{"id":339192,"date":"2025-10-15T10:48:05","date_gmt":"2025-10-15T14:48:05","guid":{"rendered":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?post_type=sermon&#038;p=339192"},"modified":"2025-11-25T13:43:45","modified_gmt":"2025-11-25T18:43:45","slug":"pentecostes-22-c-9-de-noviembre-de-2025","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/pentecostes-22-c-9-de-noviembre-de-2025\/","title":{"rendered":"Propio 27 (C) \u2013 2025"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/lectionary\/propio-27c\/\">LCR: Job 19:23\u201327a; Salmo 17:1\u20139 2; Tesalonicenses 2:1\u20135, 13\u201317; San Lucas 20:27\u201338.<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignright size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Pr27-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-1024x576.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-339197\" style=\"width:512px\" srcset=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Pr27-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-1024x576.png 1024w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Pr27-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-300x169.png 300w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Pr27-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-768x432.png 768w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Pr27-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-1536x864.png 1536w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Pr27-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-480x270.png 480w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Pr27-2025-Sermon-Graphic-FB-SP.png 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Hace una semana est\u00e1bamos celebrando el d\u00eda de los fieles difuntos. Hemos orado, pronunciado sus nombres, prendido velas, recordando sus vidas, historias, pensamientos, dichos y seguramente hasta sus chistes. Hemos derramado l\u00e1grimas para lavar nuestras almas y fortalecer nuestro esp\u00edritu. Los muertos nunca se van de nuestras vidas, siempre vuelven a nuestros recuerdos y a lo m\u00e1s profundo de nuestro coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El pueblo mexicano es ejemplar en la manera que celebran la muerte de sus seres queridos. Ellos han enriquecido el d\u00eda de todos los difuntos con colores, comidas, m\u00fasica, visita a los cementerios, procesiones, vestuarios y tanto arte maravilloso que nos lleva a pensar que los muertos siguen viviendo y que la muerte tiene vida, sonr\u00ede, danza y nos transciende a otro mundo lleno de misterio y maravilla. Sus celebraciones nos hacen pensar que las personas muertas no se van, sino que siguen regresando a tomar agua, a probar sus comidas favoritas, a visitarnos para traernos alegr\u00eda y consuelo. Gracias a estas celebraciones, aprendemos a ver la muerte y la vida de otra manera. Dolorosa y real es la muerte, pero la fe nos da un futuro de esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p>La muerte es una realidad inexcusable. Cuando nos llega la hora de irnos, nos lleva sin pedirnos permiso ni preguntarnos si estamos listos para el viaje. Y llega repentinamente, a trav\u00e9s de una enfermedad, o un accidente, o la violencia de nuestras calles. Siempre tiene una excusa para llevarnos, y nos lleva cuando llega nuestra hora.<\/p>\n\n\n\n<p>Lamentablemente muchos siguen viendo la muerte como el final de nuestra vida. Muchos hablan y afirman que despu\u00e9s de la muerte no hay nada m\u00e1s, que el final de esta vida es tumba, tragedia, llanto, luto, soledad, gusanos, fuego, oscuridad y silencio misterioso e infinito. Mas no para Jes\u00fas. \u00c9l nos dio el mayor regalo de la vida: la resurrecci\u00f3n. En sus ense\u00f1anzas nos dej\u00f3 como legado una hermosa perspectiva de la vida, una herencia particular y propia del cristianismo que no deber\u00edamos ignorar ni olvidar.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que hemos le\u00eddo hoy, en el evangelio, es parte de las ense\u00f1anzas de Jes\u00fas sobre este tema. El Se\u00f1or nos afirma que s\u00ed hay vida, que hay resurrecci\u00f3n, que la vida contin\u00faa en la presencia de Dios. Y nos dice tambi\u00e9n que la vida despu\u00e9s de la muerte es diferente, nada semejante a como es en este mundo. No se puede medir la vida despu\u00e9s de la muerte, con la misma medida que usamos aqu\u00ed; de ah\u00ed que el caso que presentaron los saduceos a Jes\u00fas no tiene sentido en la vida futura.&nbsp; Jes\u00fas nos dice que la eternidad es vida nueva, diferente, total y abundante.<\/p>\n\n\n\n<p>Tristemente, muchas veces pensamos en Dios, o nos acercamos a \u00c9l, cuando estamos en situaciones de enfermedad, muerte o profunda necesidad. No deber\u00eda ser as\u00ed. Dios es el Dios de la vida y por eso deber\u00edamos vivir siempre en Dios, invitarlo a caminar diariamente por nuestros caminos polvorientos para vivir siempre con \u00c9l. \u00a1Qu\u00e9 afortunada y bendita es aquella persona que logra encontrar a Dios en todas las situaciones de la vida! en la sonrisa del ni\u00f1o, el cari\u00f1o del anciano, la amabilidad del sencillo, el compartir del pobre, en la generosidad sin l\u00edmites de los abuelos y las hermosas sorpresas inesperadas que nos dan nuestros amigos.<\/p>\n\n\n\n<p>Dios no est\u00e1 en la muerte sino en la vida; nuestro Dios es el Dios de la vida. De ah\u00ed la importancia que para nosotros tendr\u00eda el invocarlo siempre para que se haga presente y transforme la muerte en vida abundante. Esa transformaci\u00f3n es hecha solamente por Dios, el amante de la vida. Deber\u00edamos llenarnos del mismo anhelo de estar y ver a Dios con la fuerza y pasi\u00f3n que lo deseaba Job, quien dec\u00eda: \u201cYo s\u00e9 que mi defensor vive, y que \u00e9l ser\u00e1 mi abogado aqu\u00ed en la tierra. Y aunque la piel se me caiga a pedazos, yo, en persona, ver\u00e9 a Dios. Con mis propios ojos he de verlo, yo mismo y no un extra\u00f1o\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Como cristianos seguidores del Dios de la vida, revelado en Jes\u00fas, el primero en trascender la muerte, deber\u00edamos aceptar la invitaci\u00f3n que hoy nos hace San Pablo, en su carta a los Tesalonicenses, de no abandonar las ense\u00f1anzas de Jes\u00fas, sino mantenernos firmes en estas tradiciones que hemos recibido, ser constantes en la fe y prontos a hacer siempre el bien, mientras esperamos la vida en plenitud prometida por Cristo Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Gracias, Se\u00f1or, por el regalo de la vida! Para ti la gloria ahora y por siempre. Am\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-fda117be-5fd3-46e4-909f-71b60b5d9ba3\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Sermon-Propio-27-Spanish.docx\">Word \u2013 Propio 27 (C)<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Sermon-Propio-27-Spanish.docx\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-fda117be-5fd3-46e4-909f-71b60b5d9ba3\">Download<\/a><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-e0f56bd5-d0c7-495f-8c0c-abe688af1ab9\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Sermon-Propio-27-Spanish.pdf\">PDF \u2013 Propio 27 (C)<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Sermon-Propio-27-Spanish.pdf\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-e0f56bd5-d0c7-495f-8c0c-abe688af1ab9\">Download<\/a><\/div>\n","protected":false},"featured_media":0,"template":"","meta":{"_acf_changed":true,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[1029,1058],"class_list":["post-339192","sermon","type-sermon","status-publish","hentry","category-pentecostes-c","category-propio-27c"],"acf":{"drupal_id":"","lectionary_id":false,"sermon_date":"2025-11-09","sermon_other_translation":false,"sermon_language":"","author_id":168893},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Propio 27 (C) \u2013 2025 &#8211; The Episcopal Church<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/pentecostes-22-c-9-de-noviembre-de-2025\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Propio 27 (C) \u2013 2025\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"LCR: Job 19:23\u201327a; Salmo 17:1\u20139 2; Tesalonicenses 2:1\u20135, 13\u201317; San Lucas 20:27\u201338. 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