{"id":340711,"date":"2025-11-13T16:00:29","date_gmt":"2025-11-13T21:00:29","guid":{"rendered":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?post_type=sermon&#038;p=340711"},"modified":"2025-11-13T16:00:31","modified_gmt":"2025-11-13T21:00:31","slug":"adviento-3-a-14-de-diciembre-de-2025","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-3-a-14-de-diciembre-de-2025\/","title":{"rendered":"Adviento 3 (A) \u2013 14 de diciembre de 2025"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>LCR:\u00a0<a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/lectionary\/adviento-3a\/\">Isa\u00edas 35:1\u201310; Salmo 146:4\u20139;\u00a0Santiago 5:7\u201310\u00a0Mateo 11:2\u201311<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignright size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/A3-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-1024x576.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-340718\" style=\"width:512px\" srcset=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/A3-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-1024x576.png 1024w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/A3-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-300x169.png 300w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/A3-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-768x432.png 768w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/A3-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-1536x864.png 1536w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/A3-2025-Sermon-Graphic-FB-SP-480x270.png 480w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/A3-2025-Sermon-Graphic-FB-SP.png 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Antes de abordar los textos que acabamos de escuchar, vale la pena hacer una pausa y dar un paso atr\u00e1s, al cap\u00edtulo uno del evangelio de Lucas, donde se nos relata el encuentro especial entre Mar\u00eda e Isabel; Mar\u00eda embarazada de Jes\u00fas, Isabel de Juan el Bautista. En ese episodio \u00fanico, conocido como la Visitaci\u00f3n, se nos narra c\u00f3mo cuando Isabel oy\u00f3 el saludo de Mar\u00eda, la criatura salt\u00f3 de alegr\u00eda en su vientre y proclam\u00f3: \u201c\u00a1Dios te ha bendecido m\u00e1s que a todas las mujeres, y ha bendecido a tu hijo!\u201d. Juan, desde antes de nacer, reconoci\u00f3 la presencia de su Salvador; fue el primero en anunciar la llegada del Mes\u00edas esperado y el primero en reconocerle. Sabemos por el testimonio de los evangelios que, a lo largo de su vida, Juan fue fiel a su misi\u00f3n prof\u00e9tica; prepar\u00f3 el camino del Se\u00f1or, predic\u00f3 la conversi\u00f3n y anunci\u00f3 la llegada del Reino de Dios.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s adelante, esta vez en el evangelio de Mateo, se muestra un momento de profunda humanidad, cuando Juan, el mismo que tuvo claro desde antes de nacer la identidad de Jes\u00fas, ahora encarcelado por denunciar las injusticias del rey Herodes, env\u00eda mensajeros a preguntar: \u201c\u00bfEres t\u00fa el que ha de venir, o debemos esperar a otro?\u201d. Aquel profeta, firme y valiente, que hab\u00eda bautizado a Jes\u00fas en el Jord\u00e1n, que hab\u00eda o\u00eddo la voz del cielo decir: \u201cEste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia\u201d, ahora se ve asaltado por las dudas, dudas humanas, reales y concretas. La pregunta de Juan refleja una realidad con la que muchos pueden simpatizar: cuando la vida se vuelve dif\u00edcil, cuando las cosas no suceden como se espera, la fe puede tambalear. Juan hab\u00eda predicado a un Mes\u00edas poderoso, juez de justicia, que separar\u00eda el bien del mal con fuerza. Pero Jes\u00fas actuaba de manera distinta: en lugar de condenar, sanaba; en lugar de juzgar, perdonaba; en lugar de imponerse con poder, serv\u00eda con humildad. Por eso Juan se pregunta: \u00bfes \u00e9ste realmente el Mes\u00edas?<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, Juan siempre reconoci\u00f3 en Jes\u00fas, al mes\u00edas, al salvador; pero aqu\u00ed nos ense\u00f1a que conocer a Jes\u00fas es un proceso que no acaba. No podemos abarcar nunca la totalidad de Dios. Jes\u00fas no responde con una afirmaci\u00f3n directa: s\u00ed, lo soy; su respuesta es una invitaci\u00f3n a observar los signos del Reino: \u201cVayan y cu\u00e9ntenle a Juan lo que oyen y ven: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la buena noticia\u201d. Para Jes\u00fas la respuesta es clara: no son las palabras, sino con hechos los que hablan. Su identidad se revela en el amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese mensaje sigue siendo actual. Muchas veces los creyentes esperan un Cristo que resuelva los problemas de car\u00e1cter inmediato, que cambie las circunstancias dif\u00edciles o que imponga justicia de manera visible.&nbsp;&nbsp;Pero Jes\u00fas muestra un camino diferente: la transformaci\u00f3n del mundo comienza por la compasi\u00f3n, la misericordia y la sanaci\u00f3n del coraz\u00f3n humano. Juan, desde su vulnerabilidad, nos ense\u00f1a que incluso la fe m\u00e1s firme puede pasar por momentos de duda. Sin embargo, la duda no es el final del camino, sino parte del proceso de crecimiento espiritual. Preguntarse por Dios, por el sentido del sufrimiento, por la presencia del mal en el mundo, es tambi\u00e9n una forma de buscar la verdad. El Adviento, tiempo de espera y esperanza, es una oportunidad para traer esas preguntas ante el Se\u00f1or y dejar que \u00e9l mismo las ilumine.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas, en su respuesta a Juan, invita a mirar m\u00e1s all\u00e1 de las propias circunstancias. Cuando Juan est\u00e1 en prisi\u00f3n, sin libertad y vulnerado por la injusticia, Jes\u00fas le recuerda que el Reino de Dios ya est\u00e1 en acci\u00f3n. Los milagros, las curaciones y la buena noticia a los pobres eran se\u00f1ales de que el amor de Dios estaba transformando la realidad, incluso cuando no parec\u00eda evidente. Jes\u00fas no liber\u00f3 a Juan de su c\u00e1rcel, pero s\u00ed le mostr\u00f3 una libertad m\u00e1s profunda: la libertad interior que nace de confiar en el amor de Dios, aun en medio del dolor.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa misma libertad es la que el evangelio ofrece hoy a cada persona. La verdadera fe no consiste en que todo salga bien, sino en descubrir la presencia de Dios incluso cuando nada parece tener sentido. Cristo no siempre quita las cadenas externas, pero puede romper las cadenas del miedo, la desesperanza y el resentimiento. Esa es la libertad que cambia el coraz\u00f3n humano. El Adviento y las interrogantes de Juan nos recuerdan que descubrir qui\u00e9n es Jes\u00fas es una tarea que no termina nunca. Cada generaci\u00f3n, cada creyente est\u00e1 llamado a redescubrirlo. Jes\u00fas no deja de sorprender, no se ajusta a las expectativas humanas, sino que las transforma. Por eso el Adviento es un tiempo para mirar al mundo con nuevos ojos, para ver en los peque\u00f1os gestos de amor la presencia del Mes\u00edas que viene.<\/p>\n\n\n\n<p>Jes\u00fas y Juan dieron testimonio del amor de Dios con sus vidas. Juan prepar\u00f3 el camino con su palabra y su sacrificio, mientras que Jes\u00fas lo hizo con su entrega total, sirviendo, sanando y amando hasta la cruz. Hoy los disc\u00edpulos de Cristo est\u00e1n llamados a continuar ese testimonio. No se trata s\u00f3lo de hablar de la fe, sino de hacer visible el amor de Dios en las relaciones humanas, en la solidaridad con el necesitado, en la defensa de la vida, la justicia y la verdad. Cada creyente vive su propio Adviento y se hace sus propias preguntas desde su realidad m\u00e1s personal. Cada hijo de Dios busca algo nuevo, una palabra que d\u00e9 sentido, una esperanza que le devuelva la alegr\u00eda. En los pueblos, ciudades y barrios de cada continente, hay hombres y mujeres que buscan consuelo, justicia, perd\u00f3n o simplemente una raz\u00f3n para seguir adelante. El mensaje del Evangelio invita a cada creyente a ser signo de esperanza, a mostrar con obras la presencia de Cristo que libera y renueva. No tienen que ser obras tit\u00e1nicas, basta la autenticidad del coraz\u00f3n que se ofrece con lo que tiene.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando llegue Navidad, ya tan cerca, al cantar los himnos de alegr\u00eda y encender las luces del pesebre, ser\u00e1 importante recordar a quienes todav\u00eda viven en la oscuridad: los que est\u00e1n presos, f\u00edsica o espiritualmente; los que lloran la p\u00e9rdida de un ser querido; los que sufren rechazo o discriminaci\u00f3n; quienes enfrentan enfermedad o soledad. Mostrarles amor, escucharlos, acompa\u00f1arlos es tambi\u00e9n anunciar el nacimiento del Salvador. El Dios que vino al mundo, en la humildad de un pesebre, sigue viniendo hoy en el silencio del coraz\u00f3n humano que se abre a su presencia y al misterio. La fe cristiana no consiste en tener todas las respuestas, sino en reconocer las se\u00f1ales del amor de Dios que sigue actuando, como dijo Jes\u00fas: los ciegos ven, los cojos caminan, los pobres reciben esperanza. Con cada gesto de compasi\u00f3n hacemos visible la realidad del Dios de amor encarnado en Cristo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed como Juan el Bautista, cada uno est\u00e1 llamado a descubrir qui\u00e9n es Jes\u00fas, no s\u00f3lo con palabras, sino con experiencias de amor concretas y encarnadas, no perfectas. Quien lo descubre no puede callarlo. Anunciar a Cristo hoy significa ser testigos de un Dios que no se impone por la fuerza, sino que transforma el mundo con ternura. En ese testimonio el Adviento encuentra su sentido m\u00e1s profundo: preparar el coraz\u00f3n para recibir al Se\u00f1or que viene, a aquel que hace nuevas todas las cosas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>El Rvdo. Andreis Diaz<\/em><\/strong><em>&nbsp;es Vice Rector de Christ Church, Ponte Vedra Beach.&nbsp;<\/em><em>Di\u00f3cesis de la Florida.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-ba233ccf-5f47-454d-b800-6d624bae77bd\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Sermon-Adviento-3-Spanish.docx\">Word &#8211; Adviento 3A<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Sermon-Adviento-3-Spanish.docx\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-ba233ccf-5f47-454d-b800-6d624bae77bd\">Descargar<\/a><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-055ce719-7b1d-43c8-a9b3-5e7091e7669c\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Sermon-Adviento-3-Spanish.pdf\">PDF &#8211; Adviento 3A<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Sermon-Adviento-3-Spanish.pdf\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-055ce719-7b1d-43c8-a9b3-5e7091e7669c\">Descargar<\/a><\/div>\n","protected":false},"featured_media":0,"template":"","meta":{"_acf_changed":true,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[862,859],"class_list":["post-340711","sermon","type-sermon","status-publish","hentry","category-adviento-3a","category-adviento-a"],"acf":{"drupal_id":"","lectionary_id":false,"sermon_date":"2025-12-14","sermon_other_translation":false,"sermon_language":"","author_id":169087},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Adviento 3 (A) \u2013 14 de diciembre de 2025 &#8211; The Episcopal Church<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/adviento-3-a-14-de-diciembre-de-2025\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Adviento 3 (A) \u2013 14 de diciembre de 2025\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"LCR:\u00a0Isa\u00edas 35:1\u201310; Salmo 146:4\u20139;\u00a0Santiago 5:7\u201310\u00a0Mateo 11:2\u201311 Antes de abordar los textos que acabamos de escuchar, vale la pena hacer una pausa y dar un paso atr\u00e1s, al cap\u00edtulo uno del evangelio de Lucas, donde se nos relata el encuentro especial entre Mar\u00eda e Isabel; Mar\u00eda embarazada de Jes\u00fas, Isabel de Juan el Bautista. 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