La nación despide a George H. W. Bush en la Catedral nacional de Washington

December 7, 2018

El Obispo primado Michael Curry, al centro; el deán de la Catedral Nacional de Washington Randy Hollerith, a la izquierda; y el Rdo. Russell Levenson Jr., rector de la congregación de Houston a que pertenecía George H. W. Bush pronuncian la comendatoria al final del oficio fúnebre de Bush el 5 de diciembre. La Rda. Rosemarie Logan Duncan, canóniga de la catedral para el culto, de pie a la derecha, sostiene el báculo de la obispa de Washington Mariann Budde, que no se distingue entre Hollerith y Curry. El Rdo. Charles Robertson, canónigo del Obispo Primado para el Ministerio fuera de la Iglesia Episcopal, de pie entre Curry y Levenson, sostiene el báculo primacial del Obispo Primado. Foto de Danielle E. Thomas/Catedral Nacional de Washington.

[Episcopal News Service] Combinando la precisión militar, la liturgia de la Iglesia Episcopal y las amables y por momentos cómicos recuerdos de sus familiares y amigos, Estados Unidos despidió formalmente al ex presidente George H. W. Bush.

“Cuando llega la muerte, como nos llega a todos, la vida cambia, no termina”, dijo el Rdo. Russell Levenson Jr., rector de la congregación a que Bush asistía en Houston, durante el sermón en su funeral de Estado. “La manera en que vivimos nuestras vidas, las decisiones que tomamos, el servicio que prestamos importan. Les importan a nuestros semejantes, a este mundo que Dios nos ha dado y le importan a Dios. Pocas personas han entendido esto tan bien o han vivido sus vidas tan en consonancia con esto como el presidente George Herbert Walker Bush.

“Ahora bien, oigan lo que dije: vivido. No lo ganó ni se esforzó para lograrlo. Fue algo tan natural para él como respirar para cada uno de nosotros”.

Recordando el frecuente comentario que le hacía Barbara Bush de “buen sermón, demasiado largo”, Levenson predicó por poco más de 12 minutos durante el oficio en la Catedral Nacional de Washington, el cual duró cerca de dos horas y media.

El oficio, que puede verse aquí, contó con un aforo de casi 3.000 personas por exclusiva invitación, entre ellos los miembros de la familia, los cinco presidentes de EE.UU. que viven, senadores, representantes, magistrados del Tribunal Supremo, funcionarios del gobierno de Trump y dignatarios extranjeros, entre ellos la canciller alemana Angela Merkel y el príncipe Carlos de Gran Bretaña.


El féretro del presidente George H. W. Bush se levanta en el crucero de la Catedral Nacional de Washington durante su oficio fúnebre del 5 de diciembre. Foto del Distrito Militar de Washington del Ejército de EE.UU.

Fue el cuarto funeral presidencial celebrado en la catedral. Los tres anteriores funerales de Estado en la catedral fueron los del presidente Dwight Eisenhower en 1969, el del presidente Ronald Reagan en 2004 y el del presidente Gerald Ford en 2007. Bush hizo panegíricos en los funerales de Reagan y de Ford en la catedral. El presiente Woodrow Wilson está enterrado en la Catedral, pero su oficio de entierro en 1924 no fue un funeral de Estado.

El último funeral en la Catedral Nacional de Washington que se acercó a esa categoría fue el oficio por el senador John McCain el 1 de septiembre. Pero un funeral de Estado es un honor reservado a los presidentes, parte de la serie de tributos coordinados por el Distrito Militar de Washington del Ejército de EE.UU.

El ataúd de Bush llegó a la catedral en un coche fúnebre un momento antes de las 11:00 A.M., acompañado por la familia Bush. El obispo primado Michael Curry, la obispa de Washington Mariann Budde, el deán de la catedral Randy Hollerith y Levenson, de la iglesia episcopal de San Martín [St. Martin] en Houston, esperaban en las gradas de la catedral con la Rda. Rosemarie Logan Duncan, canóniga de la catedral para el culto.

Los portadores militares lenta y precisamente subieron las gradas con el ataúd hasta donde se encontraban Curry y Budde que recitaron las oraciones tradicionales de la “recepción del cuerpo”. “Con fe en Jesucristo, recibimos el cuerpo de nuestro hermano George para su entierro”, dijo Curry a la puerta.

La familia Bush fue escoltada al interior de la iglesia hasta la primera fila, el hijo del Presidente, el ex presidente George W. Bush, saludó al presidente Donald Trump y a los ex presidentes Barack Obama, Bill Clinton y Jimmy Carter, y a sus esposas, quienes se sentaron juntos en la primera fila del otro lado del pasillo de la familia Bush.

Luego, el bordón de la catedral comenzó a doblar 41 veces para marcar el número de Bush padre entre los presidentes de EE.UU., mientras los acólitos y el clero, entre ellos algunos de otras denominaciones, conducían lentamente a los portadores  que llevaban el ataúd por el largo pasillo central de la catedral. Hollerith y Levenson recitaron las antífonas del Rito de Entierro del Libro de Oración Común. El orden del rito se encuentra aquí.


Miembros de las fuerzas armadas de EE.UU. se alejan del crucero luego de haber llevado el ataúd del presidente George H. W. Bush al interior de la catedral. Foto de Danielle E. Thomas/Catedral Nacional de Washington.

Durante el oficio, cuatro panegiristas, George W. Bush, el ex primer ministro canadiense Brian Mulroney (cuyo período de gobierno coincidió con el Bush), el ex senador de EE.UU. Alan Simpson, de Wyoming, y el biógrafo de Bush Jon Meacham, recordaron al  viejo Bush.

Meacham comenzó los tributos, diciéndole a la congregación que Bush fue “un hombre imperfecto” que “nos dejó una unión más perfecta”. Bush, dijo Meacham, sabía que la política no podía ser completamente pura si uno quería ganar, y uno tenía que ganar si quería dirigir.

Meacham afirmó que Bush creía que hubo una razón por la cual se había librado de la muerte en el curso de una incursión de bombardeo aéreo en el Pacífico durante la segunda guerra mundial, en la cual sus compañeros tripulantes murieron, y él pasó los próximos 74 años al servicio de esa creencia.

“Su corazón era firme. Su código de vida, como él decía, consistía en ‘Decir la verdad. No culpar a los demás. Hacer lo mejor que se pueda. Esforzarse. Perdonar. Mantener el rumbo’”, recordó Meacham. “Ese fue y es el más norteamericano de los credos”.

Meacham dijo que la frase de Bush de “Mil puntos de luz” de la que a veces se habían mofado y el llamado de Lincoln a los “mejores ángeles de nuestra naturaleza”son “versos compañeros en el himno nacional de Estados Unidos”.

Ambos presidentes, afirmó Meacham, llamaron a los estadounidenses a “a elegir lo justo sobre lo conveniente, la esperanza en lugar del temor y atender no a nuestros peores impulsos sino a nuestros mejores instintos”.

Mulroney, de pie en el podio muy cerca de Trump, encomió los empeños de Bush para preservar y fortalecer la Organización del Tratado del Atlántico Norte luego de la desintegración de la Unión Soviética y del Telón de Hierro. Él también elogió la labor de Bush para lograr el acuerdo del NAFTA original, que dijo que había sido “modernizado y mejorado por gobiernos recientes”. Trump ha sido crítico tanto de la NATO como del NAFTA y recientemente anunció que se retiraría de este último, en un esfuerzo, al parecer, de obligar al Congreso a aprobar una nueva versión del pacto comercial con Canadá y México.

“De aquí a 50 o a 100 años, cuando los historiadores revisen los logros y el contexto de todos los que han servido como presidentes, creo que se dirá que en la vida de este país, los Estados Unidos —que es, a mi juicio, la mayor república democrática que Dios jamás haya puesto sobre la faz de la tierra— creo que se dirá que ningún ocupante de la Oficina Oval fue más valiente, más centrado en principios y más honorable que George Herbert Walker Bush”, afirmó Mulroney.

Durante el panegírico campechano y humorístico de Simpson, él recordó un momento cuando dijo que había caído de la lista A de Washington a lo que él llamó la lista Z debido a sus opciones políticas. Bush lo invitó a él y a su esposa a pasar con ellos [los Bush] un fin de semana. Los cuatro tuvieron una despedida muy ostensible en la Casa Blanca. Simpson recordó que Bush le dijo que su equipo le había dicho que no cursara la invitación, pero que él no había atendido el consejo, citando que la amistad está por encima de la política.

Bush nunca odió a nadie, dijo Simpson, recordando que ambos hombres tuvieron  madres de carácter firme que les enseñaron que “el odio corroe al recipiente que lo contiene”.

Bush entendió las decisiones que los líderes tienen que tomar, dijo el ex senador. A Bush le presentaron una vez un proyecto de ley bipartidario sobre el proceso del presupuesto, la atención sanitaria, la solvencia de la Seguridad Social y otros asuntos políticos. Para financiar el proyecto de ley tendrían que aumentarse los impuestos y eso exigiría que el Presidente fuera en contra de su conocida promesa de: “Escúchenme bien: no habrá nuevos impuestos”. El proyecto de ley fue aprobado en el Senado, pero los compañeros republicanos de Bush lo derrotaron en la Cámara de Representantes y, Simpson sugirió, su disposición a quebrantar su promesa de no aumentar los impuestos en pro de este proyecto de ley fue responsable de que no resultara reelecto.

Simpson afirmó que Bush le dijo que cuando se enfrentaba con opciones difíciles, él elegía “el país por el que había combatido”  en lugar de optar por su partido o su legado.

“A los que viajan por la calzada de la humildad en Washington, D.C.,  no les preocupa la intensidad del tránsito”.

En su encomio, George W. Bush dijo que se padre estuvo a punto de morir de una infección de estafilococos en su adolescencia. Eso y su experiencia en la segunda guerra mundial “le hicieron disfrutar del don de la vida, y él se juró vivir todos los días a plenitud”, dijo el 43er. presidente de su padre, el 41ro.

“Hasta sus últimos días, la vida de Papá fue instructiva”, dijo Bush. “En la medida en que envejecía, él nos enseñaba a madurar con dignidad, con humor y bondad, y cuando el buen Señor finalmente lo llamó, a encontrarse con él con valor y con el gozo de la promesa del porvenir”.

Bush dijo que su padre “nos enseñó que el servicio público es noble y necesario, que uno puede servir con integridad y siendo fiel a los valores importantes, como la fe y la familia.

“Él creyó firmemente que era importante retribuir a la comunidad y al país en el que uno vivía. Reconoció que servir a otros enriquecía el alma del dador”.

Bush añadió que él supo años después como la fe de sus padres les había sostenido cuando su hermana, Robin, estaba muriéndose de leucemia a los tres años. “Papá siempre creyó que un día él abrazaría a su adorada Robin otra vez”.

Bush comenzó a llorar al finalizar su reflexión, diciendo: “Y en nuestra aflicción, sonriamos, sabiendo que Papá está abrazando a Robin y sosteniendo de nuevo la mano de Mamá”.

Durante su sermón, Levenson dijo que la vida de Bush mostraba que “la fe significa algo más que palabras”, añadiendo que la fe de Bush era “una fe profunda, una fe generosa y una fe sencilla en el mejor sentido de la palabra.

Él conoció y vivió los dos grandes mandamientos de Jesús, amar a Dios y amar a tu prójimo”, afirmó Levenson. “El Presidente no sólo sirvió a algunos, sino a todos los que Dios puso en su camino”.

El día en que Bush murió a los 94, Levenson dijo que James Baker,  el amigo del Presidente, estuvo junto a la cama de Bush, frotándole los pies durante unos 30 minutos, y haciéndole sonreír. Levenson dijo que él había percibido [en ese gesto] el sentido del servicio de Jesús, el Jueves Santo, cuando lavó los pies de sus amigos.

Luego, todos los que estaban con Bush se arrodillaron y pusieron sus manos sobre el Presidente y oraron “y luego hubo silencio por un buen rato mientras el hombre que cambio todas nuestras vidas, que cambió nuestra nación, que cambió nuestro mundo, partía de esta vida para la otra”, afirmó él.

“Fue un hermoso final; fue un hermoso comienzo”.

El funeral continúo luego con la estructura tradicional del Rito de Entierro y, luego que Curry, Budde, Hollerith y Levenson pronunciaron la comendatoria, volvió de nuevo la pompa militar. Los portadores  se acercaron al lugar y levantaron el ataúd de Bush mientras el órgano comenzó a tocar el himno “Hoy, por los santos que descansan ya”[For All the Saints]. Los nítidos sonidos de las voces de mando militares podían oírse por encima de la música mientras el clero acompañaba el ataúd hacia el exterior de la iglesia.


El obispo primado Michael Curry, visible en primer plano a la derecha de la bandera, y el Rdo. Russell Levenson Jr., rector de la congregación de Houston donde asistía el presidente George H. W. Bush, a la izquierda de la bandera, se encontraban entre los que condujeron el ataúd del presidente Bush hacia el exterior de la Catedral Nacional de Washington después del oficio de honras fúnebres del 5 de diciembre. Foto ENS, captura de pantalla.

Allí aguardaron junto al coche fúnebre estacionado frente a la catedral mientras montaban el ataúd para el viaje a la Base Conjunta Andrews donde el Avión Presidencial esperaba para llevar a la familia Bush de regreso a Houston. El cadáver del ex presidente reposará en la iglesia episcopal de San Martín hasta las 6 A.M. del 6 de diciembre, donde se celebrará otro oficio conmemorativo más adelante esa mañana.

Después, el cadáver de Bush será llevado por tren hasta College Station, Texas, donde, en una comitiva de vehículos, será conducido hasta la Biblioteca Presidencial George H. W. Bush [situada en esa ciudad universitaria] donde será enterrado junto a su esposa, que falleció en abril, y a Robin, la hija de ambos.

– La Rda.. Mary Frances Schjonberg es redactora principal y reportera de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.

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