{"id":344448,"date":"2026-02-26T10:36:38","date_gmt":"2026-02-26T15:36:38","guid":{"rendered":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?post_type=sermon&#038;p=344448"},"modified":"2026-02-26T10:36:40","modified_gmt":"2026-02-26T15:36:40","slug":"cuaresma-4-a-15-de-marzo-de-2026","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/cuaresma-4-a-15-de-marzo-de-2026\/","title":{"rendered":"Cuaresma 4 (A)\u00a0\u2013 15 de marzo de 2026"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>LCR:\u00a0<a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/lectionary\/cuaresma-4a\/\">1 Samuel 16:1\u201313; Salmo 23; Efesios 5:8\u201314; San Juan 9:1\u201341<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Hay algo profundamente humano en no querer admitir que no vemos bien. Y no se trata s\u00f3lo de la vista f\u00edsica. Hay otra clase de ceguera y es m\u00e1s dif\u00edcil de detectar: la del coraz\u00f3n, la del alma, la ceguera que nos hace pensar que vemos claramente cuando en realidad estamos caminando a tientas.<\/p>\n\n\n\n<p>En el Evangelio de Juan encontramos la historia de un hombre que naci\u00f3 ciego. Jes\u00fas lo ve antes de que el hombre lo vea a \u00c9l -Que Jes\u00fas nos vea es casi siempre una se\u00f1al de la gracia-. Luego que Jes\u00fas ve a este hombre, y antes de poder hacer nada, los disc\u00edpulos le preguntan: \u201cRab\u00ed, \u00bfqui\u00e9n pec\u00f3, \u00e9ste o sus padres, para que haya nacido ciego?\u201d. Los disc\u00edpulos quieren encontrar culpables, y es muy interesante porque nosotros tambi\u00e9n hacemos eso. Cuando algo sale mal buscamos responsables; cuando alguien sufre queremos una explicaci\u00f3n r\u00e1pida. Pero Jes\u00fas responde: \u201cNi \u00e9ste pec\u00f3 ni sus padres; naci\u00f3 as\u00ed para que las obras de Dios se manifiesten en \u00e9l\u201d. En otras palabras: dejen de buscar culpables y vean aqu\u00ed una oportunidad para que la gloria de Dios brille.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignright size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Cuaresma-4A-sermon-1024x576.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-344449\" style=\"width:512px\" srcset=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Cuaresma-4A-sermon-1024x576.png 1024w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Cuaresma-4A-sermon-300x169.png 300w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Cuaresma-4A-sermon-768x432.png 768w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Cuaresma-4A-sermon-1536x864.png 1536w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Cuaresma-4A-sermon-480x270.png 480w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Cuaresma-4A-sermon.png 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Jes\u00fas escupe en tierra, hace lodo, lo pone en los ojos del hombre y le dice que vaya a lavarse al estanque de Silo\u00e9. El hombre va, se lava y regresa viendo. Este hombre, que nunca hab\u00eda visto un amanecer, que no conoc\u00eda el rostro de su madre, que no sab\u00eda el color del cielo, de repente, ve. Pero lo m\u00e1s impresionante no es que ahora vea los \u00e1rboles, las calles y las personas, sino que empieza a ver qui\u00e9n es Jes\u00fas, porque ah\u00ed est\u00e1 el punto central de esta historia y el hilo conductor de hoy: el hombre que no pod\u00eda ver f\u00edsicamente se convierte en el \u00fanico que realmente ve espiritualmente. Mientras tanto, los fariseos -los expertos religiosos, los que \u201clo saben todo\u201d- se quedan ciegos.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre comienza diciendo: \u201cUn hombre llamado Jes\u00fas hizo lodo\u201d; luego dice: \u201cEs un profeta\u201d. Y, al final, cuando Jes\u00fas se revela, responde: \u201cCreo, Se\u00f1or\u201d. Su vista f\u00edsica fue restaurada en un instante, pero su visi\u00f3n espiritual fue creciendo paso a paso, y eso es hermoso. Muchos pensamos que la fe es algo que ocurre de golpe, pero a veces la fe es como el amanecer: primero una peque\u00f1a luz, luego m\u00e1s claridad, hasta que el sol est\u00e1 en lo alto.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora, contrastemos eso con los fariseos. Ellos interrogan al hombre, a sus padres, debaten entre ellos, analizan la ley, discuten sobre el s\u00e1bado. Pero no ven a Jes\u00fas, quien al final les dice algo contundente y claro: \u201cSi fueran ciegos, no tendr\u00edan pecado. Pero ahora que dicen: \u2018Vemos\u2019, su pecado permanece\u201d. \u00a1Qu\u00e9 palabra tan confrontadora! La verdadera ceguera no es la de no ver, sino la de pensar que ya lo vemos todo, y eso tambi\u00e9n nos puede pasar a nosotros. Cuando creemos que ya entendemos a Dios completamente, que ya sabemos c\u00f3mo debe actuar Jes\u00fas, que nuestra manera es la \u00fanica correcta, cuando cerramos el coraz\u00f3n a lo que Dios quiere hacer de manera inesperada. A veces nuestra mayor limitaci\u00f3n no es nuestra debilidad, sino nuestra seguridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay personas que despu\u00e9s de una crisis dicen: \u201cNunca hab\u00eda visto la vida de esta manera\u201d. Una enfermedad, una p\u00e9rdida, un fracaso, una migraci\u00f3n dif\u00edcil, un divorcio, una decepci\u00f3n. Momentos que parecen rompernos. Pero con el tiempo descubren que, en esa grieta, algo nuevo empez\u00f3 a brillar. Hay una frase que dice: \u201cLa grieta en nuestra visi\u00f3n es por donde entra la luz de Dios.\u201d El hombre ciego ten\u00eda una grieta enorme en su vida, desde su nacimiento; depend\u00eda de otros, viv\u00eda marginado, era objeto de preguntas teol\u00f3gicas, no de compasi\u00f3n. Pero fue precisamente esa grieta la que se convirti\u00f3 en el lugar donde la luz de Cristo entr\u00f3 con poder. Tal vez algunos sintamos que nuestra vida tiene grietas. Grietas en el matrimonio, en la salud, en la fe, en la relaci\u00f3n con los hijos, en la identidad. Vivimos en una cultura que nos dice que debemos proyectar \u00e9xito, seguridad, control, que no mostremos debilidad, que no admitamos dudas. Pero el Evangelio nos muestra otra cosa: que es en nuestra fragilidad donde Dios obra con m\u00e1s claridad.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre ciego no ten\u00eda una reputaci\u00f3n que defender, una posici\u00f3n religiosa por proteger, orgullo acad\u00e9mico que sostener. S\u00f3lo ten\u00eda una experiencia real con Jes\u00fas. Cuando lo presionan \u00e9l responde con una sencillez poderosa: \u201cUna cosa s\u00e9, que habiendo yo sido ciego, ahora veo\u201d. \u00a1Qu\u00e9 testimonio tan simple y profundo! No entra en debates complicados. No intenta ganar argumentos. S\u00f3lo comparte su experiencia. En nuestras comunidades hispanas a veces pensamos que necesitamos saber mucha teolog\u00eda para hablar de Dios, que debemos tener todas las respuestas, pero quiz\u00e1 lo m\u00e1s poderoso es decir: \u201cYo estaba perdido y ahora estoy encontrando camino\u201d, \u201cYo estaba en oscuridad y ahora veo un poco m\u00e1s claro\u201d, \u201cYo estaba lleno de miedo y ahora tengo esperanza\u201d. Eso nadie lo puede refutar.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo interesante es que mientras el hombre va viendo cada vez m\u00e1s claro, los fariseos se van cerrando cada vez m\u00e1s. Cuando alguien se aferra demasiado a su idea de c\u00f3mo debe ser Dios corre el riesgo de no reconocerlo cuando se presenta de manera diferente. Jes\u00fas no entr\u00f3 al templo con espect\u00e1culo. S\u00f3lo se inclin\u00f3 hasta el suelo, hizo lodo, toc\u00f3 la ceguera. Y lo sigue haciendo hoy. Sigue inclin\u00e1ndose hacia nuestras zonas oscuras, tocando nuestras heridas, envi\u00e1ndonos a lavarnos, a dar pasos de obediencia, aunque no entendamos todo. Y cuando regresamos algo cambia. Quiz\u00e1 no todo se resuelve de inmediato, pero empezamos a ver distinto; empezamos a ver que la persona que nos irrita tambi\u00e9n es amada por Dios, que nuestro sufrimiento no es castigo, sino lugar de encuentro, que Jes\u00fas no es una idea religiosa, sino una presencia viva.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre fue expulsado de la sinagoga por su testimonio y cuando queda fuera Jes\u00fas lo encuentra otra vez. Eso tambi\u00e9n es importante. Cuando dar testimonio nos cuesta, cuando por seguir a Cristo no encajamos del todo, cuando por elegir integridad perdemos aprobaci\u00f3n, Jes\u00fas nos busca. Y, como en la historia, el encuentro termina en adoraci\u00f3n. El hombre dice: \u201cCreo, Se\u00f1or\u201d y lo adora. La ceguera se convirti\u00f3 en adoraci\u00f3n, la grieta en gloria, la debilidad en testimonio. Tal vez hoy el mensaje es que no necesitamos fingir que vemos perfectamente, que debemos reconocer nuestras cegueras, pedirle a Jes\u00fas que toque nuestros ojos, permitir que su gracia sane nuestras grietas, aceptar que no lo sabemos todo, abrirnos a que \u00c9l nos sorprenda. Porque la verdadera luz no entra por las superficies pulidas, entra por las grietas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Si hoy sentimos que nuestra visi\u00f3n est\u00e1 rota, que la fe est\u00e1 fracturada, que el coraz\u00f3n tiene fisuras, no nos avergoncemos. Puede ser que, justamente ah\u00ed, est\u00e9 comenzando a brillar la gloria de Dios. Que hoy podamos decir con humildad y con gozo: \u201cSe\u00f1or, no veo todo claramente, pero veo lo suficiente para confiar en Ti\u201d. Eso es el inicio de una visi\u00f3n verdaderamente sanada.<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>El Rvdo. Andreis Diaz<\/em><\/strong><em>&nbsp;es Vice-Rector de Christ Church, Ponte Vedra Beach, Florida.&nbsp;&nbsp;Di\u00f3cesis de la Florida.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-6f2fc04c-4f35-481b-be16-176abb7c578a\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Cuaresma-4A-sermon.docx\">Word &#8211; Cuaresma 4A serm\u00f3n<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Cuaresma-4A-sermon.docx\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-6f2fc04c-4f35-481b-be16-176abb7c578a\">Descargar<\/a><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-59ebf929-1454-47f5-aebd-49ce431b2946\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Cuaresma-4A-sermon.pdf\">PDF &#8211; Cuaresma 4A serm\u00f3n<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Cuaresma-4A-sermon.pdf\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-59ebf929-1454-47f5-aebd-49ce431b2946\">Descargar<\/a><\/div>\n","protected":false},"featured_media":0,"template":"","meta":{"_acf_changed":true,"_uag_custom_page_level_css":"","_kad_blocks_custom_css":"","_kad_blocks_head_custom_js":"","_kad_blocks_body_custom_js":"","_kad_blocks_footer_custom_js":"","_kadence_starter_templates_imported_post":false,"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[894,854],"class_list":["post-344448","sermon","type-sermon","status-publish","hentry","category-cuaresma-4a","category-cuaresma-a"],"acf":{"drupal_id":"","lectionary_id":false,"sermon_date":"2026-03-15","sermon_other_translation":false,"sermon_language":"","author_id":169087},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v24.6 (Yoast SEO v26.3) - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Cuaresma 4 (A)\u00a0\u2013 15 de marzo de 2026 &#8211; The Episcopal Church<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermon\/cuaresma-4-a-15-de-marzo-de-2026\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Cuaresma 4 (A)\u00a0\u2013 15 de marzo de 2026\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"LCR:\u00a01 Samuel 16:1\u201313; Salmo 23; Efesios 5:8\u201314; San Juan 9:1\u201341 Hay algo profundamente humano en no querer admitir que no vemos bien. 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