Calendario Litúrgico

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Tercer Domingo de Adviento

La Colecta:

Desata tu fuerza, Señor, y visítanos con gran poder; que tu gracia abundante y tu clemencia nos ayuden pronto y nos libren del enredo de nuestros pecados; por Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, ahora y siempre. Amén.

El Antiguo Testamento: Isaías 61:1-4, 8-11

1 El espíritu del Señor está sobre mí, 
porque el Señor me ha consagrado; 
me ha enviado a dar buenas noticias a los pobres, 
a aliviar a los afligidos, 
a anunciar libertad a los presos, 
libertad a los que están en la cárcel; 
2 a anunciar el año favorable del Señor, 
el día en que nuestro Dios 
nos vengará de nuestros enemigos. 
Me ha enviado a consolar a todos los tristes, 
3 a dar a los afligidos de Sión 
una corona en vez de ceniza, 
perfume de alegría en vez de llanto, 
cantos de alabanza en vez de desesperación. 
Los llamarán «robles victoriosos», 
plantados por el Señor para mostrar su gloria. 

4 Se reconstruirán las viejas ruinas, 
se levantarán los edificios destruidos hace mucho, 
y se repararán las ciudades en ruinas. […]

8 Porque el Señor ama la justicia, 
y odia el robo y el crimen. 
Él les dará fielmente su recompensa 
y hará con ellos una alianza eterna. 
9 Sus descendientes serán famosos entre las naciones; 
todos los que los vean reconocerán 
que son un pueblo que el Señor ha bendecido. 

10 ¡Cómo me alegro en el Señor! 
Me lleno de gozo en mi Dios, 
porque me ha brindado su salvación, 
¡me ha cubierto de victoria! 
Soy como un novio que se pone su corona 
o una novia que se adorna con sus joyas. 
11 Porque así como nacen las plantas de la tierra 
y brotan los retoños en un jardín, 
así hará el Señor que brote su victoria 
y que todas las naciones entonen cantos de alabanza.

Salmo: 126 o Cántico 15

1 Cuando Dios restauró los cautivos de Sion, *
       nos pareció como un sueño.
2 Se nos llenó la boca de risa *
       y la lengua, de cantos de alegría.
3 Entonces se dijo entre los pueblos: *
       «¡Qué prodigios les ha hecho el Señor!».
4 ¡Qué prodigios nos hizo Dios! *
       ¡Qué júbilo tenemos!
5 Restaura, Señor, nuestras fortunas, *
       como vuelven los arroyos al desierto.
6 Quienes siembran con lágrimas *
       cosecharán cantando de alegría.
7 Quienes riegan las semillas llorando *
       regresarán cantando, cargados de gavillas.

o

Mi alma proclama la grandeza del Señor;
mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador *
       que ha notado la humillación de su sierva.
Desde hoy, todas las generaciones me llamarán bendita: *
       Dios Poderoso me ha hecho grandes obras
       y su nombre es santo.
Su misericordia alcanza a sus fieles *
       generación tras generación.
Desplegó la fuerza de su brazo *
       y dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de sus tronos*
       y levantó a la gente humilde.
Colmó de bienes al hambriento *
       y a los ricos despidió sin nada.
Ayudó a su siervo, el pueblo de Israel, *
       porque recuerda la misericordia prometida
a quienes vivieron antes que nosotros, *
       a Abrahán y a su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo; *
       como era en el principio, ahora y siempre
       por los siglos de los siglos. Amén.

El Nuevo Testamento: 1 Tesalonicenses 5:16-24

16 Estén siempre contentos. 17 Oren en todo momento. 18 Den gracias a Dios por todo, porque esto es lo que él quiere de ustedes como creyentes en Cristo Jesús. 

19 No apaguen el fuego del Espíritu. 20 No desprecien el don de profecía. 21 Sométanlo todo a prueba y retengan lo bueno. 22 Apártense de toda clase de mal. 

23 Que Dios mismo, el Dios de paz, los haga a ustedes perfectamente santos, y les conserve todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, sin defecto alguno, para la venida de nuestro Señor Jesucristo. 24 El que los llama es fiel, y cumplirá todo esto.

El Evangelio: Juan 1:6-8, 19-28

6 Hubo un hombre llamado Juan, a quien Dios envió 7 como testigo, para que diera testimonio de la luz y para que todos creyeran por lo que él decía. 8 Juan no era la luz, sino uno enviado a dar testimonio de la luz. […]

19 Éste es el testimonio de Juan, cuando las autoridades judías enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle a Juan quién era él. 20 Y él confesó claramente: —Yo no soy el Mesías. 

21 Le volvieron a preguntar: —¿Quién eres, pues? ¿El profeta Elías? 
Juan dijo: —No lo soy. 
Ellos insistieron: —Entonces, ¿eres el profeta que ha de venir? 
Contestó: —No. 

22 Le dijeron: —¿Quién eres, pues? Tenemos que llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué nos puedes decir de ti mismo? 

23 Juan les contestó: —Yo soy una voz que grita en el desierto: “Abran un camino derecho para el Señor”, tal como dijo el profeta Isaías. 

24 Los que fueron enviados por los fariseos a hablar con Juan, 25 le preguntaron: —Pues si no eres el Mesías, ni Elías ni el profeta, ¿por qué bautizas? 

26 Juan les contestó: —Yo bautizo con agua; pero entre ustedes hay uno que no conocen 27 y que viene después de mí. Yo ni siquiera merezco desatarle la correa de sus sandalias. 

28 Todo esto sucedió en el lugar llamado Betania, al otro lado del río Jordán, donde Juan estaba bautizando.

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Las lecturas del Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento y los Evangelios provienen de la Biblia Nueva Versión Estándar Revisada: Edición Anglicana, copyright 1989, 1995, División de Educación Cristiana del Consejo Nacional de las Iglesias de Cristo en los Estados Unidos de América. Usado con permiso. Todos los derechos reservados.

Las Colectas, Salmos y Cánticos son del Libro de Oración Común, 1979.

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