Sermones que Iluminan

Epifanía 7 (A) – 2011

February 20, 2011


En una ocasión un líder de una organización dio un informe sobre los muchos obstáculos y limitaciones que su organización tuvo que enfrentar para continuar sirviendo a niños desamparados. A medida que este presentaba el informe sobre las decisiones, cambios y formas creativas de lidiar con tantos problemas, todas las personas presentes estaban impresionadas por la efectividad y perseverancia de su liderazgo, así como del profundo amor y dedicación del líder por crear un mundo mejor para esos niños.

Después de concluir el informe una persona le preguntó: “Todo este informe nos da una imagen muy impresionante de tu gran liderazgo y amor, pero pudieras comentarnos cuál fue la causa de tanto éxito. El le respondió: “Existen dos modelos de personas en el mundo. El del que dice: ‘lo creeré cuando lo vea’, y el del que manifiesta: ‘lo creo porque ya lo puedo ver’”.

Luego continúo exponiendo: “A veces nos sentimos paralizados frente a las crisis, problemas y limitaciones de la vida y pensamos que nuestro esfuerzo no podrá lograr ningún cambio. Es importante que ante este tipo de situaciones nos pongamos en contacto con nuestras motivaciones más profundas de donde brota la pasión y la energía y de ahí nos nace una visión que nos hace capaces de imaginar el mundo no como es, sino como debiera ser. Una vez que logras a tener una visión alternativa de las cosas, toda tu vida, tu energía se pone en función de hacerla una realidad”.

Si pensamos en las cosas buenas y en las obras de amor que suceden en nuestro mundo, lo más seguro es que encontremos personas visionarias y llenas de amor; personas que tuvieron una visión de cómo las cosas debían ser, en vez de cómo eran, pusieron sus recursos, talentos, creatividad y energía al servicio de esa visión hasta hacerla una realidad. Este tipo de personas no suelen quedarse con los brazos cruzados ante las vicisitudes de la vida, ante la violencia, la opresión y ante las acciones que nos deshumanizan.

La visión y el amor, son cualidades esenciales de liderazgo en todas las esferas de la vida; son esenciales en líderes religiosos, en los políticos, educadores, médicos y científicos, por solo nombrar algunos. El libro de Proverbios resume esta idea de visión cuando dice: “Donde no hay una visión, el pueblo perece”.

Cuando observamos de cerca la vida y ministerio de Jesús nos damos cuenta de que en el centro de su vocación existe un llamado a hacer tangible el amor incondicional y abundante de Dios en la vida de todas las personas. El amar es de Dios, y nuestro llamado es a amar de la misma manera que Dios nos ama a nosotros. En el pasaje del evangelio de hoy, Jesús nos dice que para ser hijos e hijas de Dios tenemos que amar incluso a nuestros enemigos; porque Dios hace salir el sol tanto sobre los buenos como sobre los malos y hace que llueva tanto para los justos como para los injustos. Jesús reinterpreta las Escrituras y las corrige a la luz del verdadero propósito de Dios para toda la creación. Jesús ofrece una visión alternativa a nuestras formas de ser, pensar y actuar. Su visión alternativa está basada en el modelo del amor de Dios hacia toda la humanidad. Debemos imitar ese amor.

Jesús nos pide que amemos a nuestros enemigos, que oremos por quienes nos persiguen y que no respondamos en la misma forma a aquellos que nos atropellan. Sin lugar a dudas, lo que Jesús nos está pidiendo nos parece demasiado radical y muy difícil de aceptar. Quizás algunos piensen que sería mejor olvidarnos de las promesas que hicimos en nuestro pacto bautismal de respetar la dignidad de cada ser humano. Quizás algunos prefieran ignorar este difícil mandamiento del amor que Dios nos ha dado. Pero si vamos a ser fieles seguidores de Jesús y de la fe que profesamos en Dios, quizás lo que necesitamos hacer es, enraizar nuestras motivaciones en un amor profundo del cual brote una visión alternativa y así poder imaginar el mundo no como es, sino como debe ser, y poner todos nuestros recursos y energía en función de lograr esa alternativa.

Lo cierto es, y es lo que parece que Jesús nos está diciendo, que si actuamos con la misma violencia con que otros puedan actuar hacia nosotros, nos estaremos convirtiendo en ellos y estaremos perdiendo nuestra identidad como hijos e hijas de Dios. Alguien dijo una vez que si llevamos a práctica la filosofía del “ojo por ojo” el mundo entero estaría ciego. Jesús nos enseña que la manera de ser de Dios y a la cual nosotros estamos llamados a imitar no se basa en la venganza ni en la violencia, sino en el amor, el perdón y la retribución.

El erudito bíblico, Walter Brueggemann desarrolla el concepto de la ‘Imaginación profética’ el cual describe como la maravillosa habilidad de imaginarse las promesas de Dios hechas realidad. Desde el punto de vista de este autor, los profetas y Jesús ejercieron ese tipo de imaginación profética al ser capaces de imaginarse y tener una visión de la realidad diferente a las creencias y enseñanzas de su tiempo. Ellos sabían, o llegaron a reconocer, a través de sus gozos, sufrimientos y experiencias personales con Dios, a Dios como un establecedor de la paz, como una calma en medio de la tormenta, como liberación para los oprimidos, y con la capacidad de enaltecer y aceptar hasta los más pequeños entre nosotros. Y este es precisamente el llamado que él nos hace en el evangelio de hoy. Jesús nos invita a imaginar el mundo de una forma radical, y basada en el amor.

Mis amigos, existen muchas situaciones en la vida donde sentimos que nuestro amor por los demás y nuestra compasión por otros representan un riesgo para nosotros mismos. A menudo sentimos miedo y nos paralizamos de tal forma que el miedo y la ira se posesionan de nosotros y respondemos con violencia y venganza. Muchos gobiernos y hasta instituciones religiosas saben cómo explotar nuestros miedos y nos inducen a responder de la misma forma. Pero Jesús, nunca nos va a pedir que le demos la espalda al amor y a la compasión. Jesús nunca dejará de infundir en nuestra vida una visión alternativa para responder con amor. Dios es amor, y la visión de Dios para el mundo es una visión basada en el amor.

La alternativa que Jesús nos ofrece, como líderes visionarios, es que enraicemos nuestras acciones y ministerios en el amor y la justicia de Dios. Jesús creyó en esto porque Jesús lo pudo ver, lo pudo sentir tanto en su corazón como en su mente, y por eso ofreció una visión alternativa ante las formas opresivas del Imperio Romano. Jesús sigue ofreciendo esa visión ante los sistemas de opresión de nuestro tiempo y ante las instituciones y leyes que nos roban nuestra propia dignidad humana.

Ante el cinismo de nuestro tiempo, con expresiones como: “Creeré en la justicia de Dios cuando la vea” es un imperativo para nosotros, como Iglesia, ser la voz de esperanza que diga: “Creemos en la justicia de Dios porque ya la vemos, la sentimos y estamos ofreciendo nuestra vida, nuestros recursos, tiempo y talentos hasta hacerla una realidad”.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan