Sermones que Iluminan

Epifanía 5 (A) – 8 de febrero de 2026

February 08, 2026

LCR: Isaías 58:1-9a, (9b-12); Salmo 112:1-9, (10); 1 Corintios 2:1-12, (13-16); San Mateo 5:13-20.

“Sin embargo, nosotros tenemos la mente de Cristo”.

Hoy la Iglesia se encuentra casi al final del tiempo después de Epifanía, en el domingo que anteriormente llamábamos Sexagésima por estar más o menos a sesenta días de la Pascua de Resurrección. Antiguamente las tres semanas anteriores al Miércoles de Ceniza formaban su propio tiempo litúrgico pre-cuaresmal, marcado por un carácter muy penitencial que contrastaba totalmente con la época seglar del carnaval. Las lecturas bíblicas hoy conservan ese aspecto penitencial y nos van instruyendo en cómo entender la voluntad de Dios y cómo vivir de acuerdo con la mente de Cristo. 

En el Antiguo Testamento leemos una sección de Isaías en la que el profeta convoca al pueblo de Israel al ayuno y a la conversión; sin embargo, no es cualquier ayuno al que nos insta. El ayuno que Dios quiere consiste en “romper las cadenas de la injusticia” y “desatar los nudos del yugo”, es “liberar a los oprimidos” y “acabar con toda tiranía”.  Y más que esto, es “compartir el pan con los hambrientos”, “dar techo al pobre”, “vestir al desnudo” y “socorrer a los semejantes”. Según Isaías, el Señor, el Dios de Israel prefiere que hagamos según la justicia y actuemos desde la compasión y la misericordia a que sólo cumplamos con los ritos religiosos -por muy importantes que éstos sean-. Cuando hacemos desaparecer toda opresión y ayudamos a los afligidos en su necesidad, nuestra luz brillará en la oscuridad y nuestras sombras se convertirán en luz de mediodía. En fin, el profeta nos recuerda que nuestras medidas penitenciales deberían movernos a tener compasión y ejercer la misericordia. 

El salmo también nos describe la dicha de los justos, de los que verdaderamente teman a Dios y se deleitan en sus mandamientos. Según el salmista, los justos gozarán de grandes bendiciones, incluso bienes y riqueza, y su generación será llamada bendita. Sería fácil quedarnos con la impresión de que ser rico es sinónimo de ser justo delante de Dios, pero sería una equivocación grave porque el salmista sigue alabando la dicha de los justos: “Su benevolencia permanecerá para siempre”, “los justos son clementes y compasivos”, “han repartido liberalmente al pobre, y su generosidad permanece para siempre”.  Los rectos de corazón, los que son bendecidos por Dios, son los que comparten con el necesitado y ejercen la compasión. En contraste, los malvados se enojan, celando la liberalidad de los generosos y haciendo malas caras. Al final, Dios quiere que seamos compasivos con los demás porque la generosidad y la caridad triunfarán y el deseo del mezquino y codicioso fracasará. 

En las lecturas del Nuevo Testamento leemos, de la Primera Carta de San Pablo a los Corintios, que el apóstol no predicaba con palabras muy sutiles o sofisticadas, sino con franqueza y sencillez, porque quería dar a conocer el mensaje de Cristo crucificado. Este evangelio no requiere ni artimañas ni espectáculos para ser convincente porque depende del poder de Dios, y la gente lo recibe por fe en Cristo quien se hace manifiesta en la predica del mensaje. Para los primeros cristianos, y para nosotros hoy, el Señor Jesús -el Señor Crucificado- es el mayor ejemplo de compasión y caridad al entregarse a la cruz por nuestros pecados, y al pedir al Padre que nos perdonara. Por esa razón, San Pablo quiso predicar a Cristo crucificado a exclusión de otros mensajes. 

El apóstol creía que la entrega, el compromiso y el amor de Jesús en la cruz eran el mensaje que el Espíritu de Dios le había enseñado. Al creer en este mensaje, los fieles comenzaban a crecer en la sabiduría espiritual a partir del evangelio y a conocer más de las cosas Dios a través de la presencia del Espíritu Santo que les iba formando la mente de Cristo. Nosotros también vamos formando la mente de Cristo en la medida en que crecemos y maduramos a la luz de la vida del Crucificado, reflejando su compasión por los demás.

En el Evangelio según San Mateo, Jesús nos enseña cómo vivir si deseamos reflejar la voluntad y la justicia de Dios. Con nociones muy parecidas al mensaje de Isaías, nos enseña que debemos ser sal y luz para este mundo. Ser sal y ser luz es dejar una marca en el mundo que nos rodea, es permearlo todo con nuestro sabor a Cristo e iluminarlo con la luz que Cristo nos ha dado con su vida, espantando a las tinieblas y al miedo. “No se enciende una lámpara para ponerla bajo un cajón…” Sal y luz también son purificadores, se utilizan para esterilizar el agua y para quitar las manchas. El pueblo cristiano está llamado a cambiar al mundo con su testimonio y su presencia. 

También dice el Señor que debemos poner en práctica el mensaje de la ley y de los profetas y obedecer a Dios y los mandamientos. El mensaje de la ley recibe su pleno valor en Cristo, pues toda la exigencia de Dios se cumple en la vida y las enseñanzas de Jesús crucificado y resucitado: amar a Dios y amar al prójimo, mostrar compasión y compartir con el necesitado, y así caminar según la justicia y la rectitud, es lo que Jesucristo hizo durante su ministerio. Él pide que hagamos lo mismo y que lo hagamos de una manera que supere a la justicia de los maestros de ley de su tiempo.  

Vivir de acuerdo con el ejemplo de Cristo, seguir la justicia y superar la rectitud de los que tenían fama de expertos en la ley de Dios, requiere más que de un simple esfuerzo continuo, requiere fe en el Crucificado y un cambio profundo de nuestro corazón; requiere que pidamos al Espíritu de Dios transformar nuestra manera de pensar y de ver la vida, y que nos libre de la esclavitud de nuestros pecados para brillar con la luz del Señor. Sólo entonces podremos decir con el apóstol: “Pero también nosotros tenemos la mente de Cristo”. Amén. 

El Rvdo. Dr. Jack Lynch es un presbítero de la Diócesis Episcopal de Long Island y Vicario de la histórica Saint Mary’s Episcopal Church, Brooklyn, Nueva York.  

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan

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