Estudio Bíblico

This page is available in: English

Estudio Bíblico: Propio 11 (A) – 19 de julio de 2026

July 19, 2026

LCR: Génesis 28:10-19a; Salmo 139:1-11, 22-23 o Sabiduría 12:13, 16-19 o Isaías 44:6-8; Salmo 86:11-17; Romanos 8:12-25; Mateo 13:24-30, 36-43

Oración inicial | 

Dios de poder, manantial de sabiduría: tú sabes ya lo que necesitamos antes de que, en nuestra ignorancia, te lo pidamos: Ten compasión al ver nuestras flaquezas y danos, por tu gracia, lo que en nuestra indignidad y ceguera ni merecemos ni esperamos; por la dignidad de Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, ahora y siempre. Amén.

Contexto | 

El autor del Evangelio de Mateo utiliza parábolas para profundizar la fe de los seguidores de Jesús. Ejemplos familiares —imágenes tomadas de la agricultura y las tareas domésticas, como cultivar trigo y hornear pan— se relatan de maneras inesperadas para revelar el contraste entre los sistemas del mundo y el reino de Dios. Las parábolas no pretenden ser directrices estrictas sobre qué hacer o qué no hacer. Más bien son invitaciones a encontrar a Dios de maneras sorprendentes, aunque familiares. El tiempo ordinario, el largo período entre las fiestas de Pentecostés y Adviento, ofrece la oportunidad de encontrarse con Dios de maneras nuevas y sorprendentes al abordar las prácticas cotidianas con curiosidad y apertura. 

La parábola del trigo y la cizaña emplea un lenguaje de amos y esclavos que a muchos lectores contemporáneos les puede resultar problemático. Un acercamiento responsable a las Escrituras reconoce esta dificultad en lugar de ignorarla. Para algunas personas y grupos, puede resultar significativo abordar el tema directamente, señalando las formas en que los pasajes bíblicos que utilizan este lenguaje han sido mal utilizados para justificar la opresión y la deshumanización. La primera pregunta de debate que aparece a continuación es un intento de iniciar ese tipo de discusión. Otros pueden considerar que traducciones alternativas, como «propietario» y «trabajadores», hacen que la parábola sea más accesible. Otros, en cambio, pueden considerar que el daño causado por el uso de estos textos como arma crea una barrera que dificulta un acercamiento significativo a la parábola.

Todas las respuestas son válidas. Dios nos invita a través de una variedad de experiencias, textos, personas y comunidades. Nuestro acercamiento auténtico a los textos de las Sagradas Escrituras es un sello distintivo de la vida cristiana, incluso cuando ese acercamiento supone un desafío.

Reflexión teológica | 

Al analizar esta parábola, pensemos primero en el significado de las malezas. Una maleza podría definirse, de manera muy sencilla, como una planta que está fuera de lugar. Ahora bien, hay que admitir que esa es una definición inofensiva para algo que todo jardinero y agricultor sabe que es un adversario persistente. Las malezas no son simplemente un inconveniente; exigen tiempo, trabajo y recursos, y controlarlas puede requerir tanto esfuerzo como el cuidado que se le da al cultivo mismo. Antes de sembrar la primera semilla, un cultivador prudente ya ha anticipado la llegada de las malezas, porque sabe que estas son una certeza, no una anomalía. Ignorar la realidad de las malezas es poner en peligro la cosecha.

Las malezas compiten por los recursos limitados de espacio, agua, nutrientes y luz solar. A diferencia de las plantas cultivadas, que a menudo requieren un cuidado minucioso, las malezas son notablemente resistentes: soportan la sequía, se abren paso a través del suelo compactado y florecen en lugares donde casi nada más podría sobrevivir. Su presencia es costosa e implacable, lo que obliga al agricultor a un constante equilibrio entre atender el cultivo y, al mismo tiempo, manejar la amenaza de lo que crece a su lado.

Teniendo en cuenta esta realidad, la reacción de los siervos en la parábola de Mateo parece razonable y responsable. Su instinto al descubrir las malezas es arrancarlas para proteger el cultivo de trigo. Parece ser lo que haría cualquier agricultor diligente. Pero antes de actuar, consultan al dueño, solo para descubrir que sus instintos no coinciden con la forma en que este dueño administra su campo. El reino de los cielos no funciona según los supuestos de la prudencia humana. La parábola, como suele ocurrir con ellas, subvierte las expectativas.

Al dueño del campo de la parábola, aun siendo quien sembró la buena semilla, no le preocupa el informe de los siervos. Ni la presencia de la maleza ni las acciones del enemigo que la sembró provocan en él un sentido de urgencia. El único peligro para la cosecha radica en la intervención prematura de los siervos, quienes, en su afán por proteger el trigo, no reconocen el riesgo que representan sus acciones. En cambio, el sabio dueño toma el control total y la responsabilidad de la cosecha de trigo, demostrando ser un administrador confiable y fiel en el momento de la cosecha.

La lógica de la escasez que rige los campos agrícolas comunes queda invalidada por esta parábola. En el campo de este amo, aunque la maleza plantada a escondidas crezca junto al trigo, en última instancia no le priva de lo que necesita para prosperar ni amenaza la integridad de la cosecha. El campo del Hijo del Hombre se caracteriza por la suficiencia. Esta es una visión de una economía de abundancia ilimitada, no de escasez ni de competencia.

Esta parábola va más allá de nuestros campos para abordar el problema más profundo y persistente de la presencia del mal en el mundo. Al igual que la maleza sembrada al amparo de la oscuridad, el mal aparece como una intrusión inexplicable, indeseada y, a veces, descontrolada: una amenaza para la buena creación de Dios. Su presencia plantea las mismas preguntas difíciles que los siervos le hicieron al dueño: ¿Por qué permite Dios que el mal persista? ¿La presencia del mal implica que Dios es débil, indiferente o está ausente? ¿No deberían los cristianos tener la tarea de arrancar de raíz el mal?

La explicación de la parábola replantea estas preguntas, en lugar de negarlas. La revelación que hace Jesús de la identidad de los discípulos en la parábola es sorprendentemente humilde. Los discípulos no representan al dueño; ni siquiera a los siervos. Están representados por las semillas sembradas en el campo. Los oyentes y lectores también son la buena semilla de trigo: sembrada, sustentada y protegida por el amo. La conclusión de la parábola no nos da permiso para hacer la vista gorda ante la presencia del mal. Más bien, promete que el momento del juicio y la separación llegará en el momento oportuno de Dios, al término de la cosecha.

Preguntas para la reflexión | 

  • Reconociendo que el lenguaje de «amo y siervo» de esta parábola puede resultar problemático para muchos lectores, fíjate en los atributos y las acciones del amo en el texto. ¿Qué revela este pasaje sobre el poder en el reino de Dios?
  • ¿Dónde a tu alrededor encuentras evidencia de la abundante suficiencia de Dios, incluso junto a la presencia real del mal? 
  • ¿De qué manera te desafía esta parábola? ¿En qué aspectos te invita a ampliar tu tolerancia hacia la «cizaña» que crece entre el trigo de nuestro mundo y del tuyo?

La fe en la práctica |

Esta parábola nos ofrece el don de la libertad al invitarnos a resistir el impulso de «arrancar las malas hierbas» de nuestras vidas y de nuestro mundo. Cuando te enfrentes a una situación que te provoque el impulso de juzgar, controlar o corregir, haz una pausa antes de actuar y reza para que Dios te conceda la sabiduría necesaria para discernir entre lo que es tu acción fiel y lo que es responsabilidad de Dios.

Ellen Huckabay, de la Diócesis de la Costa Central del Golfo, es estudiante de último año de la Maestría en Teología en el Seminario Teológico Episcopal del Suroeste, en Austin, Texas, donde sigue la trayectoria hacia la ordenación. Está casada con George y juntos tienen un hijo, Will. Actualmente, Ellen está discerniendo un llamado al ministerio parroquial y aporta un profundo compromiso con la atención pastoral y el trabajo de alcance comunitario.

This page is available in: English

¡No olvide suscribirse al podcast Sermons That Work para escuchar este sermón y más en su aplicación de podcasting favorita! Las grabaciones se publican el jueves antes de cada fecha litúrgica.

 
 
 
 
 
 
 
 

Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan

Click here

This page is available in: English