Calendario Litúrgico

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Día de Pentecostés

La Colecta:

Dios de todo poder, que en este día abriste el camino de la vida eterna a toda lengua, cultura, pueblo y nación mediante el don del Espíritu Santo prometido: Derrama ese Espíritu por todo el mundo por la predicación del evangelio, para que llegue hasta a los confines de la tierra; por Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, ahora y siempre. Amén.

O bien:

Dios de luz, este día instruiste los corazones de tu pueblo fiel enviándoles la luz de tu Espíritu Santo: Concede, por ese mismo Espíritu, que tengamos buen juicio en todo y que siempre nos alegremos en su santo consuelo; por Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, ahora y siempre. Amén.

Primera Lectura: Hechos 2:1-21 o Ezequiel 37:1-14

Cuando llegó la fiesta de Pentecostés, todos los creyentes se encontraban reunidos en un mismo lugar. De repente, un gran ruido que venía del cielo, como de un viento fuerte, resonó en toda la casa donde ellos estaban. Y se les aparecieron lenguas como de fuego que se repartieron, y sobre cada uno de ellos se asentó una. Y todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu hacía que hablaran. 

Vivían en Jerusalén judíos cumplidores de sus deberes religiosos, que habían venido de todas partes del mundo. La gente se reunió al oír aquel ruido, y no sabía qué pensar, porque cada uno oía a los creyentes hablar en su propia lengua. Eran tales su sorpresa y su asombro, que decían: —¿Acaso no son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo es que los oímos hablar en nuestras propias lenguas? Aquí hay gente de Partia, de Media, de Elam, de Mesopotamia, de Judea, de Capadocia, del Ponto y de la provincia de Asia, 10 de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia cercanas a Cirene. Hay también gente de Roma que vive aquí; 11 unos son judíos de nacimiento y otros se han convertido al judaísmo. También los hay venidos de Creta y de Arabia. ¡Y los oímos hablar en nuestras propias lenguas de las maravillas de Dios! 

12 Todos estaban asombrados y sin saber qué pensar; y se preguntaban: —¿Qué significa todo esto? 

13 Pero algunos, burlándose, decían: —¡Es que están borrachos! 

14 Entonces Pedro se puso de pie junto con los otros once apóstoles, y con voz fuerte dijo: «Judíos y todos los que viven en Jerusalén, sepan ustedes esto y oigan bien lo que les voy a decir. 15 Éstos no están borrachos como ustedes creen, ya que apenas son las nueve de la mañana. 16 Al contrario, aquí está sucediendo lo que anunció el profeta Joel, cuando dijo: 

17 “Sucederá que en los últimos días, dice Dios, 
derramaré mi Espíritu sobre toda la humanidad; 
los hijos e hijas de ustedes 
comunicarán mensajes proféticos, 
los jóvenes tendrán visiones, 
y los viejos tendrán sueños. 
18 También sobre mis siervos y siervas 
derramaré mi Espíritu en aquellos días, 
y comunicarán mensajes proféticos. 
19 En el cielo mostraré grandes maravillas, 
y sangre, fuego y nubes de humo en la tierra. 
20 El sol se volverá oscu
antes que llegue el día del Señor, 
día grande y glorioso. 
21 Pero todos los que invoquen el nombre del Señor, alcanzarán la salvación.” 

o

El Señor puso su mano sobre mí, y me hizo salir lleno de su poder, y me colocó en un valle que estaba lleno de huesos. El Señor me hizo recorrerlo en todas direcciones; los huesos cubrían el valle, eran muchísimos y estaban completamente secos. Entonces me dijo: «¿Crees tú que estos huesos pueden volver a tener vida?» Yo le respondí: «Señor, sólo tú lo sabes.» 

Entonces el Señor me dijo: «Habla en mi nombre a estos huesos. Diles: “Huesos secos, escuchen este mensaje del Señor. El Señor les dice: Voy a hacer entrar en ustedes aliento de vida, para que revivan. Les pondré tendones, los rellenaré de carne, los cubriré de piel y les daré aliento de vida para que revivan. Entonces reconocerán ustedes que yo soy el Señor.”» Yo les hablé como él me lo había ordenado. Y mientras les hablaba, oí un ruido: era un terremoto, y los huesos comenzaron a juntarse unos con otros. Y vi que sobre ellos aparecían tendones y carne, y que se cubrían de piel. Pero no tenían aliento de vida. 

Entonces el Señor me dijo: «Habla en mi nombre al aliento de vida, y dile: “Así dice el Señor: Aliento de vida, ven de los cuatro puntos cardinales y da vida a estos cuerpos muertos.”» 10 Yo hablé en nombre del Señor, como él me lo ordenó, y el aliento de vida vino y entró en ellos, y ellos revivieron y se pusieron de pie. Eran tantos que formaban un ejército inmenso.

11 Entonces el Señor me dijo: «El pueblo de Israel es como estos huesos. Andan diciendo: “Nuestros huesos están secos; no tenemos ninguna esperanza, estamos perdidos.” 12 Pues bien, háblales en mi nombre, y diles: “Esto dice el Señor: Pueblo mío, voy a abrir las tumbas de ustedes; voy a sacarlos de ellas y a hacerlos volver a la tierra de Israel. 13 Y cuando yo abra sus tumbas y los saque de ellas, reconocerán ustedes, pueblo mío, que yo soy el Señor. 14 Yo pondré en ustedes mi aliento de vida, y ustedes revivirán; y los instalaré en su propia tierra. Entonces sabrán que yo, el Señor, lo he dicho y lo he hecho. Yo, el Señor, lo afirmo.”» 

Salma: 104: 25-35,37

25 ¡Señor, cuántas son tus obras! *
       Las haces todas con sabiduría;
       la tierra rebosa de tus riquezas.
26 Allá está el inmenso mar
   con su número incontable de criaturas, *
       animales grandes y pequeños.
27 Allá navegan los navíos;
   allá se mueve Leviatán, *
       que creaste como juguete.
28 Todos ellos esperan en ti *
       que les des de comer cuando les toque.
29 Tú les das, y ellos toman; *
       abres tu mano, y se sacian de bienes.
30 Si ocultas tu rostro, se llenan de terror; *
       si les quitas el aliento,
       se mueren y vuelven al polvo.
31 Al soplarles tu espíritu, los creas *
       y así renuevas la faz de la tierra.
32 ¡Viva por siempre la gloria del Señor! *
       ¡Alégrese Dios en todas sus obras!
33 Su mirada hace que la tierra tiemble; *
       y, a su toque, las montañas echan humo.
34 Cantaré al Señor toda mi vida; *
       lo alabaré hasta mi último suspiro.
35 Que mis palabras sean de su agrado; *
       yo me regocijo en el Señor.
37 ¡Bendice, alma mía, al Señor! *
       ¡Aleluya!

Segunda Lectura: Romanos 8:22-27 o Hechos 2:1-21

22 Sabemos que hasta ahora la creación entera se queja y sufre como una mujer con dolores de parto. 23 Y no sólo ella sufre, sino también nosotros, que ya tenemos el Espíritu como anticipo de lo que vamos a recibir. Sufrimos profundamente, esperando el momento de ser adoptados como hijos de Dios, con lo cual serán liberados nuestros cuerpos. 24 Con esa esperanza hemos sido salvados. Sólo que esperar lo que ya se está viendo no es esperanza, pues, ¿quién espera lo que ya está viendo? 25 Pero si lo que esperamos es algo que todavía no vemos, tenemos que esperarlo sufriendo con firmeza.

26 De igual manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. Porque no sabemos orar como es debido, pero el Espíritu mismo ruega a Dios por nosotros, con gemidos que no pueden expresarse con palabras. 27 Y Dios, que examina los corazones, sabe qué es lo que el Espíritu quiere decir, porque el Espíritu ruega, conforme a la voluntad de Dios, por los del pueblo santo.    

o

Cuando llegó la fiesta de Pentecostés, todos los creyentes se encontraban reunidos en un mismo lugar. De repente, un gran ruido que venía del cielo, como de un viento fuerte, resonó en toda la casa donde ellos estaban. Y se les aparecieron lenguas como de fuego que se repartieron, y sobre cada uno de ellos se asentó una. Y todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu hacía que hablaran. 

Vivían en Jerusalén judíos cumplidores de sus deberes religiosos, que habían venido de todas partes del mundo. La gente se reunió al oír aquel ruido, y no sabía qué pensar, porque cada uno oía a los creyentes hablar en su propia lengua. Eran tales su sorpresa y su asombro, que decían: —¿Acaso no son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo es que los oímos hablar en nuestras propias lenguas? Aquí hay gente de Partia, de Media, de Elam, de Mesopotamia, de Judea, de Capadocia, del Ponto y de la provincia de Asia, 10 de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia cercanas a Cirene. Hay también gente de Roma que vive aquí; 11 unos son judíos de nacimiento y otros se han convertido al judaísmo. También los hay venidos de Creta y de Arabia. ¡Y los oímos hablar en nuestras propias lenguas de las maravillas de Dios! 

12 Todos estaban asombrados y sin saber qué pensar; y se preguntaban: —¿Qué significa todo esto? 

13 Pero algunos, burlándose, decían: —¡Es que están borrachos! 

14 Entonces Pedro se puso de pie junto con los otros once apóstoles, y con voz fuerte dijo: «Judíos y todos los que viven en Jerusalén, sepan ustedes esto y oigan bien lo que les voy a decir. 15 Éstos no están borrachos como ustedes creen, ya que apenas son las nueve de la mañana. 16 Al contrario, aquí está sucediendo lo que anunció el profeta Joel, cuando dijo: 

17 “Sucederá que en los últimos días, dice Dios, 
derramaré mi Espíritu sobre toda la humanidad; 
los hijos e hijas de ustedes 
comunicarán mensajes proféticos, 
los jóvenes tendrán visiones, 
y los viejos tendrán sueños. 
18 También sobre mis siervos y siervas 
derramaré mi Espíritu en aquellos días, 
y comunicarán mensajes proféticos. 
19 En el cielo mostraré grandes maravillas, 
y sangre, fuego y nubes de humo en la tierra. 
20 El sol se volverá oscuridad, 
y la luna como sangre, 
antes que llegue el día del Señor, 
día grande y glorioso. 
21 Pero todos los que invoquen el nombre del Señor, alcanzarán la salvación.”

El Evangelio: Juan 15:26-27; 16:4b-15

26 Jesús dijo a sus discípulos: —Cuando venga el Defensor que yo voy a enviar de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, él será mi testigo. 27 Y ustedes también serán mis testigos, porque han estado conmigo desde el principio. […]

»No les dije esto desde el principio porque yo estaba con ustedes. Pero ahora me voy para estar con el que me ha enviado, y ninguno de ustedes me pregunta a dónde voy; al contrario, se han puesto muy tristes porque les he dicho estas cosas. Pero les digo la verdad: es mejor para ustedes que yo me vaya. Porque si no me voy, el Defensor no vendrá para estar con ustedes; pero si me voy, yo se lo enviaré. Cuando él venga, mostrará claramente a la gente del mundo quién es pecador, quién es inocente, y quién recibe el juicio de Dios. Quién es pecador: el que no cree en mí; 10 quién es inocente: yo, que voy al Padre, y ustedes ya no me verán; 11 quién recibe el juicio de Dios: el que gobierna este mundo, que ya ha sido condenado.

12 »Tengo mucho más que decirles, pero en este momento sería demasiado para ustedes. 13 Cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que dirá todo lo que oiga, y les hará saber las cosas que van a suceder. 14 Él mostrará mi gloria, porque recibirá de lo que es mío y se lo dará a conocer a ustedes. 15 Todo lo que el Padre tiene, es mío también; por eso dije que el Espíritu recibirá de lo que es mío y se lo dará a conocer a ustedes.     

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Las Colectas, Salmos y Cánticos son del Libro de Oración Común, 1979.

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