Pascua 4 (A) – 26 de abril de 2026
April 26, 2026
LCR: Hechos 2:42–47; Salmo 23; 1 Pedro 2:19–25; San Juan 10:1–10.
Celebramos hoy el cuarto domingo de Pascua y, en el Evangelio, Juan nos presenta a Jesús utilizando una metáfora para referirse a sí mismo: “Yo soy la Puerta”, y continúa diciendo: “el que por mí entre, se salvará. Será como una oveja que entra y sale y encuentra pastos. Esta comparación de Jesús con una puerta es parte de las que podríamos llamar las siete autodeclaraciones en el Evangelio de Juan: “Yo soy el Pan de vida” (6:35), “Yo soy la Luz del mundo” (8:12), “Yo soy la Puerta” (10:9), “Yo soy el Buen Pastor” (10:11), “Yo soy la Resurrección y la vida” (11:25), “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (14:6) y “Yo soy la vid” (15:5). Estas declaraciones de Jesús hacen una referencia extraordinaria a la declaración que encontramos hecha por Dios a Moisés en el libro del Éxodo: “YO SOY EL QUE SOY. Y dirás a los israelitas: “YO SOY me ha enviado a ustedes”. Aquí encontramos la raíz teológica del Evangelio de Juan: presentarnos a Jesús como el Salvador, el Hijo de Dios con toda su divinidad, no sólo como el Verbo por el que son creadas todas las cosas, sino también como sustentador y protector de la vida. “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” va a concluir Jesús diciendo en el evangelio.
¡Qué maravillosa promesa! Jesús va a estar presente, entonces, en toda la vida de los que creen en él. No sólo va a ser la puerta por la que las ovejas entran y salen, será también el Buen Pastor que las guía, será el camino que recorren y será los verdes pastos de los que ellas se alimentan. Las primeras comunidades cristianas comprendieron muy bien esta enseñanza de Jesús, de tal forma que, nos dice la primera lectura de los Hechos, los nuevos bautizados eran devotos a las enseñanzas de los Apóstoles, a la oración y a la fracción del pan. Además, muchos ponían sus bienes en común para el beneficio de todos y cada día crecía el número de creyentes.
La imagen de un grupo de ovejas siguiendo a su pastor es una de las imágenes más comunes con las que se ha comparado al pueblo de Dios en la Sagrada Escritura. La figura de la oveja es mencionada más de doscientas veces en la biblia, más que cualquier otro animal, y es que la oveja era una figura importante para el pueblo porque les proveía no sólo la lana, sino también de leche y carne para las familias. Las ovejas siempre sirvieron como símbolo para referirse al pueblo de Dios, y los profetas Isaías y Ezequiel van a hacer también bastante uso de este recurso en sus profecías.
Jesús resucitado se nos presenta, entonces, como aquella “Puerta” por la que todos tendremos que pasar en algún momento de nuestras vidas, aquel “Buen Pastor” junto al cual todos nos reuniremos sin importar nuestra condición de vida. Todos como ovejas de su rebaño reunidas alrededor del Buen Pastor que nos llama por nuestros nombres, sin excepción, irán a Él; los discípulos que le negaron, aquellos que le traicionaron, los que se encerraron en sus casas, los que desaparecieron por miedo, los que huyeron después de la resurrección, todos serán reunidos nuevamente por Jesús, Buen Pastor. Y nosotros también. No importa donde nos encontremos, ni hasta donde hallamos huido, o que tan autosuficientes nos sintamos en el camino de la vida, todos vamos a pasar por esa puerta y todos escucharemos la voz del Buen Pastor, Cristo Jesús, y nos reuniremos junto a Él.
Este Domingo, en el que continuamos celebrando la gloriosa resurrección de Jesús y le reconocemos como el Buen Pastor, viene bien una historia de la vida real que puede ayudarnos en esa búsqueda de reconocer a Jesús como aquel que ha venido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. En una ocasión dos hombres fueron invitados a recitar, frente a una gran audiencia, uno de los salmos más hermosos de la Sagrada Escritura, y demostrar, de esta manera, sus destrezas. Era el Salmo 23. Uno de los invitados era un reconocido orador con mucha experiencia y había sido entrenado en técnicas de discursos y drama; el otro no tenía ninguna experiencia en oratoria, solamente era una persona dispuesta a participar. El primero comenzó a recitar el salmo de una forma increíble, con fuerte voz y mucha destreza, hasta de forma dramatizada; cuando terminó su participación, toda la audiencia comenzó a aplaudir, pusieron de pie y pedían que lo repitiera para escuchar nuevamente su maravillosa voz.
Luego le tocó el turno al otro hombre, algo mayor edad, que con una voz temblorosa y un poco después con lágrimas en sus ojos, decía: “El Señor es mi pastor; nada me falta. En verdes praderas me hace descansar, a las aguas tranquilas me conduce, me da nuevas fuerzas y me lleva por caminos rectos, haciendo honor a su nombre. Aunque pase por el más oscuro de los valles, no temeré peligro alguno, porque tú, Señor, estás conmigo; tu vara y tu bastón me inspiran confianza. Me has preparado un banquete ante los ojos de mis enemigos; has vertido perfume en mi cabeza, y has llenado mi copa a rebosar. Tu bondad y tu amor me acompañan a lo largo de mis días, y en tu casa, oh Señor, por siempre viviré”. Cuando terminó, todo el auditorio estaba en silencio, nadie aplaudió, nadie se puso de pie, las personas estaban desorientadas. Entonces el primer orador se puso de pie y dijo: “Tengo una confesión que hacer. La diferencia de lo que ustedes escucharon de mí y de mi amigo es una sola, yo conozco muy bien el Salmo 23, pero este amigo nuestro, él, conoce muy bien al Pastor del rebaño”.
Sigamos al Buen Pastor, seamos comunidades de fe valientes, compartamos el pan con el necesitado, luchemos por la justicia y la paz, respetemos la dignidad de todo ser humano, seamos constantes en la escucha de la enseñanza, la oración, la fracción del pan, en ser mensajeros de la Buena Noticia de salvación, y veremos crecer en número y testimonio a todos los que forman parte de nuestras iglesias.
El Rvdo. Francisco Valle, sacerdote salvadoreño, es rector de la iglesia multicultural – Episcopal Church of Our Saviour, en Silver Spring, Maryland. Diócesis Episcopal de Washington D.C.
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