{"id":3489988,"date":"2026-09-07T17:53:03","date_gmt":"2026-09-07T21:53:03","guid":{"rendered":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/?post_type=sermon&#038;p=3489988"},"modified":"2026-09-08T17:55:21","modified_gmt":"2026-09-08T21:55:21","slug":"propio-18-a-6-de-septiembre-de-2026","status":"publish","type":"sermon","link":"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/es\/sermons\/propio-18-a-6-de-septiembre-de-2026\/","title":{"rendered":"Propio 18 (A)\u00a0\u2013 6 de septiembre de 2026"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>LCR:<\/strong> <strong><a href=\"https:\/\/lectionary.episcopalchurch.org\/lectionary-post\/130?date=2026-09-06&amp;year=Year%20A%20%2F%20II\">Ezequiel 33:7\u201311; Salmo 119:33\u201340; Romanos 13:8\u201314; San Mateo 18:15\u201320<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No hay familia sin heridas, matrimonio sin desacuerdos, iglesia sin conflictos. El problema no es que existan diferencias, el problema es lo que hacemos con ellas. Todos hemos sido heridos por alguien y todos hemos herido a alguien, a veces incluso sin pretenderlo o saberlo. Jes\u00fas sabe que nuestras historias son complejas y nuestras relaciones imperfectas, por eso, en este pasaje de Mateo, se esfuerza en ense\u00f1arnos la importancia de redimir nuestras relaciones. La manera en que nos relacionamos unos con otros determina si hacemos visible la presencia de Cristo o la ocultamos, y por eso este texto cobra un car\u00e1cter urgente para nuestra fe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Evangelio de Mateo es probablemente el que m\u00e1s habla acerca del Reino de Dios: \u00abEl Reino de los cielos es semejante a un hombre que sembr\u00f3 buena semilla en su campo\u00bb, \u00abEl Reino de los cielos es semejante a una semilla de mostaza\u00bb, \u00abEl Reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo\u00bb, etc. Pero, a partir del cap\u00edtulo 16, el Evangelio de Mateo da un giro importante. En este punto Mateo narra lo que ocurre cuando Jes\u00fas, finalmente, ha emprendido su camino a Jerusal\u00e9n, destino final de su ministerio. Mientras se acerca el final su atenci\u00f3n se centra en los disc\u00edpulos y en el tipo de relaciones que est\u00e1n llamados a vivir; por eso Jes\u00fas les ofrece consejos muy pr\u00e1cticos sobre c\u00f3mo vivir y relacionarse entre ellos.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image alignright size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Propio-18A-sermon-1024x576.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-3489990\" style=\"width:512px;height:auto\" role=\"none\" srcset=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Propio-18A-sermon-1024x576.png 1024w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Propio-18A-sermon-300x169.png 300w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Propio-18A-sermon-768x432.png 768w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Propio-18A-sermon-1536x864.png 1536w, https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Propio-18A-sermon.png 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jes\u00fas dijo: \u00abSi tu hermano te hace algo malo, habla con \u00e9l a solas y hazle reconocer su falta. Si te hace caso, ya has ganado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a una o dos personas m\u00e1s, para que toda acusaci\u00f3n se base en el testimonio de dos o tres testigos\u00bb. Un buen terapeuta seguramente estar\u00eda de acuerdo con Jes\u00fas. Es un consejo muy sabio. Si tienes un problema con alguien, ve y habla con ese alguien. Pero no perdamos de vista que Jes\u00fas no est\u00e1 dando una f\u00f3rmula m\u00e1gica para arreglar todos nuestros desacuerdos, porque tal cosa no existe m\u00e1s all\u00e1 de la magia. S\u00f3lo el amor genuino encierra en s\u00ed mismo un poder que ninguna t\u00e9cnica puede resolver por completo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Acercarnos y hablar con aquel con quien tenemos un desacuerdo es lo m\u00e1s lleno de sentido que podamos pensar. Ahora bien, sabemos que as\u00ed no es como la mayor\u00eda de nosotros funciona. De hecho, muchas veces hacemos exactamente lo contrario: cuando tenemos un problema con alguien, vamos a hablar con otra persona acerca de ese alguien; sucede con mucha frecuencia en nuestras familias, trabajos y cultura. No es algo nuevo y tampoco es algo \u00fatil. Por eso, aunque las palabras de Jes\u00fas no constituyen una f\u00f3rmula de tres pasos porque cada relaci\u00f3n humana es tan \u00fanica como cada persona, s\u00ed ense\u00f1an c\u00f3mo vivir conforme a los principios del Reino. La madurez cristiana nos ense\u00f1a a sanar lo que se rompe. La Iglesia no se destruye necesariamente por los desacuerdos, se destruye cuando dejamos de hablarlos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Luego, Jes\u00fas dice algo muy profundo y sencillo, tan sencillo que podemos dejar de asombrarnos ante ello, pero que merece toda nuestra atenci\u00f3n: \u00abPorque donde dos o tres se re\u00fanen en mi nombre, all\u00ed estoy yo en medio de ellos\u00bb. Jes\u00fas no dice: Cuando hayan construido la catedral, o cuando hayan terminado el servicio, o cuando el sacerdote levante el pan, o cuando hayan cantado el primer himno. No. Jes\u00fas dice: \u00abPorque donde dos o tres se re\u00fanen en mi nombre, all\u00ed estoy yo en medio de ellos\u00bb. Antes de abrir la Biblia, del serm\u00f3n, de la Eucarist\u00eda, de cualquier rito, Cristo ya est\u00e1 presente aqu\u00ed, ahora, con nosotros, y eso cambia todo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante siglos hemos tratado de definir y encerrar la presencia de Dios en lugares, objetos, momentos sagrados o, incluso, dentro de los sacramentos, y en todos ellos \u00c9l puede estar presente, y amamos nuestros sacramentos, liturgia y templos, pero Jes\u00fas va siempre m\u00e1s lejos. Jes\u00fas pone su presencia en medio de una comunidad que aprende a amarse, escucharse y reconciliarse. La primera evidencia de la presencia de Cristo no es un edificio, un programa, ni siquiera un rito; la primera evidencia de la presencia de Cristo es una comunidad reconciliada. Y, si eso no fuera suficientemente sorprendente, todav\u00eda en este texto de Mateo encontramos vers\u00edculos igualmente poderosos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dos cap\u00edtulos antes, despu\u00e9s de la hermosa confesi\u00f3n de Pedro, Jes\u00fas le entreg\u00f3 las llaves del Reino y le dijo: \u00abTodo lo que ates en la tierra quedar\u00e1 atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedar\u00e1 desatado en el cielo\u00bb. Ahora Jes\u00fas ya no se dirige solamente a Pedro, sino a todos nosotros, a la comunidad, a ustedes. Y les dice: \u00abTodo lo que aten en la tierra quedar\u00e1 atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedar\u00e1 desatado en el cielo\u00bb. Dios ha puesto algo extraordinario en nuestras manos. Nos ha confiado el poder de atar y de desatar, y eso no es poca cosa. Podemos atar una familia con a\u00f1os de resentimiento, una amistad con el orgullo, una iglesia con el chisme y la divisi\u00f3n. Pero tambi\u00e9n podemos desatar, liberar, sanar, abrir puertas que parec\u00edan cerradas y que nadie m\u00e1s podr\u00eda abrir; podemos decir: Te perdono, perd\u00f3name. Podemos volver a empezar. Cuando hacemos eso, no estamos solos porque Cristo mismo est\u00e1 en medio de nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quiz\u00e1s ah\u00ed est\u00e1 el milagro m\u00e1s grande de este Evangelio: que la presencia de Cristo no se manifiesta solamente cuando levantamos nuestros ojos hacia el cielo, sino cuando nos volvemos unos hacia otros y nos miramos con amor. Porque donde dos o tres se re\u00fanen en su nombre, donde dos o tres se escuchan, donde dos o tres se perdonan, donde dos o tres se niegan a abandonar la relaci\u00f3n, donde dos o tres siguen am\u00e1ndose a pesar de las heridas, all\u00ed est\u00e1 Cristo. Y donde Cristo est\u00e1 presente, siempre hay esperanza, un nuevo comienzo. Siempre hay resurrecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quiz\u00e1 la pregunta que este Evangelio nos deja hoy no es cu\u00e1nto sabemos de Dios, ni siquiera cu\u00e1ntas veces venimos a la iglesia. La pregunta es m\u00e1s sencilla y exigente: \u00bfa qui\u00e9n necesita reconciliar nuestro coraz\u00f3n? Tal vez haya una llamada pendiente, una conversaci\u00f3n que hemos pospuesto durante demasiado tiempo, una palabra de perd\u00f3n que necesita ser pronunciada, una herida que hemos alimentado durante a\u00f1os y que el Se\u00f1or hoy nos invita a sanar. Porque la Iglesia existe para transparentar la presencia de Cristo en el mundo, para ser un signo visible de la presencia de Cristo en el mundo. Y esa presencia se hace visible, no cuando somos perfectos, sino cuando, aun siendo imperfectos, escogemos el camino del amor, de la verdad y de la reconciliaci\u00f3n. Cuando hacemos eso, el Evangelio deja de ser solamente algo que escuchamos y se convierte en algo que el mundo puede ver; se encarna en aquello que estamos llamados a ser: una Iglesia que peregrina y transforma vidas cuando dos o tres se re\u00fanen en su nombre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>El Rvdo. Andreis D\u00edaz<\/em><\/strong> <em>es Vice-Rector de Christ Church, Ponte Vedra Beach, Florida, Di\u00f3cesis de Florida.<\/em><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-ebd741b0-57a1-4444-903d-ecd95777a38e\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Propio-18A-sermon.docx\">Word &#8211; Propio 18A sermo\u0301n<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Propio-18A-sermon.docx\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-ebd741b0-57a1-4444-903d-ecd95777a38e\">Descargar<\/a><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-f0786066-9a73-4e81-b8b7-a3e6c998376e\" href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Propio-18A-sermon.pdf\">PDF &#8211; Propio 18A sermo\u0301n<\/a><a href=\"https:\/\/www.episcopalchurch.org\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Propio-18A-sermon.pdf\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-f0786066-9a73-4e81-b8b7-a3e6c998376e\">Descargar<\/a><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LCR: Ezequiel 33:7\u201311; Salmo 119:33\u201340; Romanos 13:8\u201314; San Mateo 18:15\u201320 No hay familia sin heridas, matrimonio sin desacuerdos, iglesia sin conflictos. 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