Cuaresma 1 (A) – 22 de febrero de 2026
February 22, 2026
LCR: Génesis 2:15–17; 3:1–7; Salmo 32; Romanos 5:12–19; San Mateo 4:1–11.
La Iglesia Episcopal se reúne en este primer domingo de la estación de Cuaresma invitando a los fieles a reflexionar sobre nuestro caminar espiritual, la lucha entre la desobediencia y la confianza, entre el pecado y la gracia, sobre todo en este tiempo en que nuestra sociedad está pasando por situaciones difíciles que, en muchos aspectos, están lesionando la vida espiritual de los creyentes y de toda la Iglesia. En este sentido, tenemos la oportunidad de meditar sobre las tentaciones que acechan al pueblo de Dios, sobre todo cuando nos encontramos en el desierto de nuestras vidas. Permanezcamos atentos, mediante la oración, para así encontrar el auxilio de nuestro Señor y mantenernos firmes en el camino espiritual siguiendo a Cristo en todas las circunstancias de nuestras vidas.

Las lecturas de hoy nos llevan por un camino espiritual de resistencia ante la presencia del maligno, de lucha constante entre la maldad del mundo y la misericordia de Dios para mantenernos a salvo. El mensaje central de la Cuaresma es que, aunque enfrentamos tentaciones, no estamos solos. Cristo camina con nosotros y nos muestra que aun en las peores situaciones siempre es posible elegir a Dios.
En la porción de la lectura del Génesis, Dios pone al ser humano en un lugar preferencial para vivir y cuidar de su creación, pero también establece un límite, no con la intención de quitarle libertad, sino para enseñarle a vivir en confianza. Sin embargo, podemos descubrir cómo la tentación entra por la duda: “¿De verdad Dios dijo…?”. Adán y Eva desconfían, toman lo que no les corresponde y descubren que el pecado no da libertad, sino vergüenza y ruptura. Una muestra de flaqueza ante la tentación que lleva a la desobediencia.
En todo el proceso de vida del ser humano vemos la misericordia de Dios. El Salmo muestra que Dios no nos abandona aun después de la caída. Al contrario, el Salmo proclama una gran verdad cuaresmal: “Dichoso el que es perdonado”. Reconocer el pecado no nos humilla, por el contrario, nos sana. Confesar nos libera.
El apóstol San Pablo, en la carta a los Romanos, amplía esta mirada misericordiosa de nuestro Señor: por un hombre entró el pecado, pero por Jesucristo llega algo mucho más grande: la gracia de Dios como un regalo inmerecido. Donde el pecado abundó, la gracia sobreabundó. La Cuaresma no es sólo recordar nuestra fragilidad humana, sino celebrar que Dios no se rinde con nosotros, porque somos su imagen y semejanza. El acto justo de Jesucristo hace justos a todos los seres humanos para que tengan vida.
En el Evangelio de Mateo Jesús va al desierto. Él revive la experiencia que cualquier ser humano puede experimentar: sintió hambre, resistió la prueba, superó la vanidad y el deseo de grandeza. Confiando plenamente en la Palabra de Dios salió vencedor. Aunque Satanás intentó desviarlo ofreciéndole poder y soluciones rápidas, Jesús respondió con fidelidad y verdad. Hoy podemos observar a muchos de nuestros hermanas y hermanos viviendo en pleno desierto, con situaciones muy complicadas en todos los sentidos, familias separadas, planes frustrados y las Iglesias buscando llevar esperanza. Sólo con un acto de fe podemos decir: del desierto salimos fortalecidos si caminamos cada día tomados de la mano de Cristo.
Donde Adán desobedeció, Jesús confió; donde el ser humano escuchó la mentira, Jesús se apoyó en la Palabra de Dios. Jesús no vence con poder, sino con fidelidad. Esto es una muestra para enseñar al creyente que luchar contra las tentaciones es una tarea difícil, pero siempre es posible salir vencedores. Hay que mantenerse firmes en la Palabra de Dios para combatir los ataques del maligno, así como las frustraciones y necesidades que afrontamos cada día. Podemos entender que hay algo en los seres humanos que nos hace ceder ante el mal. Mediante la fe somos probados para superar la debilidad humana. Así dice Pablo a la iglesia de Corinto para asegurarles que pueden confiar en Dios: Ustedes no han pasado por ninguna prueba que no sea humanamente soportable.
La Cuaresma no se queda en la iglesia; se vive cada día caminando con Cristo. Estamos viviendo momentos de crisis en el mundo y la Iglesia sufre las consecuencias del pecado y la desobediencia, pero también recibimos la gracia de un Dios que permanece con su pueblo. Ciertamente podemos ver que la indiferencia de muchos para seguir a Cristo viene de la ignorancia sobre la Palabra de Dios, aunque ésta tenga una respuesta para cada situación que aparezca en el camino espiritual de los creyentes.
Según la porción del evangelio de Mateo, el Diablo se apartó de Jesús por un tiempo y algunos ángeles vinieron a servirle. Si los creyentes estuviésemos más dispuestos a utilizar la espada del Espíritu Santo, que es la Palabra de Dios, muchas situaciones cambiarían. Jesús es nuestro mejor ejemplo. Al iniciar la estación de Cuaresma las lecturas nos guían por un camino espiritual: al resistir las tentaciones del maligno, con el poder de la Palabra de Dios, salimos vencedores. La victoria de Jesús puede ser también la nuestra si estamos dispuestos a permanecer firmes.
La buena noticia es clara: Jesús venció la tentación y nos mostró el camino a seguir. El mal no tiene la última palabra ni autoridad sobre quienes viven como hijos de Dios. En medio de la prueba, refugiémonos en el Señor, agradezcamos sus bendiciones y proclamemos con nuestra vida que Jesús es nuestro Señor. La Iglesia nos enseña que cuando llegan los tiempos de confusión y prueba, seguimos el ejemplo de Jesús: resistiendo el mal en cualquier forma que se presente, con la fuerza de la Palabra de Dios, nos refugiamos en la fe y proclamamos con nuestra vida que Cristo vive y reina.
La invitación es a que estos cuarenta días de la Cuaresma sean de pasos concretos para volver a Dios con el corazón y con la vida. La Cuaresma no se queda en la iglesia; se vive cada día, caminando con Cristo.
Oremos. Señor Dios, en el camino Cuaresmal danos un corazón atento a tu Palabra y un espíritu firme como el de Jesús; que sepamos discernir y rechazar aquello que nos aleja de ti y vivir conforme a lo que tú nos pides. Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor. Amén.
Marivel Milien, presbítera, ejerce su ministerio como sacerdote asociada, en la Iglesia St. George’s en South Carolina, donde vive con su esposo, el Reverendo P. Smith Milien. Tienen tres hijos y es oriunda de la República Dominicana.
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