Calendario Litúrgico

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Vigésimo cuarto Domingo después de Pentecostés

Propio 26

La Colecta:

Dios de poder y de misericordia, es solo por tu gracia que tu pueblo te adora de forma digna y verdadera; concede que corramos sin tropiezos a ganar el premio de tus promesas celestiales; por Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, ahora y siempre. Amén.

Antiguo Testamento: Rut 1:1-18

1-2 En el tiempo en que Israel era gobernado por caudillos, hubo una época de hambre en toda la región. Entonces un hombre de Belén de Judá, llamado Elimélec, se fue a vivir por algún tiempo al país de Moab. Con él fueron también su esposa Noemí y sus dos hijos, Mahlón y Quilión. Todos ellos eran efrateos, es decir, de Belén. Llegaron, pues, a Moab, y se quedaron a vivir allí. 

Pero sucedió que murió Elimélec, el marido de Noemí, y ella se quedó sola con sus dos hijos. Más tarde, ellos se casaron con dos mujeres moabitas; una de ellas se llamaba Orfá y la otra Rut. Pero al cabo de unos diez años murieron también Mahlón y Quilión, y Noemí se encontró desamparada, sin hijos y sin marido. 

Un día Noemí oyó decir en Moab que el Señor se había compadecido de su pueblo y que había puesto fin a la época de hambre. Entonces decidió volver a Judá y, acompañada de sus nueras, salió del lugar donde vivían; pero en el camino les dijo: —Anden, vuelvan a su casa, con su madre. Que el Señor las trate siempre con bondad, como también ustedes nos trataron a mí y a mis hijos, y que les permita casarse otra vez y formar un hogar feliz. 

Luego Noemí les dio un beso de despedida, pero ellas se echaron a llorar 10 y le dijeron: —¡No! ¡Nosotras volveremos contigo a tu país! 

11 Noemí insistió: —Váyanse, hijas mías, ¿para qué quieren seguir conmigo? Yo ya no voy a tener más hijos que puedan casarse con ustedes. 12 Anden, vuelvan a su casa. Yo soy muy vieja para volverme a casar. Y aunque tuviera aún esa esperanza, y esta misma noche me casara y llegara a tener más hijos, 13 ¿iban ustedes a esperar hasta que fueran mayores, para casarse con ellos? ¿Se quedarían sin casar por esperarlos? No, hijas mías, de ninguna manera. El Señor me ha enviado amargos sufrimientos, pero más amarga sería mi pena si las viera sufrir a ustedes. 

14 Ellas se pusieron a llorar nuevamente. Por fin, Orfá se despidió de su suegra con un beso, pero Rut se quedó con ella. 15 Entonces Noemí le dijo: —Mira, tu concuñada se vuelve a su país y a sus dioses. Vete tú con ella. 

16 Pero Rut le contestó: —¡No me pidas que te deje y que me separe de ti! Iré a donde tú vayas, y viviré donde tú vivas. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. 17 Moriré donde tú mueras, y allí quiero ser enterrada. ¡Que el Señor me castigue con toda dureza si me separo de ti, a menos que sea por la muerte! 

18 Al ver Noemí que Rut estaba decidida a acompañarla, no le insistió más.     

Salmo: 146

1 ¡Aleluya!
  ¡Alaba, alma mía, a Dios! *
       Alabaré a Dios mientras viva;
       le cantaré el resto de mi vida.
2 No confíen en los poderosos, *
       en mortales incapaces de salvar.
3 Expiran y regresan al polvo, *
       y sus planes acaban en la nada.
4 Feliz quien busca ayuda en el Señor
       y tiene al Dios de Jacob por esperanza.
5 Creador de cielo, tierra, mar y cuanto existe, *
       Dios se mantiene fiel por siempre;
6 da justicia al pueblo oprimido *
       y pan a la gente hambrienta.
7 A quienes están en cadenas, Dios libera;
  a quienes no ven, les da la vista *
       y levanta al doblegado.
8 Dios ama a quien practica la justicia;
  protege a inmigrantes; *
       sostiene a huérfanos y viudas,
       pero tuerce el camino del malvado.
9 Dios reinará perpetuamente, *
       tu Dios, Sion, por los siglos de los siglos.
       ¡Aleluya!

Antiguo Testamento: Deuteronomio 6:1-9

Moisés reunió a todo el pueblo de Israel y les dijo: «Éstos son los mandamientos, leyes y decretos que el Señor su Dios me ha ordenado enseñarles, para que los pongan en práctica en el país del cual van a tomar posesión. De esta manera honrarán al Señor su Dios, y cumplirán durante toda su vida las leyes y los mandamientos que yo les mando a ustedes, a sus hijos y a sus nietos; y así vivirán muchos años. Por lo tanto, israelitas, pónganlos en práctica. Así les irá bien y llegarán a ser un pueblo numeroso en esta tierra donde la leche y la miel corren como el agua, tal como el Señor y Dios de sus antepasados se lo ha prometido. 

»Oye, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. 

»Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.

»Grábate en la mente todas las cosas que hoy te he dicho, y enséñaselas continuamente a tus hijos; háblales de ellas, tanto en tu casa como en el camino, y cuando te acuestes y cuando te levantes. Lleva estos mandamientos atados en tu mano y en tu frente como señales, y escríbelos también en los postes y en las puertas de tu casa.»     

Salmo: 119:1-8

1 Dichosas las de caminos intachables *
       que siguen las enseñanzas de Dios.
2 Dichosos los que guardan sus preceptos *
       y lo buscan de todo corazón.
3 No hacen ningún mal, *
       sino que siempre andan en sus caminos.
4 Tú promulgaste tus decretos *
       para que los cumplamos fielmente.
5 ¡Ojalá fuera yo firme en mi camino *
       para guardar tus mandamientos!
6 Entonces podría cumplir tus leyes *
       sin avergonzarme.
7 Te alabaré con corazón sincero *
       cuando aprenda tus justos mandamientos.
8 Observaré tus estatutos; *
       no me abandones por completo.

Nuevo Testamento: Hebreos 9:11-14

Cristo ya vino, y ahora él es el Sumo sacerdote de los bienes definitivos. El santuario donde él actúa como sacerdote es mejor y más perfecto, y no ha sido hecho por los hombres; es decir, no es de esta creación. 12 Cristo ha entrado en el santuario, ya no para ofrecer la sangre de chivos y becerros, sino su propia sangre; ha entrado una sola vez y para siempre, y ha obtenido para nosotros la liberación eterna. 13 Es verdad que la sangre de los toros y chivos, y las cenizas de la becerra que se quema en el altar, las cuales son rociadas sobre los que están impuros, tienen poder para consagrarlos y purificarlos por fuera. 14 Pero si esto es así, ¡cuánto más poder tendrá la sangre de Cristo! Pues por medio del Espíritu eterno, Cristo se ofreció a sí mismo a Dios como sacrificio sin mancha, y su sangre limpia nuestra conciencia de las obras que llevan a la muerte, para que podamos servir al Dios viviente.     

El Evangelio: Marcos 12:28-34

28 Al ver que Jesús les había contestado bien, uno de los maestros de la ley, que los había oído discutir, se acercó a él y le preguntó: —¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? 

29 Jesús le contestó: —El primer mandamiento de todos es: “Oye, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor. 30 Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.” 31 Pero hay un segundo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” Ningún mandamiento es más importante que éstos. 

32 El maestro de la ley le dijo: —Muy bien, Maestro. Es verdad lo que dices: hay un solo Dios, y no hay otro fuera de él. 33 Y amar a Dios con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios que se queman en el altar. 

34 Al ver Jesús que el maestro de la ley había contestado con buen sentido, le dijo: —No estás lejos del reino de Dios. 

Y ya nadie se atrevía a hacerle más preguntas.

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Las Colectas, Salmos y Cánticos son del Libro de Oración Común, 1979.

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