Sermones que Iluminan

Domingo de Trinidad (C) – 12 de junio de 2022

June 12, 2022

LCR: Proverbios 8:1–4, 22–31; Salmo 8 o Cántico 6; Romanos 5:1–5; San Juan 16:12–15

La migración de los pájaros es un fenómeno casi milagroso. ¿Cómo es posible que cientos de miles de aves hagan vuelos anuales tan regulares y exactos? La pardela oscura, por ejemplo, es un pájaro de alas largas que puede volar hasta 900 kilómetros por día; todos los años, una bandada de pardelas realiza una migración de catorce mil kilómetros, viajando desde las Islas Malvinas, en el sur de Argentina, hasta una zona norte del océano Atlántico en la costa de Noruega. ¡Todos los años realizan el mismo trayecto y encuentran el mismo sitio del año anterior!

La gente de ciencia ha descubierto que las aves usan una serie de mecanismos para orientar el vuelo, incluyendo un sistema que les permite orientarse según los campos magnéticos de la tierra. Es decir: estos pájaros tienen una brújula incorporada. Esto es algo formidable porque una brújula puede orientarnos sin importar si es de día o de noche, en tiempo apacible o en una gran tormenta.

¿Tenemos nosotros una brújula? ¿Tenemos un sistema de orientación que nos guíe de día, de noche, cuando está nublado e incluso cuando enfrentamos una gran tormenta? La lectura de hoy, del evangelio de Juan, indica el momento en que Jesús les prometió a sus seguidores que recibirían esa brújula. Jesús les dijo: “Cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda verdad”. Aunque el Espíritu de verdad, o el Espíritu Santo, no aparezca mencionado con ese nombre en el Primer Testamento, sí se menciona el Espíritu de Dios que inspiraba a los profetas. Las lecturas de hoy nos invitan a identificar el Espíritu de verdad con esa sabiduría que, según Proverbios, existía con Dios antes de la creación del mundo.

En el evangelio de Juan, Jesús anuncia ese Espíritu de la verdad que les va a enseñar a los discípulos y recordarles todo lo que el Maestro les había enseñado. Jesús, quien se identifica permanentemente con Dios Padre, afirma que el Espíritu Santo -a veces llamado Defensor o Consolador- es continuación de su presencia. Hoy el calendario de la Iglesia celebra el Domingo de Trinidad en el cual recordamos y celebramos el misterio de Dios como comunidad trinitaria: Padre Creador del universo, Hijo redentor Dios encarnado y Espíritu Santo Defensor que nos santifica, nos inspira y nos recuerda las enseñanzas de Jesús. Un solo Dios.

Después de que Cristo ascendió al cielo, la historia de la Iglesia se ha desarrollado en la presencia del Espíritu Santo. Los hombres y mujeres de la Iglesia primitiva, al igual que los de la Iglesia de hoy, sintieron que, mediante el Espíritu Santo, Dios se seguía manifestando. Cuando en el Nuevo Testamento ocurren conversiones, sanaciones, visiones y manifestaciones destacadas de fervor religioso, la Biblia suele indicar que ésas eran manifestaciones del poder del Espíritu Santo. Y en la lectura de la carta a los Romanos, Pablo les dice a los miembros de la Iglesia que ese Espíritu Santo proviene de Dios y nos llena de amor.

Creemos que en la Iglesia seguimos gozando de la compañía del Espíritu Santo. Nos gustaría pensar que él guía todas las decisiones que tomamos como Iglesia e inspira las enseñanzas que impartimos. Pero no todos los líderes religiosos ni todos los miembros de la Iglesia coincidimos en la decisión correcta que se debe tomar en un momento dado o cuál es la mejor manera de interpretar el mensaje de la Biblia en cada caso. Es el ideal que una familia que esté enfrentando una decisión importante ore para que Dios los inspire a tomar una decisión sabia, sin embargo, también es posible que esos mismos padres, hijas e hijos, no se pongan de acuerdo sobre la decisión correcta que deberían tomar. Ante tanto desacuerdo ¿cómo podemos asegurarnos de que estamos recibiendo inspiración de Dios?

Aunque la brújula de Dios es perfecta, la manera en que leemos esa brújula es siempre imperfecta. Por eso es muy importante que recordemos lo que Pablo dijo a los romanos: que el Espíritu Santo nos llena de amor. En Gálatas, Pablo da una explicación todavía más detallada cuando se refiere a los dones del Espíritu: “Lo que el Espíritu produce es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio”.

Más importante que entender con exactitud la inspiración del Espíritu Santo, es que permitamos que ese Espíritu actúe en nosotros. ¿Cómo sabemos que el Espíritu de Dios nos acompaña? Porque vemos sus frutos en nuestra vida y en nuestra relación con los demás. Por ejemplo, si una familia está buscando inspiración divina para decidir si deben mudarse a una nueva ciudad, asegúrense de que en las discusiones y debates haya “amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio”. Sin importar la decisión que tomen, esos amor, alegría y paz, son la prueba de que el Espíritu de Dios acompaña a la familia; sus dones van a hacer que la familia sobreviva cuando encuentren dificultades, incluso si más tarde llegaran a la conclusión de que no tomaron la decisión más sabia.

Una congregación religiosa, misión o parroquia funciona de manera similar. Puede haber desacuerdos, puntos de vista muy diferentes, debates muy fervorosos; pero todos tienen que asegurarse de que predominen el “amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio”. Sin importar las decisiones que tomen como congregación, esos dones y virtudes son la prueba de que el Espíritu de Dios reside en la congregación. Una parroquia así puede sobrevivir decisiones equivocadas, momentos dolorosos, debates acalorados y dificultades de todo tipo.

Algunos líderes religiosos creen que el Espíritu de Dios solamente se manifiesta de manera dramática, por ejemplo, al hablar en lenguas, desmayándose en medio de la adoración o bailando durante la misa; pero el Espíritu Santo nos puede guiar y acompañar de manera más aquietada. El proceso de descubrir la presencia de Dios puede ser suave y sutil: una simple corazonada, un momento muy sencillo de descubrimiento personal, cuando cambiamos nuestro punto de vista y empezamos a ver un problema o situación con ojos nuevos y mayor claridad. ¡Descubrir el Espíritu de Dios es un proceso que nos lleva toda la vida!

Dice el primer libro de Reyes que cuando el profeta Elías estaba buscando a Dios “un viento fuerte y poderoso desgajó la montaña y partió las rocas ante el Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto; pero el Señor tampoco estaba en el terremoto. Y tras el terremoto hubo un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Pero después del fuego se oyó un sonido suave y delicado”. Cuando Elías escuchó ese sonido suave y delicado, se cubrió la cara con una capa, porque sabía que el Espíritu de Dios se manifiesta a menudo en sonidos suaves y delicados, fuera de actos dramáticos y llamativos.

Cuando tengamos que tomar decisiones busquemos siempre que Dios guíe el proceso, busquemos la voz suave y delicada que buscaba el profeta Elías. Y no olvidemos que incluso después de orar y pedirle ayuda a Dios, es posible que tomemos una decisión equivocada o que produzcan tristeza y dolor. Si tenemos fe en Dios, vamos a asumir las consecuencias con humildad, a seguir buscando paz espiritual y a seguir buscando la guía divina.

Dios Trinidad -Padre, Hijo y Espíritu Santo- tiene una armonía perfecta, una unidad que nosotros debemos imitar, aunque no lo logremos de manera completa. Somos más bien como una bandada de pájaros, volando en el medio de la noche, buscando interpretar correctamente la brújula divina; al mismo tiempo sabemos que no estamos volando solos: somos parte de miles de pajaritos y la única manera de ser una bandada, sobrevivir un largo invierno y encontrar nuestra Tierra Prometida, es volando juntos. Por eso debemos alentarnos mutuamente en el trayecto, ayudarnos y decirnos unos a otros, una y otra vez: “a mí me parece que la brújula hoy nos guía en esta dirección”.

Hugo Olaiz es editor asociado de recursos latinos/hispanos para Forward Movement, una agencia de la Iglesia Episcopal.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan