{"id":336204,"date":"2025-08-06T13:02:37","date_gmt":"2025-08-06T17:02:37","guid":{"rendered":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?post_type=sermon&#038;p=336204"},"modified":"2025-11-25T13:25:50","modified_gmt":"2025-11-25T18:25:50","slug":"pentecostes-11-c-24-de-agosto-de-2025","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/pentecostes-11-c-24-de-agosto-de-2025\/","title":{"rendered":"Propio 16 (C) \u2013 2025"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/lectionary\/propio-16c\/\">LCR: Isa\u00edas 58:9b\u201314; Salmo 103:1\u20138; Hebreos 12:18\u201329; San Lucas 13:10\u201317.<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignright size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Pr16-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-1024x576.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-336206\" style=\"width:512px\" srcset=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Pr16-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-1024x576.png 1024w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Pr16-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-300x169.png 300w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Pr16-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-768x432.png 768w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Pr16-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-1536x864.png 1536w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Pr16-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-480x270.png 480w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Pr16-2025-Sermon-Graphic-FB-SP.png 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Los cambios dr\u00e1sticos que se han dado a lo largo de la historia nos pueden llevar a pensar que hay mundos que se han acabado, algunos que se van acabando y otros que est\u00e1n naciendo. Dentro de los que se han acabado, por ejemplo, est\u00e1n los que llamamos el mundo primitivo, la edad media, la era industrial, la edad modernidad, entre otros. Hoy se dice que estamos viviendo la era o mundo de la postmodernidad. El mundo que nos presenta Lucas, en el evangelio de este domingo, es el iniciado por Jes\u00fas, el mundo gobernado por su amor y misericordia, en el cual hombres y mujeres tienen igual participaci\u00f3n en la vida pol\u00edtica, social y religiosa. El mundo de Jes\u00fas es el mismo creado por Dios donde el hombre y la mujer, hechos a su imagen y semejanza, gozan de la misma dignidad y libertad.<\/p>\n\n\n\n<p>Se nos cuenta que Jes\u00fas, como era su costumbre, fue un s\u00e1bado a participar en el culto en una sinagoga. Seg\u00fan la tradici\u00f3n del pueblo de Israel este d\u00eda de descanso deb\u00eda guardarse siguiendo a pie de letra lo que indicaban las leyes.&nbsp;Al llegar all\u00ed, Jes\u00fas se encuentra con una mujer que por dieciocho a\u00f1os hab\u00eda padecido de una enfermedad que le imped\u00eda enderezarse. Entonces Jes\u00fas se dirige a ella y le dice: \u201cMujer, ya est\u00e1s libre de tu enfermedad\u201d, y le impone las manos para que quede sana. Esta mujer encorvada representa a cualquier mujer -de ah\u00ed que no se conoce su nombre-, y es un s\u00edmbolo de la incapacidad que tiene esa mujer, u otra de esa \u00e9poca, para llevar una vida en sociedad con dignidad de hija y heredera del reino de Dios. Su encorvamiento -postura no recta- significa que se encuentra en desigualdad frente al hombre, los dieciocho a\u00f1os significan un largo tiempo o que su estado de encorvamiento es permanente o su recuperaci\u00f3n un imposible. Pero Jes\u00fas, que est\u00e1 en favor del d\u00e9bil, del pobre, del necesitado, del oprimido, y que ha venido a liberar a los cautivos, act\u00faa en su favor para sanarla y devolverle su libertad y dignidad. Aqu\u00ed vemos como Jes\u00fas inicia con ella -y en toda mujer-, un proceso de emancipaci\u00f3n, que es caracter\u00edstico de su mundo, de su reino.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta mujer del evangelio acude a la sinagoga porque para una hija de Abrah\u00e1n, es en la sinagoga, el tempo, donde debe iniciar la obra de liberaci\u00f3n y devoluci\u00f3n de su dignidad. Sin embargo, Jes\u00fas tambi\u00e9n encuentra que, en el centro de la comunidad, en la sinagoga, en el lugar de liberaci\u00f3n, hay resistencia al cambio y afirmaci\u00f3n de la diferencia\/enfermedad de esta mujer; tal es la actitud del jefe de la sinagoga que, opuesto al pueblo y a la acci\u00f3n de Jes\u00fas, se enoja y discute con \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Sabemos que no s\u00f3lo han pasado a\u00f1os, sino siglos desde que Jes\u00fas realiz\u00f3 esta acci\u00f3n liberadora, sin embargo, este proceso de liberaci\u00f3n de la mujer ha sido largo, dif\u00edcil y a\u00fan no logrado totalmente. Deb\u00eda pasar mucho tiempo para que la sociedad llegara a entender y a aceptar que no s\u00f3lo esa mujer, sino que toda mujer debe gozar de plena libertad. Que tanto la mujer como el hombre gozan del valor de la libertad que su dignidad les da. Gracias a la acci\u00f3n de Dios hoy la mujer del siglo veintiuno es una mujer que compite a la par con el hombre, la vemos ejerciendo ejemplarmente altos roles sociales, pol\u00edticos y, por supuesto, eclesiales. Este cambio se ha dado gracias al valor, a la lucha, al sacrificio, y a la perseverancia de la mujer y de todos aquellos que favorecen su causa. Reconocemos que todav\u00eda quedan pasos grandes y fundamentales por dar para que ella conquiste su igualdad total a todo nivel incluidos los n\u00facleos eclesiales de algunas religiones de nuestro tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro mundo que ha terminado es aquel que considera el d\u00eda del Se\u00f1or &#8211; el domingo en nuestra fe- como un d\u00eda s\u00f3lo reservado para la iglesia, el culto y nada m\u00e1s. Hoy bien sabemos que este d\u00eda es el d\u00eda primordial de la misericordia, la redenci\u00f3n, la caridad y las buenas obras. Hoy vemos a muchas personas que luego de la participaci\u00f3n en la Eucarist\u00eda dominical ocupan parte de su tiempo para visitar a un enfermo, llevarle comuni\u00f3n a su casa o al hospital, hacer una visita a un preso o colaborar en una cafeter\u00eda que da comida a las personas de la calle. A diferencia de aquella prescripci\u00f3n antigua del d\u00eda s\u00e1bado, nuestro d\u00eda del Se\u00f1or no es un d\u00eda pasivo y de descanso, sino un d\u00eda de la acci\u00f3n salvadora de Jes\u00fas, en el cual predominantemente se alaba a Dios en la liturgia celebrada y se le adora en el servicio que se le da al pobre, al enfermo y al m\u00e1s necesitado; hoy el domingo es el d\u00eda de la misericordia de Dios reflejada en la acci\u00f3n de sus fieles.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Qu\u00e9 mejor d\u00eda de la semana para ser redimidos, sanados y renovados, no s\u00f3lo para Dios, sino para la vida familiar, social y eclesial! \u00c9ste es el efecto de la acci\u00f3n liberadora de Jes\u00fas, que da sentido y plenitud a cada d\u00eda que vivimos y renueva el sentido total del d\u00eda del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, el d\u00eda del Se\u00f1or, el domingo, tambi\u00e9n se ve amenazado por el mundo del activismo secular al convertirlo en el d\u00eda de compras, del parque, del paseo, la televisi\u00f3n y la diversi\u00f3n, olvidando su origen y sentido, su conexi\u00f3n con el Dios que rompi\u00f3 su tumba al tercer d\u00eda y que ahora quiere actuar para derribar en nosotros nuestras propias tumbas en las que nos encontramos asfixiados y alejados de la vida real y verdadera que s\u00f3lo \u00e9l nos puede dar.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay mundos que nacen, mundos que crecen entre nosotros y mundos que tambi\u00e9n deber\u00edan acabarse y por lo cual oramos, pero esos mundos no se acaban sin la participaci\u00f3n de personas de fe, sembradores de esperanza. Dios nos pide nuestra participaci\u00f3n y nos invita a ser agentes de cambio. \u00c9l renueva en nosotros hoy, en este d\u00eda consagrado a \u00e9l, su presencia y nuestro rol prof\u00e9tico para que junto a \u00e9l trabajemos por la transformaci\u00f3n de esos mundos o submundos de pecado y de muerte, en mundos de gracia y plenitud de vida.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-06758d46-9a51-40ef-bfd8-49ea22cb454e\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Sermon-Propio-16-Spanish.docx\">Word \u2013 Propio 16 (C)<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Sermon-Propio-16-Spanish.docx\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-06758d46-9a51-40ef-bfd8-49ea22cb454e\">Download<\/a><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-7fe6e78d-93f0-40bf-94de-d056922f89ad\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Sermon-Propio-16-Spanish.pdf\">PDF \u2013 Propio 16 (C)<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Sermon-Propio-16-Spanish.pdf\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-7fe6e78d-93f0-40bf-94de-d056922f89ad\">Download<\/a><\/div>\n","protected":false},"featured_media":0,"template":"","meta":{"_acf_changed":true,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[1029,1047],"class_list":["post-336204","sermon","type-sermon","status-publish","hentry","category-pentecostes-c","category-propio-16c"],"acf":{"drupal_id":"","lectionary_id":false,"sermon_date":"2025-08-24","sermon_other_translation":false,"sermon_language":"","author_id":168893},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Propio 16 (C) \u2013 2025 &#8211; The Episcopal Church<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/pentecostes-11-c-24-de-agosto-de-2025\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Propio 16 (C) \u2013 2025\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"LCR: Isa\u00edas 58:9b\u201314; Salmo 103:1\u20138; Hebreos 12:18\u201329; San Lucas 13:10\u201317. 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