Sermones que Iluminan

Día de Pentecostés (A) – 24 de maio de 2026

May 24, 2026

LCR: Hechos 2:1–21 o Números 11:24–30; Salmo 104:25–35,37; 1 Corintios 12:3b–13 o Hechos 2:1–21; San Juan 20:19–23 o San Juan 7:37–39.

“Sorpresa y asombro”

¡Hoy celebramos Pentecostés! Lo primero que se nos invita a sentir es eso mismo que sintieron los discípulos y la comunidad de Jerusalén: sorpresa y asombro. Porque Pentecostés no es una celebración ordenada y cómoda; es la irrupción del Espíritu Santo, y su presencia produce ruido, fuego, calor, multitud como lo describe los Hechos de los Apóstoles. ¿Podemos sentir su presencia hoy en esta celebración de Pentecostés?

La presencia del Espíritu causa una aparente confusión porque reúne multitudes de personas que gritan llenas de júbilo y celebran con una alegría desbordante; pero pronto el bullicio se convierte en entendimiento y comprensión en medio de la gran diversidad. Dice la palabra que la gente escuchaba el mensaje en sus propios idiomas. ¡La diversidad en armonía! eso sólo lo hace la presencia del Espíritu Santo.

Sabemos que Pentecostés era una fiesta concurrida, muy importante para el pueblo judío. Llegaban gentes de todas partes, como en nuestras ferias y fiestas, por lo tanto, hablaban distintas lenguas; había diferentes culturas con diversas historias y maneras de ver el mundo. Era una fiesta religiosa y cultural, y tal vez comercial, profundamente multinacional, multicultural y multilingüe. Y en medio de esa diversidad sucedió algo inesperado. No es que todos empiecen a hablar el mismo idioma. No desaparecen las diferencias, no se uniforman todos; es algo mucho más profundo: todos, en la diversidad, comienzan a entenderse. Eso sólo lo hace el Espíritu de Dios.

La presencia del Espíritu no es la eliminación de la diversidad, sino la capacidad de vivirla en unidad. Esto contrasta con otra historia bíblica: la torre de Babel. Allá la diversidad significaba división, confusión, ruptura, desconfianza y separación. Pentecostés es todo lo contrario: personas diferentes que, hablando distinto, se comprenden. La diversidad jamás es un problema. Lo que es problema es la ausencia del Espíritu. Cuando el Espíritu está presente hay entendimiento, respeto, escucha y comunidad. Cuando el Espíritu está ausente abunda el miedo, la ruptura aumenta, se acentúa la exclusión y el rechazo se convierte en una manera de ser. 

Hoy, al ver nuestra comunidad, ¿podemos celebrar con alegría su diversidad? ¿Qué nos sorprende y asombra aquí? Si hoy, en esta iglesia se abraza lo distinto, eso no es casualidad, eso es presencia del Espíritu de Dios. Pentecostés para nosotros no es solamente el recibimiento de la Ley Antigua, es también el nacimiento de una nueva Iglesia. Pero no de cualquier iglesia, sino la de Jesús, la del Espíritu Santo. Y la Iglesia del Espíritu es la de la diversidad, una que se pregunta con honestidad ¿Cómo estamos sirviendo a la causa de Jesús en su mundo rico y diverso? El Espíritu tiene fuerza y nos empuja “hasta los confines del mundo”. No hacia lo cómodo, lo conocido, lo igual, sino hacia el encuentro con el otro. El otro que habla distinto, piensa diferente, ama de otra manera, pero que ama, vive, cree y celebra su fe a su manera. 

Hoy hablamos mucho de diversidad: de género, culturas, estrato social y económico, de espiritualidades, maneras de pensar, celebrar y creer. Y sí, a veces comprender y celebrar esa diversidad se hace difícil. Sabemos que entre personas que hablan el mismo idioma no se entienden; familias que hablan el mismo idioma se destruyen y fragmentan; comunidades se dividen, no por el idioma, la cultura o la fe, sino por razones políticas, económicas, por la manera de comprender y vivir la sexualidad, por el rol de la mujer y del hombre, por las políticas y leyes migratorias, y temas como la guerra de Estados Unidos, Israel, Irán, Ucrania, Rusia.

Hoy hay muchas herramientas para comunicarnos, como la inteligencia artificial, los audífonos que nos traducen, las aplicaciones que nos permiten escuchar todo en varios idiomas, interpretes por todas partes y, aun así, con todas esas herramientas, la comunicación sigue siendo imperfecta, escasa y a veces dominante. El mundo no quiere comprenderse a pesar de que aumentan los medios de comunicación. ¿Por qué? Porque entenderse no es sólo cuestión de palabras, sino del Espíritu. Pentecostés nos enseña esto: No se trata sólo de lenguas, sino de corazones abiertos. No es cuestión de hablar, sino también de escuchar al otro. No se trata de imponer, se trata de reconocer la voz del otro como otro, que lo necesito para ser y vivir. Todas las voces importan, incluso la del débil y despreciado.

Hoy el Evangelio de Juan nos da otra imagen de Iglesia. Al comienzo nos sitúa en una iglesia encerrada, con miedo, con las puertas cerradas: la iglesia sin el Espíritu. Sabemos claramente que una iglesia sin la guía del Espíritu es una iglesia muerta. Pero luego nos dice Juan que Jesús entra y dice: “La paz esté con ustedes”. Y luego sopla y les infunde el Espíritu, el mismo de la creación, para una nueva creación, un nuevo inicio. La paz y el Espíritu van juntos. Esto es fundamental: No puede haber una Iglesia que promueva la guerra y diga que sigue a Jesús. La Iglesia pierde su esencia cuando justifica la violencia, incluso por razones religiosas. La historia nos recuerda momentos en que la Iglesia usó la fuerza, la imposición, la exclusión. Pero hoy, con humildad debemos decir que eso fue un error, fue anti-testimonio. El Espíritu nos guía por el camino del diálogo, la reconciliación, el perdón y la paz. En otras palabras, al entendimiento. Porque Jesús no dijo: defiéndanse y ganen la guerra que yo estoy con ustedes todos los días; él dijo: “La paz esté con ustedes” y “Ustedes son mis testigos” del amor y de la paz. Luego añadió: “Reciban el Espíritu Santo… a quienes perdonen…”. La Iglesia de Jesús y de sus seguidores es una Iglesia del perdón, que también es don del Espíritu. No hay comunidad diversa sin perdón.

Pentecostés nos invita a algo nuevo y radical: A construir una nueva humanidad, una nueva manera de ser Iglesia, de relacionarnos y convivir; una Iglesia y un mundo donde la diversidad no se tolera, sino que se celebra; donde las diferencias no se esconden, se honran y se respetan; donde las voces no se silencian, se escuchan. Cada vez que alguien diferente es bienvenido, que alguien es escuchado, que elegimos la paz en lugar del conflicto, que celebramos la diversidad, el Espíritu está presente, es Pentecostés, hay Iglesia, hay celebración.

Salgamos hoy con la certeza de no tener miedo. No cerremos las puertas a la diversidad, no aceptemos ni fomentemos la exclusión. Porque somos la Iglesia de Jesús, la del Espíritu. Y donde está el Espíritu hay vida, unidad y diversidad; hay comprensión, entendimiento y paz; hay profundo asombro y grandes sorpresas. Así es la obra del Espíritu. Amén.

El Rev. Fabio Sotelo es rector de la Iglesia San Eduardo, en Lawrenceville, Georgia, una parroquia bilingüe. El recibió una maestría en Filosofía y Literatura en la Universidad Santo Tomas de Bogotá, Colombia, una maestría en Teología en la Universidad de Santa María, Emmitsburg, Maryland y actualmente prepara su tesis doctoral en Liturgia en la Universidad del Sur, Suwannee, Tennessee.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan

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