Asuntos de abogacía: El Medio Ambiente y la Mujer Indígena

Con la creciente presión de aliviar la dependencia de Estados Unidos del petróleo extranjero, el advenimiento de nuevos métodos, más peligrosos para el medio ambiente, de la extracción de petróleo y gas natural han comenzado a ocupar un lugar central en la frontera americana. En Occidente, las operaciones de fracturación hidráulica (fracking) se han convertido en el centro de una nueva “fiebre del oro” de este siglo, y los campamentos de jornaleros para explotar este oro líquido se han multiplicado a través de Dakota del Norte. Estos campamentos de petróleo son grandes, descritos por algunos como “ciudades emergentes”.  Los habitantes de los campamentos son transitorios, pasando de explotación petrolera a explotación petrolera, ganando un montón de dinero y disfrutando dondequiera que vayan. Desafortunadamente, las actividades recreativas escogidas por algunos de los trabajadores revelan los peligros reales de estos “campamentos de hombres”.

Desde el advenimiento de las operaciones de petróleo y los campamentos de hombres que las acompañan, los trabajadores médicos y la policía han informado de las asombrosas estadísticas sobre las crecientes cifras de infección por el VIH, la prostitución y las agresiones sexuales. Los pueblos de indios en las cercanías de estos campamentos de hombres han experimentado importantes tensiones en sus infraestructuras de aplicación de la ley, ya que el número de ciudadanos por oficial de policía se multiplica exponencialmente cuando un campamento de hombres se coloca en el área local. Debido a la prostitución y a otras actividades delictivas como el tráfico de drogas, muchos lugareños que viven cerca de estos campamentos de hombres ya no se sienten seguros de salir por la noche. El sitio web Respete la Tierra de Winona La Duke contiene una hoja informativa sobre los peligros de estos campamentos y estadísticas que apoyan la afirmación: “El Constante Informe de Crimen de Dakota del Norte muestra que el crimen violento ha aumentado un 7,2 por ciento, mientras que 243 violaciones denunciadas ocurrieron en el 2012, un aumento de las 207 en el 2011”. Otra estadística de Respete la Tierra indica el peligro a que se enfrentan las comunidades locales de estos campamentos de hombres y más específicamente los peligros para las mujeres nativas: “La Reserva de Fort Berthold, el hogar de las Tres Tribus Afiliadas de las naciones Mandan, Hidatsa y Arikara, está situada en el oeste de Dakota del Norte, y en los últimos años ha experimentado un nivel de aumento exponencial de violencia contra las mujeres indígenas”.

En enero del 2014 el Relator Especial de las Naciones Unidas, James Anaya, hizo mención especial de los peligros a que se enfrentan las mujeres indígenas por parte de estos campamentos de hombres: “… las mujeres indígenas han informado de que la afluencia de trabajadores en las comunidades indígenas, como resultado de los proyectos extractivos también condujo a un aumento de incidentes de acoso sexual y violencia, incluidos la violación y el asalto”. Junto con la ya asombrosa estadística de que las mujeres nativas americanas tienen 2½ veces más de probabilidades de ser víctimas de asalto sexual en su vida que otra raza o minoría, el desarrollo de estos campamentos de hombres, en la periferia de las reservas y territorios de los americanos nativos, solo sirve para poner en peligro aún más a una población ya vulnerable. Mientras que ciertos pueblos indígenas están en mayor riesgo de victimización que otras comunidades retiradas de las áreas del “boom petrolero”, el peligro en general, tanto para las mujeres indígenas como para la infraestructura de la policía tribal es aterrador. La amenaza global para las mujeres indígenas en Estados Unidos y Canadá ha estimulado a varios movimientos de todo el hemisferio occidental. Estos movimientos, tanto de base como políticos, tratan de crear conciencia de los peligros a que las mujeres indígenas se enfrentan a diario y de promover la aplicación de la ley y a los organismos gubernamentales para que participen activamente en la investigación de las más de mil desaparecidas mujeres nativas. En Canadá, los últimos informes de la Policía Montada del Canadá citan a más de 1.200 mujeres indígenas que han sido asesinadas o figuran como desaparecidas. Con estadísticas como estas, el desarrollo de más campamentos de hombres en América del Norte solo aumentará el peligro para los pueblos indígenas, en particular para las mujeres indígenas.

Si usted quiere saber lo que se siente en el país del petróleo, en y alrededor de la Reserva India de Fort Berthold, lo mejor es que lea el artículo de Grace Her Many Horses: “Relato de primera mano del campamento de hombres en Dakota del Norte de parte de la policía tribal local”. La ex jefe de policía de la tribu Rosebud Sioux comparte sus experiencias de trabajo en el país del petróleo y lo que otras le han dicho sobre agresiones sexuales a hombres y mujeres, así como a niños. Ella escribe sobre el tráfico sexual y la prostitución, citando cómo se acercó una furgoneta llena de mujeres y sin rodeos les dijo: “¿Sabéis por qué vamos allá arriba?”, como si fueran a asistir a un evento social muy agradable. También menciona el aumento en número de delincuencia, juego de apuestas y el uso ilegal de drogas.

También se podría hablar con cualquier persona que actualmente vive cerca o ha visitado la zona en el último año. Hable con un miembro de la tribu y pídale que comparta con usted cómo ha cambiado su país. En otro tiempo referido por muchos como el “País de Dios”, por sus hermosas colinas verdes y un hermoso paisaje, con gente caminando libremente por el bloque para tomar un refresco o reunirse con amigos para comer un bocado, ahora ha cambiado mucho. Los residentes antes podían caminar sin tener que preocuparse acerca de si o no un trabajador de campamento de petróleo les observaba a distancia. En el pasado, los residentes no se preocupaban de trancar la puerta si salían de casa brevemente. Ahora, uno verá carreteras destrozadas, posiblemente suciedad, donde antes había carreteras bien pavimentadas. Las torres de perforación de petróleo no conocen fronteras, con algunas tan cerca de las carreteras frecuentemente transitadas que casi se puede alcanzar y tocar su estructura cuando se camina por allí.

A la mayoría de las personas se les aconseja que tengan cuidado. A las mujeres se les ha advertido que no salgan solas después de cierta hora. A los padres se les informa de que cuiden de sus hijos, para no permitir que los niños corran libremente por temor de que sean arrebatados y arrojados a una red de prostitución o se conviertan en víctimas de la trata en otros lugares. Grace Herrr Many Horses explica cómo el tener a sus propias hijas con ella le ha envejecido tanto y con qué frecuencia se ha preocupado por su seguridad. No es un lugar para niños o mujeres.

Entre los relatos de primera mano y los informes de noticias, es imposible ignorar los peligros a que se enfrentan el medio ambiente y las comunidades indígenas en la primera línea de estas operaciones de “fracking”. Es una comunidad fuerte, que se aferra a sus tradiciones y a la lengua y enseñanza de la juventud, para no perder el sentido de sí mismos. Se llevan a cabo celebraciones, homenajes, “powwows” y fiestas, para fortalecer el sentido de comunidad, para enfatizar que nada puede derribar y destruir al pueblo. No hay respuestas fáciles a las preguntas que atormentan a nuestra sociedad, preguntas sobre la sostenibilidad ambiental y la dependencia del petróleo extranjero. Más allá de las soluciones fáciles con su incluida destrucción, los peligros a que las comunidades indígenas y las personas se enfrentan son inquietantes y destructivos. Antes de que nuestras irreflexivas decisiones dejen efectos permanentes, consideremos el impacto sobre los pueblos indígenas y las generaciones futuras.

Perspectives shared on this blog are from the personal experience of Indigenous Peoples in an effort to raise awareness. 

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