Estudio Bíblico: Propio 28 (C) - 2016

November 13, 2016

Isaías 65:17-25

En este pasaje, encontramos al profeta Isaías hablándole al pueblo judío que ha regresado de su exilio en Babilonia. Pese al hecho de que no ya no está exiliado, el público de Isaías era particularmente pudiente. En lugar de regresar a la deslumbrante ciudad que fuera profetizada a través de las Escrituras hebreas, el pueblo judío de las generaciones que siguieron al exilio no se había recuperado aún y vivía en una Jerusalén deteriorada y derruida, una Jerusalén que distaba de lo que ellos esperaban.

Sin embargo, el profeta Isaías tiene un mensaje de esperanza para los judíos del postexilio, un mensaje que puede ofrecernos esperanza a nosotros también. Oímos el mensaje de que el Señor Dios “creará nuevos cielos y nueva tierra (v. 17) y que “el lobo y el cordero pacerán juntos” (v. 25). Este mensaje es de restauración, de novedad y de coexistencia pacífica, pero es también una promesa radical de una creación enteramente nueva. El mismo Dios que creó el mundo y extrajo vida abundante de un vacío informe una vez más creará orden y belleza a partir del caos, la confusión y las tribulaciones.

  • ¿Qué clase de hábitos tienes en tu vida espiritual que te ayudan a sentirte revitalizado/a, restaurado/a y renovado/a?

Cántico 9 (Isaías 12)

En este cántico de alabanza, oímos una vez más la perspectiva de los judíos postexílicos que han atravesado tiempos de pruebas, que que han oído también la promesa de la restauración y aguardan este día de transformación futuro. Este texto es una visión de lo que el pueblo dirá a Dios en el día en que las promesas de Dios se cumplan.

El versículo “Sacaréis con gozo agua de las fuentes de la salvación” (v. 3) presenta una imagen particularmente notable. Aunque extraer agua puede ser un quehacer bastante ajeno a nosotros en el presente, habría sido una tarea muy familiar para el público original de Isaías.

Esta tarea de sacar agua, un cuenco o un balde a la vez, habría sido un trabajo tedioso e intensivo, pero totalmente necesario para vivir; hay que sacar agua para beber, para cocinar, para agricultura. Esta tarea era absolutamente esencial y, aunque tal vez difícil, tenía un resultado vivificador. Al igual que el deber de sacar agua, nuestras relaciones con dios pueden también ser de este modo. A pesar del esfuerzo y los conflictos, tenemos la esperanza y la promesa de vida y salvación eternas mediante una relación porque, tal como el profeta promete, es Dios quien nos salva.

  • ¿Cuáles son los retos en tu vida diaria que te dan la oportunidad de “sacar agua con gozo”? Es decir, ¿dónde en tu vida pueden tus conflictos y frustraciones conducirte a una relación más profunda y vivificadora con Dios?

2 Tesalonicenses 3:6-13

Es bastante fácil moralizar este pasaje y usarle para enjuiciar a otros, especialmente porque contiene frases como esta: “si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (v. 10). Sin embargo, esta pasaje también nos ofrece una oportunidad de reflexionar sobre lo que significa estar en comunidad, particularmente  considerar las dificultades y frustraciones de la vida en una comunidad cristiana.

¿Cómo, entonces, deben los cristianos tratarse mutuamente? Somos llamados por Dios a amar a nuestros prójimos como a nosotros mismos, pero, ¿qué significa eso? Para Pablo, comunicándose con los tesalonicenses, esto significa no estar ociosos. Cuando estamos ociosos, colocamos la carga sobre otras personas. Si no limpio lo que ensucio, alguien tendrá que hacerlo. Al escoger la inacción, estoy haciendo una elección para mí mismo, pero también una elección que va a recaer sobre aquellos afectados por mis acciones.

Pero la inacción también puede afectar nuestra relación con Dios. Cuando estamos inactivos, no le estamos dando lo mejor que tenemos a Dios, lo cual hace un flaco servicio tanto a Dios como a nosotros mismos. Si evadimos nuestro llamado como hijos de Dios, llamado a una relación amorosa. En lugar de inacción, debemos optar por estar activos en nuestras relaciones, con Dios y los que nos rodean, dando lo mejor de nosotros mismos a aquellos con quienes Dios nos llama a relacionarnos.

  • ¿Eres activo o inactivo en tu relación con Dios?
  • Si estas inactivo, ¿qué puedes hacer para estar más activo? Si eres activo en tu relación con Dios, ¿cómo sostienes esa relación?

Lucas 21:5-19

A través de los evangelios, somos testigos de que Jesús critica el templo y sus autoridades: este es el mismo templo que Jesús limpio y el mismo templo en el que Jesús denunció a los escribas. La corrupción de las autoridades del templo, aquellos que se suponen sean los líderes religiosos y sociales, están alejando al pueblo del culto correcto de Dios y [esa corrupción] debe ser destruida a fin de llevar a la gente a una relación correcta.

Según avanza este pasaje, Jesús advierte a sus seguidores de las dificultades que les esperan: arrestos, persecuciones y traición. En verdad eso no hace que la senda de los discípulos parezca atractiva. Sin embargo, tan arduo como pueda resultar este pasaje, termina con una promesa: “Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas” (v. 18-19).

En el tiempo en que se escribió el evangelio, el templo de Jerusalén ya había sido destruido y las palabras de Jesús se habían cumplido. Y si Jesús tuvo razón respecto al templo, ¿no podemos creer también su promesa de que, si lo seguimos, ni un cabello de nuestra cabeza perecerá? En presencia de la corrupción, Jesús es un nombre digno de confianza, y por seguirle, podemos descansar en la promesa de una nueva vida.

Añ igual que los escribas del templo en tiempos de Jesús, todos tenemos personas o influencias en nuestras vidas que pueden entorpecer nuestra relación con Dios.

  • ¿Quién o qué se interpone en el camino de tu relación con Dios?
  • En presencia de pruebas y dificultades, ¿cómo encuentras la promesa de Dios en tu vida?