Sermones que Iluminan

Cuaresma 2 (C) – 2013

February 24, 2013


Oremos,

Tú que eres la Esperanza que rebasa toda esperanza humana, tú que le prometiste una descendencia tan numerosa como las estrellas al anciano Abraham y la infértil Sarah, tú que prometiste luz y salvación a un mundo que no sabe escuchar; ahora, congréganos en ti con ternura, abre nuestros oídos para que escuchemos tu palabra, y enséñanos a vivir en fidelidad.

Este es el segundo domingo de Cuaresma. El tiempo de Cuaresma, en nuestra tradición cristina, se establece como un tiempo de penitencia que me ayuda a reflexionar y transformar mi vida mediante la revisión de vida, el arrepentimiento de mis pecados, y la reafirmación de la vida que recibimos en el Cristo resucitado.

Por muchos años se ha considerado la Cuaresma como tiempo para la auto-negación y el sacrificio. El entendimiento de la penitencia como negación y sacrificio ha marcado este tiempo como si estuviéramos requeridos a vivir la vida cristiana en un estado en tristeza y culpa. Es verdad, es muy importante tener momentos de revisión de vida que nos permitan reorientar la manera como vivimos, revisar la manera cómo hacemos nuestras decisiones diarias, y corregir aquello que no va con el ser cristiano. Sin embargo, el día de hoy, sería muy bueno que coloquemos nuestra reflexión sobre la penitencia en el contexto de la esperanza. Es decir, la invitación de hoy es a que realicemos una Cuaresma revisando nuestra vida no con el deseo de afirmar nuestro error, sino con el deseo de mantenernos firmes en el hecho de que Dios es un Dios de amor y de vida, o – como explica san Pablo en su carta a los Romanos – que el pecado del ser humano puede ser grande, pero la Gracia de Dios es mucho más grande que nuestro propio error. Esto es vivir la vida con esperanza viendo hacia adelante en lugar de quedarnos detenidos viendo hacia atrás.

Pues bien, alrededor del año 1970, el sicólogo social norteamericano, Erich Fromm, escribió un libro titulado “La Revolución de la Esperanza”. El libro es interesante puesto que fue escrito durante un tiempo de cambios muy grandes alrededor del mundo. Algunos de ustedes todavía recordarán la crisis mundial de los años sesenta y principios de los setenta; este fue un tiempo de varios y profundos movimientos y cambios sociales, políticos y culturales que agitaron al mundo entero. Durante este tiempo muchos movimientos –especialmente juveniles y universitarios- ocurrieron alrededor del mundo: varios países sufrieron golpes de Estado, la guerra de Vietnam fue confrontada por movimientos pacifistas, la palabra “revolución” era aplicada a casi todo –de alguna manera esta es una de las razones por la cual Erich Fromm tituló su libro “La Revolución de la Esperanza”-, hubo revolución musical, revolución cultural, y revolución en los valores familiares.

Incluso las iglesias comenzaron a repensar su función e introdujeron cambios profundos en su pensamiento y las celebraciones litúrgicas. Sin embargo, algo que puede ayudarnos a resumir lo que ocurría durante este tiempo es la fotografía de un joven francés durante una protesta juvenil cargando un letrero la cual fue publicada en varios diarios alrededor del mundo. El letrero decía: “La pregunta no es ¿de dónde venimos?, sino ¿adónde vamos?” En otras palabras, bien podemos definir mediante el uso de la ciencia cuál es nuestro origen, de dónde provenimos; pero esto no satisface la necesidad de saber hacia dónde nos estamos dirigiendo, cuál es nuestro destino y el propósito de nuestra existencia. Creo que esta pregunta, si nos la planteamos seriamente, puede marcar profundamente nuestra vida.

Pues bien, volviendo al libro inicialmente mencionado, “La Revolución de la Esperanza”, el autor toma todo ese contexto de cambio, confusión, incerteza y aspiración humanos para presentar su propuesta de esperanza. Él invita en su libro a considerar el valor de la esperanza como piedra angular para orientar el nuevo edificio que la humanidad estaba creando. La esperanza debe ser la base para la recreación de un mundo más humano. Sin embargo, el autor indica que para que la esperanza sea realista, ésta debe ser “revolucionaria”. No se asusten con esta última palabra y permítanme explicarla. Erich Fromm propone que el entendimiento de la esperanza como un acto pasivo es un mal entendido de lo que la palabra esperanza significa. En otras palabras, la esperanza es pasiva cuando la consideramos como si estuviéramos en un consultorio médico aguardando a ser recibidos por el doctor. Fromm dice que esto no es esperanza. Él propone que para que la esperanza sea real, esta invita a vivir con anticipación aquello que se espera; o sea, la esperanza nos debe impulsar a crear aquello que estamos esperando. Esto convierte a la persona que espera en un agente de cambio y genera un sentido de responsabilidad por la vida.

Ahora coloquemos las lecturas frente a nosotros y usemos los espejuelos de esta esperanza revolucionaria o activa para entender su mensaje. Abrahán y Dios tenían una relación de amistad muy profunda. Ambos caminaban juntos como diciendo, “yo haré mi parte confiando que tú harás la tuya”. La esperanza de Abrahán era tener una gran descendencia, y la esperanza de Dios era dar muestras a la humanidad -mediante Abrahán- de lo que significa vivir “más allá de toda esperanza”. Entonces el vientre desértico de Sarah se convierte en tierra fértil y fuente de vida. Entonces, la promesa de Dios se cumple no por el hecho de proveerle a Abrahán el gran número de hijos que pudo llegar a tener con su esposa. ¡Y no creo que Sarah hubiera querido tener tantos hijos como estrellas hay en el cielo! ¿Se imaginan? La heredad de Abrahán y se realiza a través de nosotros pues, como dice la Biblia, nosotros también somos hijos de Abrahán por la fe.

Ahora, seamos muy claros, la relación de Abrahán con Dios, y de Dios con Abrahán no es una relación comercial, de trueque; o sea, “yo te doy porque tú me das, y tú me das porque yo te doy”. La relación que ellos establecen es más profunda, es una relación de fe o de fidelidad mutua –que es básicamente la misma palabra-. Es como en el matrimonio – o como debiera ser el matrimonio-, dos personas inician un estado de vida nuevo basados en una promesa mutua; y, aunque el compromiso es verbal -“yo me comprometo a serte fiel en las buenas y en las malas”-, la felicidad de las personas depende de la habilidad que desarrollan manteniéndose fieles los unos con los otros, incluso cuando la fidelidad nos invita a saber pedir y ofrecer el perón. Entonces, la relación de Abrahán con Dios, como debe ser la del matrimonio, no es una relación de conveniencias sino una relación de fe. Es como decir, “yo creo en ti y cada día que pasa habré de demostrarlo con fidelidad”. Esto es vivir la vida de la interdependencia con la esperanza en la honestidad de una relación. El primer versículo del salmo de hoy nos habla de esto con unas palabras bellísimas: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿de quién podré tener miedo? El Señor defiende mi vida, ¿a quién habré de temer?” El salmo nos está indicando que la relación de fe es una relación fundamentada en la certeza. Dios es fiel y nos pide corresponder con fidelidad; por tanto, no hay razón para la duda y el temor que la duda genera cuando no estamos completamente convencidos de que nuestra contraparte habrá de cumplir con su cometido. En Dios existe certeza y por tanto este debe ser el fundamento de nuestra esperanza. No estamos caminando por la vida en vano, no caminamos solos, y no debemos pensar que estamos caminando sin saber adónde vamos; Dios camina con nosotros y caminamos con esperanza.

El Evangelio nos habla de la Transfiguración de Jesús. Él está caminando en dirección a Jerusalén. Él sabe lo que habrá de acontecer allá. Sin lugar a dudas que Jesús camina con dolor y angustia, y sus discípulos comparten este hecho. Sin embargo, Jesús también camina confiando en su Dios Padre, camina con el deseo de hacer su voluntad, camina en espíritu de fidelidad a su misión redentora y camina con el profundo sentido de la esperanza en la vida. Esto nos confirma que Jesús mismo es “el Camino, la Verdad y la Vida”.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan