Estudio Bíblico: Propio 19 (C) - 2016

Jeremías 4:11-12, 22-28; Salmo 14; 1 Timoteo 1:12-17; Lucas 15:1-10
September 11, 2016

Jeremías 4:11-12, 22-28

Las lecturas de esta semana incluyen duras palabras del profeta Jeremías: “son hábiles para hacer el mal, no hacen el bien”. Y la predicción de ominosas consecuencias, “el país estará de luto, y los altos cielos se oscurecerán…” La angustia del profeta Jeremías parece reflejar la angustia de Dios al presenciar las acciones de un pueblo que parece inclinarse a la autodestrucción.

Sería difícil pasar por alto el paralelo con el mundo actual al tiempo que padecemos las consecuencias de nuestras acciones relacionadas con la raza, el género, el medioambiente… ¡la lista podría ser bastante larga! En el contexto de las Escrituras hebreas, es Dios quien le impone la devastación al pueblo. En el mundo de hoy, nos damos cuenta de que las consecuencias que padecemos dependen de nuestras acciones colectivas como fallidos mayordomos de la creación de Dios, no provienen de un Dios vengativo.

¿Cómo reacciona usted a la dureza de Jeremías en estos pasajes? ¿Cómo le hacen sentir?

¿Cree que la profecía de Jeremías es inevitable? ¿Hay aún oportunidad de hacer las cosas bien?

Salmo 14

Como si Jeremías no fuera lo bastante sombrío, el Salmo 14 comienza con [estas palabras]: “Están corrompidos, sus obras son detestables; ¡no hay uno solo que haga lo bueno!”. Sin embargo, si lee con detenimiento notará que “el necio” dice estas cosas—es “el necio” quien niega la existencia de Dios y actúa en consecuencia. Y es Dios, a pesar de las acciones de los “infieles” —los “que hacen lo malo y devoran a mi pueblo como si fuera pan”— quien sigue siendo un firme refugio, el que está junto a los justos y a los oprimidos. De hecho, el salmista afirma que en sus mismos actos de opresión, el necio experimenta la locura de negar a Dios y el terror de las consecuencias de sus acciones. “Ahí los tienen sobrecogidos de miedo, pero Dios está con los que son justos”, El salmo concluye con una reafirmación del poder de Dios, un llamado a la liberación y una oración para que Dios restaure el destino del pueblo.

¿Son las conductas descritas en este salmo una descripción de comportamientos individuales o sociales?

Cuando el salmista pide a Dios que “restaure a su pueblo”, ¿cree que esta oración es para TODOS, o sólo para los que no niegan la existencia de Dios?

¿Cree que es posible que esa “necedad” termine algún día para todos o está en la naturaleza humana actuar de un modo que nos distancia de Dios?

1 Timoteo 1:12-17

En medio de la oscuridad de las lecturas de esta semana surge la luz de I de Timoteo proclamando que nuestro Dios es misericordioso, que pese a nuestra previa “necedad” o negación de Dios, Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores. El autor se pone a sí mismo como ejemplo del poder del amor y la gracia de Cristo para reformar y renovar el corazón y el alma de una persona.

¿Cómo ha experimentado la fortaleza y la renovación a través de Jesús?

¿de qué maneras puede usar su propia historia para compartir con otros el potente mensaje de renovación y esperanza?

Lucas 15:1-10

Lucas 15:1-10 incluye uno de los relatos más conocidos de Jesús, la parábola de la Oveja Perdida, que expresa el profundo regocijo que siente un pastor cuando localiza esa oveja que se ha descarriado. La parábola abunda en significados acerca de la importancia que Dios le da a acoger a los que han incurrido en la “necedad” que antes ha descrito el Salmo 14.

¿En que momento de su vida usted ha sido la oveja perdida? ¿Cómo su comunidad o su familia lo recibió de vuelta?

¿Cómo puede su comunidad orientarse hacia este ministerio de encontrar y acoger a los que no conocen a Dios o se han apartado de Dios?

Escrito por Wendy Johnson. Wendy es la Misionera Digital para la Formación de la Iglesia Episcopal. Antes ha sido directora de comunicaciones del Ministerio Episcopal de Migración y directora de comunicaciones de la Iglesia Episcopal en Minnesota. Ella ha servido como ministra de la juventud durante 16 años, trabajando en varias congregaciones a nivel nacional, regional y diocesano. Vive y trabaja en San Pablo, Minnesota.

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