Cuaremsa 2 (A) – 1 de marzo de 2026
March 01, 2026
LCR: Génesis 12:1–4a; Salmo 121; Romanos 4:1–5,13–17; San Juan 3:1–17.
Otra manera de vivir es posible
En este segundo domingo de Cuaresma la Palabra de Dios nos invita a imaginarnos que otra manera de vivir, de pensar y de ser es posible. Nos recuerda que el mundo no tiene por qué ser como es; podría ser diferente y nosotros también podemos habitarlo de una manera distinta.
Las lecturas de hoy nos presentan, en primer lugar, el inicio de la vocación de Abram. Este relato maravilloso marca un giro decisivo en el libro del Génesis. Los capítulos 1 al 11 nos hablan de creación y caída, de violencia y ruptura, de diluvio y destrucción de una humanidad que, poco a poco, se va alejando de Dios y de la armonía con la creación. Pero a partir de Abram, Dios propone un nuevo comienzo. Dios ya no responde con destrucción ni con separación, sino con elección y bendición. Elige a Abram y, a través de él, a una familia para bendecir a todas las familias de la tierra: “Por medio de ti bendeciré a todas las familias del mundo”, nos dice. Abram es llamado a dejar su cultura, tierra, seguridad económica para lanzarse a una aventura de la fe.

La fe, aquí, no es obediencia ciega ni cumplimiento de normas, sino fidelidad y confianza, apertura y riesgo. Se calcula que Abram tenía setenta y cinco años cuando Dios le hace esta propuesta. Una edad en la que muchos ya no se aventuran, ya no cambian, ya no sueñan. Sin embargo, en el horizonte de la fe, Abram se atreve a confiar y a intentar vivir de otra manera. Su misión es sencilla y radical: salir, caminar, confiar. Y en ese caminar, guiado por la fe, Dios promete bendecirlo en abundancia. En este texto encontramos una verdad profunda: conquistar sueños, dejarse conducir por el proyecto de Dios es certeza y plenitud de vida.
Cada persona tiene un proyecto, y muchas veces ese proyecto no se realiza en la propia tierra. Por eso, este relato nos llama también a un profundo respeto por el inmigrante, por quien deja todo para ir en busca de vida y dignidad. Abram creyó. Se aferró a su fe y dejó su casa y su parentela para comenzar algo nuevo. El regalo que Dios le da no es fruto del cumplimiento de preceptos, sino de la fe. Creyó, caminó, buscó, oró y recibió descendencia, tierra y promesa. Abram es, en muchos sentidos, el prototipo del inmigrante de Dios.
Este mundo podría organizarse de otro modo. No como un sistema que arrebata sueños y fabrica pesadillas, sino como un espacio de bendición compartida. Ésa es la propuesta de la Palabra hoy: mirar la historia de Abram y, desde ahí, orar y comprometernos por la dignidad y los derechos de quienes caminan buscando vida. Escuchar a ese Dios que, desde lo más profundo, nos dice: camina, busca, lucha, atrévete a ser.
Por su parte, en el Evangelio Jesús dialoga con Nicodemo. En su mensaje lo invita a considerar la vida desde el Espíritu, no sólo desde la carne, es decir, no sólo desde las pasiones, miedos o necesidades inmediatas, sino desde aquello que da sentido y plenitud a nuestra humanidad. Juan nos dice que Nicodemo va a ver a Jesús de noche. No es sólo un detalle cronológico, es un símbolo. Representa a quien aún no se ha abierto del todo al Espíritu de Dios, a quien vive desde la seguridad de la tradición, del conocimiento religioso, pero no desde la confianza profunda en Dios. Nicodemo es alguien que sabe mucho, pero que aún no ha despertado al Espíritu, por eso no puede hacer “los milagros que Jesús hace”.
Jesús le habla de nacer de nuevo, nacer de lo alto, nacer del Espíritu. Un Espíritu de amor a Dios y a la humanidad; un Espíritu solidario, fuerte, creativo, capaz de iniciar algo nuevo. Será el individuo y ese pueblo creyente, animado por el Espíritu, el que pueda transformar la sociedad y abrir caminos de justicia y vida, que son los milagros de Jesús. Ese Espíritu es don gratuito de Dios. Dios es dador. Una vida que nace de Dios requiere un corazón y un espíritu nuevos.
Estos dos textos iluminan nuestro camino cuaresmal. Caminamos en tiempos difíciles. Hay quienes quieren caminar y hay quienes se empeñan en detenerlos, juzgarlos, criminalizarlos y arrojarlos al abismo de la incertidumbre. En Cuaresma recordamos la cruz de Cristo, llevada hasta el final. Y la cruz de este tiempo es pesada. Es la cruz del cuerpo místico de Cristo: de los bautizados perseguidos, de una humanidad marcada por el sufrimiento, el cansancio, el agotamiento y, en muchos casos, la desesperanza. Por eso las lecturas de hoy son un regalo. Son palabra viva para nuestras comunidades de fe, para alimentar nuestro espíritu y fortalecernos; para que, renovados por el soplo del Espíritu, levantemos la cabeza y sigamos caminando, dando testimonio fiel, no violento, no arrogante, no denigrante, sino digno, firme y esperanzado.
Como comunidades de fe, tenemos una gran responsabilidad. Vemos cómo la política y muchos líderes sociales fallan y empujan a pueblos enteros al abismo de la pobreza, el abandono, la violencia, la discriminación y el caos. Frente a eso, estamos llamados a tomar una perspectiva diferente y asumir nuestro rol social creando esperanza desde la fe. Para ello debemos mirar la vida desde la gratuidad de Dios, desde la aventura del Espíritu, desde la fidelidad a Dios y a la humanidad. Esto nos llevará a responder a la crueldad con amabilidad, a la desesperanza con ternura, al desamor con la sencilla y profunda propuesta del carpintero de Nazaret, quien nos invita a nacer de nuevo y a creen en Dios con fidelidad y fe, levantando nuestra cabeza y caminando con los pasos de Abram y de Jesús hasta el final. Amén.
El Rev. Fabio Sotelo es rector de la Iglesia San Eduardo, en Lawrenceville, Georgia, una parroquia bilingüe. El recibió una maestría en Filosofía y Literatura en la Universidad Santo Tomas de Bogotá, Colombia, una maestría en Teología en la Universidad de Santa María, Emmitsburg, Maryland y actualmente prepara su tesis doctoral en Liturgia en la Universidad del Sur, Suwannee, Tennessee.
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