,"date":"2025-05-19T08:36:32","date_gmt":"2025-05-19T12:36:32","guid":{"rendered":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?post_type=sermon&#038;p=332795"},"modified":"2025-11-25T10:54:33","modified_gmt":"2025-11-25T15:54:33","slug":"pascua-6-c-25-de-mayo-de-2025","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/pascua-6-c-25-de-mayo-de-2025\/","title":{"rendered":"Pascua 6 (C) \u2013 2025"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/lectionary\/pascua-6c\/\">LCR: Hechos 16:9\u201315; Salmo 67; Revelaci\u00f3n 21:10, 22\u201322:5; San Juan 14:23\u201329 o 5:1\u20139.<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignright size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Ea6-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-1024x576.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-332796\" style=\"width:512px\" srcset=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Ea6-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-1024x576.png 1024w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Ea6-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-300x169.png 300w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Ea6-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-768x432.png 768w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Ea6-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-1536x864.png 1536w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Ea6-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-480x270.png 480w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Ea6-2025-Sermon-Graphic-FB-SP.png 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Cerca de la Puerta de las Ovejas, en la Jerusal\u00e9n del Nuevo Testamento, se descubri\u00f3 un estanque doble rodeado por cinco salas o p\u00f3rticos en los que se congregaban much\u00edsimos enfermos. Seg\u00fan el evangelio que acabamos de escuchar, hab\u00eda paral\u00edticos, ciegos, tullidos, cojos, todos ellos esperando ser sanados por un \u00e1ngel del Se\u00f1or que ven\u00eda una vez al a\u00f1o y hac\u00eda que el agua se moviera en borbollones. En ese momento, el primero de esos enfermos que lograra entrar y sumergirse en dicha piscina o estanque se dec\u00eda sal\u00eda de ella completamente curado de la enfermedad que hasta ese momento lo aflig\u00eda. En realidad, el origen del movimiento del agua se ha dicho se deb\u00eda a la existencia de un manantial subterr\u00e1neo del cual intermitentemente brotaba agua de color rojizo.<\/p>\n\n\n\n<p>En uno de los p\u00f3rticos o salas se encuentra un paral\u00edtico que, seg\u00fan el evangelista, llevaba nada menos que treinta ocho a\u00f1os sin que le llegara el momento oportuno de que alguien lo ayudara a ser el primero en sumergirse en el estanque para, de esa forma, sanar de su par\u00e1lisis.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez este hombre ya hab\u00eda perdido la esperanza de que le llegara la ayuda que necesitaba y que podr\u00eda liberarlo de su mal. Parece estar resignado a simplemente ser el testigo silencioso del asombro y la maravilla de milagros que vio darse en quienes lograban sumergirse en las aguas en movimiento a\u00f1o tras a\u00f1o; seguro que fue part\u00edcipe del regocijo de muchos al ver otras vidas transformarse al instante por sentirse y verse sanados. En realidad, no sabemos lo que pod\u00eda pensar o sentir el paral\u00edtico en lo profundo de su ser. Podr\u00edamos suponer que los a\u00f1os que lleva esperando son la remota esperanza que lo mantienen en uno de esos cinco p\u00f3rticos. Su raz\u00f3n de vivir tal vez sea que, tarde o temprano, le llegue su turno de sanar. Nunca lo sabremos, pero lo comprendemos. Puede ser que algunos de nosotros nos hayamos encontrado -o nos encontremos- en condiciones y circunstancias parecidas a las del paral\u00edtico y, quiz\u00e1s, haber permanecido en espera de un milagro en nuestras vidas, a\u00fan m\u00e1s de treinta ocho a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>El evangelista tampoco nos da una raz\u00f3n espec\u00edfica referente a la presencia de Jes\u00fas en esa piscina. S\u00f3lo sabemos que \u00e9l hab\u00eda llegado a Jerusal\u00e9n para celebrar una fiesta jud\u00eda cuyo nombre no se menciona, aunque muchos han aludido que podr\u00eda haber sido la pascua. Es tambi\u00e9n de suma importancia tener en cuenta que ese d\u00eda era s\u00e1bado, el d\u00eda de santificaci\u00f3n y de descanso para los jud\u00edos. Llevar a cabo tareas de cualquier \u00edndole no s\u00f3lo estaba prohibido, sino que tambi\u00e9n se corr\u00eda el riesgo de ser perseguido, juzgado y hasta condenado a ser apedreado.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas se fija en el paral\u00edtico y, al enterarse de que lleva tantos a\u00f1os esperando a que alguien lo ayudara a ser el primero en meterse en la piscina, le pregunta si quiere sanarse. El paral\u00edtico no reconoce a Jes\u00fas, ni le pide que lo sane, simplemente repite lo que ya Jes\u00fas sab\u00eda: que se encontraba solo en su intento de curarse. En ese instante o\u00edmos que Jes\u00fas le dice: \u201cLev\u00e1ntate, alza tu camilla y anda\u201d. El paral\u00edtico toma su camilla y sale caminando sin que nadie se arremoline a declarar el milagro, sin que el sanado siquiera agradezca por la curaci\u00f3n; tampoco Jes\u00fas le dice que su fe lo ha sanado. Jes\u00fas solamente pronuncia tres verbos que le restauran la salud en un d\u00eda prohibido, arriesg\u00e1ndose ante la autoridad jud\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo sucedido en la piscina de Betzat\u00e1 nos lleva a reflexionar que en cualquier momento Jes\u00fas nos puede salir al camino. Podemos imaginar que tal vez eso ya nos ha sucedido antes, sin que nos di\u00e9ramos cuenta, sin que lo pidi\u00e9ramos y sin llegar a pensar que se trataba de un encuentro para despertar nuestra fe y abrir nuestro esp\u00edritu a tener conciencia de la manifestaci\u00f3n de Dios en cada aspecto de nuestras vidas, sin importar la situaci\u00f3n en la que nos encontremos.<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta que Jes\u00fas le hace al paral\u00edtico: \u00bfQuieres sanar? es la misma pregunta que, si no la hemos o\u00eddo hasta ahora, podemos, con este ejemplo, escucharla en lo m\u00e1s profundo de nuestro ser, ya sea cuando nos enfrentemos a la sensaci\u00f3n de estancamiento en nuestra vida espiritual, o cuando nos veamos envueltos en los escollos que se nos presentan a diario en nuestra vida familiar, o ante la sorpresa de tener que bregar con los fallos de nuestra salud f\u00edsica o emocional.<\/p>\n\n\n\n<p>Si de veras queremos sanar, la respuesta que oy\u00f3 el paral\u00edtico ser\u00e1 la misma que, con esperanza, nosotros podremos o\u00edr. Es la respuesta que encarna y afirma profundamente nuestra fe en la gracia, la compasi\u00f3n y la acci\u00f3n sanadora de ese Dios presente en nuestras vidas, que es constante en su invitaci\u00f3n misericordiosa a que nos levantemos, que abracemos nuestra vida, que la vivamos centrados en su divina providencia y que salgamos al mundo permaneciendo en \u00e9l, proclamando su gloria y su grandeza.<\/p>\n\n\n\n<p>Con este milagro Jes\u00fas tambi\u00e9n nos invita a creer firmemente que no estamos solos. Jes\u00fas se acerc\u00f3 a ayudar al paral\u00edtico pasando por encima el que fuera s\u00e1bado, d\u00eda de descanso; para Dios no hay d\u00eda o momento que no sea oportuno para obrar milagros en nosotros. Tambi\u00e9n nos pondr\u00e1 a alguien en nuestro camino para darnos la ayuda que necesitemos, en el momento indicado: con palabras pronunciadas por un desconocido que al o\u00edrlas logran que entendamos claramente la situaci\u00f3n que nos afecta, la sonrisa de un ni\u00f1o que nos puede llevar a vislumbrar la luz y extraernos de la oscuridad de la depresi\u00f3n nerviosa, el abrazo de cari\u00f1o del ser amado, el gesto generoso de un amigo o de un familiar que nos hace recuperar la fe perdida.<\/p>\n\n\n\n<p>Si de veras queremos sanar encontraremos la manera de emprender de nuevo el camino como lo hizo el paral\u00edtico. Nos levantaremos una y otra vez de nuestras ca\u00eddas, penas y desesperos; caminaremos de manera diferente, confiaremos m\u00e1s y m\u00e1s en ese Dios que no nos abandona en ning\u00fan instante, en ese Cristo que nos sana para la gloria de Dios Padre, y viviendo agradecidos y llenos de gozo sinti\u00e9ndonos sostenidos, renovados, amados.<\/p>\n\n\n\n<p>Vayamos a nuestro diario vivir y, en el silencio de nuestros corazones, alabemos y demos gracias a Dios por los milagros que su gracia y compasi\u00f3n nos han revelado a lo largo de los a\u00f1os. Vivamos nuestras vidas sinti\u00e9ndonos restaurados en nuestra fe, conscientes de su divina presencia, contando sin dudar en su gran poder sanador y deleit\u00e1ndonos con \u00e9l. Con \u00e9l podemos emprender nuevas jornadas de vida en toda su plenitud. Abr\u00e1monos a la acci\u00f3n de Dios en nuestras vidas y estemos pendientes con ojos y coraz\u00f3n abierto al gran deseo de su Hijo Jes\u00fas de ser nuestro compa\u00f1ero, el amigo fiel que siempre estar\u00e1 a nuestro lado para ense\u00f1arnos los nuevos caminos que nos llevar\u00e1n a vivir una vida fortalecida por el amor a Dios Padre y al pr\u00f3jimo.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas nos espera. Su amor por nosotros va m\u00e1s all\u00e1 de las reglas, los preceptos y los convenios establecidos por la autoridad de los hombres. Su amor nos redime, nos lleva a la vida eterna, a la gloria del Padre. Querer sanar significa querer vivir de otra manera, querer amar y abrirse a la transformaci\u00f3n que se da cuando vivimos centrados en Dios, llen\u00e1ndonos de su amor, dejando que act\u00fae en nuestras vidas y con fe plena sumergi\u00e9ndonos en la piscina de sus aguas sagradas, en el bautismo que nos sella como sus hijos y nos une al cuerpo de su Hijo Jesucristo.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-9d2a9aa6-9c5d-4913-b090-516690ae9a57\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Sermon-Pascua-6-Spanish.docx\">Word \u2013 Pascua 6 (C)<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Sermon-Pascua-6-Spanish.docx\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-9d2a9aa6-9c5d-4913-b090-516690ae9a57\">Download<\/a><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-b0425c1d-79a5-4a02-b66b-8107cffa0165\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Sermon-Pascua-6-Spanish.pdf\">PDF \u2013 Pascua 6 (C)<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Sermon-Pascua-6-Spanish.pdf\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-b0425c1d-79a5-4a02-b66b-8107cffa0165\">Download<\/a><\/div>\n","protected":false},"featured_media":0,"template":"","meta":{"_acf_changed":true,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[1027,1019],"class_list":["post-332795","sermon","type-sermon","status-publish","hentry","category-pascua-6c","category-pascua-c"],"acf":{"drupal_id":"","lectionary_id":false,"sermon_date":"2025-05-25","sermon_other_translation":false,"sermon_language":"","author_id":169008},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Pascua 6 (C) \u2013 2025 &#8211; The Episcopal Church<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/pascua-6-c-25-de-mayo-de-2025\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Pascua 6 (C) \u2013 2025\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"LCR: Hechos 16:9\u201315; Salmo 67; Revelaci\u00f3n 21:10, 22\u201322:5; San Juan 14:23\u201329 o 5:1\u20139. 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