Estudio Bíblico

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Estudio Bíblico: Cuaresma 3 (C) – 2016

February 28, 2016


Éxodo 3: 1-15

La mayoría de los cristianos viven sus vidas con el deseo de ofrecer servicio a los demás como una manera de servir en la misión de Dios en el mundo. Al mismo tiempo que, con frecuencia, nos encontramos psicológicamente desorientados o confundidos por no saber si somos la persona adecuada para la misión de Dios. Se da esta incertidumbre emocional a pesar de darnos cuenta de la llamada de Dios. En lugar de creer que somos capaces, a menudo, nos preguntamos sobre nuestras aptitudes para participar o si vamos a marcar una diferencia notable. Empezamos a preguntarnos: “¿Quién soy yo para que_______?” Podemos con seguridad asumir que cada uno de nosotros pueda llenar el espacio en blanco. La duda forma parte de la vida. Recordemos que todos somos hijos de Dios y, por lo tanto, debemos ser capaces de ver el rostro de Dios no solo en los demás, sino en nosotros mismos.

Cuando estudiaba educación urbana mis profesores nos recordaban que los estudiantes “son expertos en su propia experiencia”. Estas palabras de Lisa Delpit, manifiestan y dan forma a la manera en que enseño cada día. Más importante aún, las acepto en todos los aspectos de la vida. Todos somos expertos en nuestra propia experiencia, por lo tanto, aportamos nuestra humanidad a la misión de Dios y al servicio a los demás. Así que la próxima vez que usted escuche esa voz interior que le pide que diga o haga algo y otra diciendo que necesita un taller o un equipo que le apoye, recuerde que usted es un experto en su propia experiencia. Usted aporta una experiencia humana a una situación humana y si Dios es realmente la inspiración que anima esa acción, todo va a resultar bien. Dios dijo: “Yo estaré contigo; y esta es la señal de que yo te envío”. Recuerde que usted es suficiente. Y así como Dios dice en el pasaje: “Yo soy el que soy”. Usted también es el que es y de hecho es suficiente.

  • ¿Quién es usted ante los ojos de Dios?
  • ¿Cómo se presenta usted ante los demás?
  • ¿Cuáles son sus dones espirituales y son suficientes?
  • ¿Cómo le pide Dios que usted utilice sus dones?

Salmo 63: 1-8

¿Dónde está Dios en nuestras vidas? Tome un momento para pensar: ¿Cuándo se notan la presencia y la ausencia de Dios en nuestras vidas? En este salmo, el salmista está enamorado de Dios. Este es un poema de amor. El primer verso habla de cómo el cuerpo del escritor anhela físicamente a Dios, porque está reseco y muriendo sin Dios en su vida. Dios lo sostiene con amor y bondad y el escritor cree que esto es mejor que la vida misma. El escritor alabará a Dios, siempre y mientras viva, porque Dios llena [la vida] y está contento. Incluso cuando el escritor  tiene miedo, está solo, confundido y oprimido, Dios le ayuda y el escritor se aferra a Dios de por vida. El escritor no es nada sin Dios, y lo sabe, ponderando sobre la bondad de Dios durante toda la noche, reflexionando sobre la importancia de Dios en su vida. Por eso, el escritor busca a Dios.

  • ¿Amamos a Dios tanto como este salmista?
  • ¿Somos tan dependientes de Dios?
  • Si es así, ¿cómo buscamos a Dios en nuestra vida diaria?
  •  ¿Cómo se siente el buscar a Dios y cómo se lo describiría a los demás?

1 Corintios 10: 1-13

Nos guste o no, los seres humanos nos parecemos más de lo que nos diferenciamos. Sin embargo, siempre habrá diferencias. Nuestra capacidad para hacer frente a la diferencia nos obliga a reflejar el amor y la gracia de Dios. No solo con los demás sino también con nosotros mismos. La aceptación de la diferencia no es análogo a estar de acuerdo. La aceptación de la diferencia no siempre es cómodo. La aceptación de la diferencia no siempre es fácil. Pero hay que aceptar que todos procedemos de Dios y debemos pedir a Dios en medio de estos retos y dificultades de la vida. Sabiendo que, “Dios es fiel, y que [Dios] no permitirá que seamos probados por encima de nuestras fuerzas, pero con la prueba [Dios] también proporcionará la salida, para que ustedes sean capaces de soportarla”. A veces la aceptación más difícil que tendremos que hacer es con nosotros mismos.

  • ¿Qué diferencias ve más fácilmente entre sí mismo y los demás?
  • ¿Qué diferencias en los demás le son más fáciles de aceptar para seguir manteniendo una relación?
  • ¿Qué diferencias entre usted y los demás hacen que encuentre difícil trabajar con ellos?
  • ¿Ve a Dios en las diferencias que usted ve en los demás?
  • ¿Ve a Dios en usted?

Lucas 13: 1-9

Tenemos la tendencia a calificar nuestros pecados, cuando en realidad todos somos pecadores. La magnitud de los pecados no requiere su medida ante los ojos de Dios. Todos estamos quebrantados en nuestra humanidad y, por lo tanto, todos tenemos que arrepentirnos y pedir perdón.

La parábola de la higuera simboliza la rapidez con la que somos tan propensos a renunciar a las personas, a las situaciones y a las circunstancias sin considerar la raíz del problema. Si somos capaces de superar la superficie de lo que da o no da fruto, y hacemos frente a la causa de una cuestión determinada, entonces somos capaces de alimentar la profundidad de la diversidad necesaria para la curación y el crecimiento.

  • ¿Hay un momento en que usted abandonó algo o alguien y luego deseó no haberlo hecho?
  • Describa un momento en que necesitó atención.
  • ¿Cómo se siente atendido?
  • ¿Cuál es la raíz de lo que usted es?
  • ¿Cuáles son sus redes de apoyo?

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan

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