Sermones que Iluminan

Epifanía 2 (A) – 18 de enero de 2026

January 18, 2026

LCR: Isaías 49:1–7; Salmo 40:1–11 (= 40:1–12 LOC); 1 Corintios 1:1–9; San Juan 1:29–42.

La geografía del encuentro

I. El llamado: Una identidad previa al esfuerzo.

El profeta Isaías nos presenta hoy al “Siervo Sufriente”, pero lo hace desde una perspectiva de origen. Antes de que el Siervo hablara, antes de que su lengua fuera como una “espada aguda”, Dios ya lo había nombrado. Hay una verdad teológica profunda aquí: nuestra identidad cristiana no es algo que fabricamos, es algo que Dios ha pronunciado sobre nosotros.

En un mundo que nos exige “ser alguien” a través del éxito, el consumo o la productividad, la lectura de Isaías nos devuelve a la paz del vientre materno. Dios nos llamó desde allí. Sin embargo, el texto no ignora la realidad del desánimo. El Siervo confiesa: “En vano he trabajado”. Ésta es la tensión de la vida de fe: saberse llamado por Dios y, aun así, sentir el peso del fracaso aparente. Pero la promesa de la Epifanía es que nuestra pequeñez no limita a Dios. Si te sientes “poco”, Dios te dice hoy: “Poco es que seas mi siervo… te he dado por luz de las naciones”. Tu valor no reside en lo que logras, sino en Aquel a quien perteneces.

II. El testimonio: El valor de señalar hacia afuera.

En el evangelio de este domingo encontramos a Juan el Bautista en el cumplimiento de su propósito. El Bautista es el modelo del líder cristiano y de la iglesia misma. Él ve a Jesús y no dice “mírenme a mí”, sino: “He aquí el Cordero de Dios”. Este título, “Cordero de Dios”, cargado de simbolismo sacrificial y de liberación, identifica a Jesús como aquel que carga con la fragmentación del mundo (el pecado). Lo impresionante es que los propios discípulos de Juan, al escuchar este testimonio, lo abandonan para seguir a Jesús. Juan no intenta retenerlos. Como iglesia, nuestro éxito no se mide por cuánta gente “tenemos”, sino por cuánta gente hemos ayudado a encontrarse directamente con Cristo. El testimonio cristiano es siempre un acto de humildad: es el dedo que señala hacia la Luz, no la Luz misma.

III. La pregunta y la invitación: “¿Qué buscan?” y “Vengan y verán”.

Cuando los discípulos comienzan a seguir a Jesús, Él se vuelve y les hace la pregunta fundamental de toda la existencia humana: “¿Qué buscan?”. Es una pregunta que atraviesa los siglos. ¿Buscamos seguridad? ¿Buscamos una ideología? ¿Buscamos alivio emocional?

Los discípulos responden con otra pregunta: “Rabí, ¿dónde moras?”. No preguntan qué enseña o qué milagros hace; quieren saber dónde habita, cuál es su realidad cotidiana. Jesús no les entrega un mapa ni un manual de doctrina; les da una invitación a la experiencia: “Vengan y verán”.

La fe episcopal y anglicana se basa precisamente en esto: en la encarnación. No podemos conocer a Dios sólo con el intelecto; debemos “venir y ver”. Debemos participar en la comunidad, en la Eucaristía, en el servicio al prójimo. El discipulado es una cuestión de geografía espiritual: es decidir habitar donde Cristo habita.

IV. La Reacción en Cadena.

Finalmente, vemos las consecuencias de este encuentro. Andrés busca a su hermano Simón. El encuentro con Jesús es tan expansivo que no puede ser contenido individualmente. San Pablo, escribiendo a los Corintios, nos recuerda que este llamado nos une a “todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo”. Estamos conectados por una gracia que nos fue dada antes de los tiempos. Pablo asegura que Dios es fiel y que Él nos mantendrá firmes hasta el fin. No somos santos porque seamos perfectos, sino porque hemos sido “santificados en Cristo Jesús” y llamados a participar en su vida. La Epifanía se completa cuando el “Ven y verás” de Jesús se convierte en nuestro propio “Ven y verás” para el mundo.

Reflexionemos: 

Sobre la Identidad: En la lectura de Isaías, el Siervo siente que ha trabajado en vano. ¿En qué áreas de nuestra vida o de nuestra fe sentimos que nuestros esfuerzos no dan fruto? ¿Cómo cambia nuestra perspectiva el saber que Dios nos llamó desde antes de nacer, independientemente de nuestros resultados?

Sobre el Deseo: Jesús pregunta a los discípulos: “¿Qué buscan?”. Si Jesús se presentara hoy y nos hiciera la misma pregunta, ¿cuál sería nuestra respuesta honesta? ¿Qué es lo que realmente anhela nuestra alma en esta etapa de nuestra vida?

Sobre la Morada: Los discípulos querían saber dónde vivía Jesús. ¿Dónde encontramos la “morada” de Dios en nuestra vida cotidiana? ¿En el silencio, en la liturgia, en el rostro de los necesitados o en la comunidad?

Sobre el Testimonio: Andrés invitó a su hermano Simón (Pedro) a conocer a Jesús. ¿Quién fue el “Andrés” en nuestra vida que nos invitó a “venir y ver”? ¿A quién nos sentimos llamados a invitar, no con grandes discursos, sino compartiendo nuestra propia experiencia de fe?

Sobre la Gracia: San Pablo afirma que no nos falta ningún don mientras esperamos la manifestación de nuestro Señor. ¿Cuáles son los dones que vemos en nuestra comunidad parroquial que pueden servir para ser “luz de las naciones” en nuestro barrio o ciudad?

El Rev. Franklin Morales, es el Canónigo para los Ministerios Latinos e Hispanos de la Diócesis Episcopal de Carolina del Norte, es Oriundo de Venezuela y ha estado sirviendo a su Diócesis por casi dos años.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan

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