Episcopal Church Presiding Bishop Katharine Jefferts Schori Christmas Message 2010

The people who walked in darkness have seen a great light – Isaiah 9:2

That”s how the first lesson of Christmas Eve opens. It”s familiar and comforting, as the familiar words go on to say that light has shined on those who live in deep darkness, that God has brought joy to people living under oppression, for a child has been borne to us. The name of that child is Wonderful Counselor, Mighty God, Everlasting Father, Prince of Peace – and God is bringing an endless peace through an heir to the throne of David (vv 3, 4, 6, 7). This year we”re going to hear a bit we haven”t heard in Episcopal churches before, in that missing verse 5. It”s pretty shocking, but it helps explain why the hunger for light is so intense, and the joy so great when it comes: “For all the boots of the tramping warriors and all the garments rolled in blood shall be burned as fuel for the fire.” The coming of this prince of peace will mean the end of all signs of war and violence. An occupied people will finally live in peace, without anxiety about who or what will confront them the next time they go out their front doors.

People in many parts of this world still live with the echo of tramping boots and the memory of bloody clothing. Many Episcopalians are living with that anxiety right now, particularly in Haiti and Sudan. Americans know it through the ongoing anxiety after September 11 and in the wounded soldiers returning to their families and communities, grievously changed by their experience of war. Remember the terror of war when you hear those words about light on Christmas Eve. Remember the hunger for peace and light when you hear the shocking promise that a poor child born in a stable will lead us all into a world without war. Remember the power of light when you go out into the darkness after hearing those words – and pray that you and those around you may become instruments of peace.

Glory to God in the highest heaven, and on earth peace among those whom he favors! – Luke 2:14

Mensaje de Navidad, 2010

December 13, 2010

La Rvdma. Katharine Jefferts Schori
Obispa Presidente y Primado
La Iglesia Episcopal

El pueblo que caminaba a oscuras vio una luz intensa, Isaías 9:2

Así empieza la primera lectura de la víspera de Navidad. Es conocida y reconfortante, y las conocidas palabras continúan diciendo, que los que vivían en profunda oscuridad se inundaron de una luz y que Dios ha traído alegría a un pueblo que vivía bajo la opresión, pues un niño ha nacido entre nosotros. El nombre de ese niño es Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de la Paz y Dios está trayendo una paz sin fin a través de un heredero al trono de David (vv. 3, 4, 6, 7). Este año vamos a oír algo que no hemos oído antes en las iglesias episcopales en el verso 5. Es bastante chocante, pero ayuda a explicar por qué el hambre de luz es tan intensa, y la alegría tan grande cuando llega: “Porque toda bota que taconea con estrépito y el manto revolcado en sangre serán para la quema, pasto del fuego”. La llegada de ese príncipe de la paz significa el final de todos los signos de guerra y de violencia. Un pueblo ocupado finalmente vivirá en paz, sin ansiedad acerca de qué o quién va a hacerles frente la próxima vez que salen por sus puertas delanteras.

La gente en muchas partes del mundo todavía vive bajo el eco de las botas taconeando estrepitosamente y la memoria de ropa ensangrentada. Muchos episcopales viven con ansiedad en este momento, especialmente en Haití y Sudán. Los norteamericanos lo saben por la ansiedad persistente después del 11 de septiembre y por los soldados heridos que regresan a sus familias y comunidades, gravemente cambiados por la experiencia de la guerra. Recuerde el terror de la guerra cuando oiga esas palabras sobre la luz la víspera de Navidad. Recuerde el hambre de paz y de luz cuando oiga la sorprendente promesa de que un niño pobre nacido en un establo nos conducirá a todos a un mundo sin guerra. Recuerde el poder de la luz cuando salga a la oscuridad después de oír esas palabras y rece para que usted y los que le rodean puedan llegar a ser instrumentos de paz.

Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quines él se complace Lucas 2:14.

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