Sermones que Iluminan

Epifanía 6 (A) – 2020

February 17, 2020


En cierta ocasión una persona estaba llenando un crucigrama y preguntó: ¿Qué palabra de cuatro letras significa una reacción emocional muy fuerte hacia una persona difícil de tratar? Alguien que pasaba por allí dijo: “La respuesta es: ´odio´”. De repente, una señora que estaba muy cerca escuchó la respuesta y grito: “¡No, la respuesta es: ´amor´!”. En la vida, cada uno de nosotros se encuentra a menudo llenando ese mismo crucigrama. Sin embargo, aunque las dos respuestas encajan, la forma de responder solo dependerá de cada uno.

La lectura del libro del Eclesiástico nos recuerda esta misma verdad: nosotros tenemos la opción de elegir entre la vida y las adversidades. Elegir la vida significa que reorganicemos nuestras acciones de tal forma que respetemos la dignidad de cada ser humano y, a su vez, que nuestra vida en comunidad ofrezca un espacio para que toda persona pueda experimentar el amor y la gracia de Dios. No existe mayor mandamiento para la Iglesia de Dios que el mandamiento de Jesús de amarnos los unos a los otros como él nos ama. Jesús nos asevera que, a través de ese amor, otros sabrán que somos sus discípulos.

Y es precisamente éste el ángulo desde el cual debemos entender las palabras de Jesús en el evangelio de hoy. Mateo nos presenta una porción de lo que tradicionalmente conocemos como el Sermón de la Montaña. En él Jesús aborda temas tales como la ira, el asesinato, los deseos carnales, el adulterio y el jurar en falso. Aunque cada uno de estos tópicos requeriría un estudio y exposición por separado, es importante notar que, en su conjunto, ofrecen una oportunidad para reflexionar sobre lo que significan hoy para nuestra vida comunitaria.

Sin embargo, se hace necesario aclarar que, versículos antes al pasaje de hoy, Jesús había manifestado que no había venido a abolir la ley, sino a llevarla a su máxima realización, a su cumplimiento. No se trata, en absoluto, como algunos creyentes suelen pensar, que Jesús está suavizando la Ley y los mandamientos dados a través de Moisés. Jesús no está diciendo que interpretemos los “diez mandamientos” como las “diez sugerencias”. Por el contrario, lo que Jesús hace es acudir a la autoridad de las Escrituras para ofrecer una nueva interpretación de la Ley, la cual se basa en la ética del amor y la reconciliación; por eso, hoy nos alerta con estas palabras: “Así que, si al llevar tu ofrenda al altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí mismo delante del altar y ve primero a ponerte en paz con tu hermano. Entonces podrás volver al altar y presentar tu ofrenda.”

Jesús, en lugar de enfocarse en acciones tales como matar, cometer adulterio, divorciarse y jurar en falso, orienta, más bien, su enseñanza a los riesgos que estos actos representan para la unidad de nuestra vida comunitaria. Nos invita a reflexionar en sus consecuencias, en el mal que ellos nos hacen. De ahí que la manera en que nos relacionamos e interactuamos unos con otros en nuestra vida diaria sea un elemento crucial en la vida espiritual como comunidad de fe; Jesús nos invita a que aceptemos el amor mutuo y la reconciliación como los medios que inspiran e informan el modo en que nos tratamos los unos a los otros.

La reconciliación es un acto que intenta reparar una relación quebrantada. Jesús nos enseña que restaurar nuestras relaciones es más importante que hacer ofrendas de sacrificio. Es esta misma perspectiva de la reconciliación humana a la que Jesús nos invita a reflexionar con respecto a toda acción que hace que las relaciones humanas sean quebrantadas. Para Jesús la importancia de las relaciones humanas está por encima de legalidades o reglas sociales.

Si tomamos el divorcio, por ejemplo, nos daremos cuenta de que es algo muy doloroso en la vida de cualquier persona involucrada en el proceso. Es imposible concebir a una pareja, sus hijos, familia, amistades o comunidad, disfrutando o sintiéndose inmunes ante el dolor causado por el divorcio; se trata de un proceso lleno de momentos amargos y de dolor por el quebrantamiento de una relación. El amor de Cristo nos ofrece el modelo para ser y actuar de tal forma que nuestras relaciones sociales e íntimas se fundamenten en el amor y respeto mutuo.

La vida nos presenta muchos retos a veces difíciles de sortear. No existen soluciones mágicas para asumir el sufrimiento, la soledad, la pena y el dolor que podamos estar atravesando. Pero hay esperanza, y está basada en el papel que, como comunidad de fe, estamos llamados a ejercer a través del ministerio de la reconciliación y siguiendo el modelo de la nueva ética del amor a la cual Jesús nos invita a participar. Jesús insistió en esa nueva ética de amor como la forma de mantener nuestras relaciones humanas y nuestra relación con Dios. La misma vida de Jesús es el modelo primordial a imitar. Jesús buscó formas de expresar el amor ilimitado e incondicional de Dios. Esta nueva ética de Jesús nos invita a amar a otros de la misma forma que Dios nos ama: pacientemente, con misericordia, extendiendo oportunidades para el perdón y la reconciliación y procurando el bienestar común.

Algunos piensan que quienes asistimos a la iglesia somos una especie de “santos” que no necesitamos la guía y gracia de Dios. Pero, sabemos que no es cierto; la vida suele ser más compleja de lo que quisiéramos y las relaciones humanas, tanto dentro como fuera de una comunidad de fe, pueden ser un verdadero reto a la fe que profesamos. Nuestro consuelo nos llega en la convicción de que Dios es un Dios relacional, que no nos creó para estar aislados, enojados, apartados, llenos de resentimientos y desconfianzas, de heridas y sufrimientos, sino para que en comunidad podamos experimentar la gracia y el amor de Dios. La verdadera esperanza -y debemos atrevernos a decir que es también la esperanza de Dios-, es que podamos activar esa misma gracia y amor dentro de nosotros y crear juntos no solo una comunidad de amor, saludable y prendida en la llama del amor, sino también que reconozca que Dios es una fuente inagotable y creativa de amor de quien surge un poder relacional que nos da un sentido de comunidad único; un sentido en el cual dejamos de ser una raza humana para convertirnos en una gran familia humana.

Hermanos y hermanas, Dios en su Palabra nos pide hoy que elijamos entre el odio y el rencor, entre el amor y el perdón. No obstante, las dos opciones siempre estarán a nuestro alcance; la forma de responder solo depende de cada uno.

El Rvdo. Abel López es Rector en Episcopal Church of the Messiah – Santa Ana, CA.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan