Pascua 5 (A) – 3 de maio de 2026
May 03, 2026
LCR: Hechos 7:55–60; Salmo 31:1–5,15–16; 1 San Pedro 2:2–10; San Juan 14:1–14.
“La Casa del Padre”
El evangelio para hoy comienza con palabras de consolación y esperanza: “No se angustien ustedes. Crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchos lugares donde vivir”. Esta porción se encuentra después de la Última Cena cuando Jesús predice la traición de Judas, la negación de Pedro, y lava los pies a sus discípulos dando ejemplo del servicio que debe distinguir a los seguidores de Jesús.
Siendo que Jesús se está despidiendo de ellos y que las seguridades de los discípulos parecen tambalearse, la invitación a creer en Dios y en Cristo se convierten en certezas duraderas. Jesús es un maestro diferente, él ofrece las herramientas que otros maestros no conocen, cuando pide: “Crean en Dios y crean también en mí”. Confirma que el remedio para el dolor, la ansiedad, la angustia y cualquier obstáculo humano está fuera de nuestras propias fuerzas. El principal impedimento que nos frena para tener paz en nuestro corazón es la incredulidad y la incapacidad de confiar y aceptar la presencia de Dios y su intervención de una manera que es incomprensible y está fuera de nuestro control.

El requisito de creer y confiar en Dios y en Jesús está a la base de nuestra relación con él y fundamenta toda nuestra vida cristiana y espiritual. Aun así “creer y confiar” no es siempre uno de nuestros atributos humanos más fuertes; las narraciones pascuales de la resurrección confirman como la duda, el desconcierto y la incapacidad de entender, llevan inicialmente a los discípulos a conclusiones de incredulidad y negación. De aquí que el resucitado tiene que aparecerse muchas veces y en diferentes ocasiones para que ellos puedan ver, tocar y experimentar que realmente es Jesús resucitado.
Para los seguidores de Jesús el acto de creer, en cuanto reconocimiento de que Dios es real, está anclado en la comunión Trinitaria que reconoce a Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Cuando Jesús requiere que el discípulo crea en Dios y crea en Él, anticipa su respuesta posterior a Felipe: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre… Créanme que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí” (Jn 14:9-11). Aquellos que conocen y confían en Dios descubren cómo la presencia espiritual y material de Dios impregna todas las realidades humanas hasta el punto de reagrupar todo lo que Dios es en un solo principio distintivo: el amor.
Este amor se manifiesta en la convicción de que, incluso después de su partida, Jesús sigue cuidando y pendiente de sus discípulos cuando les promete a ellos y a todos los creyentes que va a regresar y que los llevará a un lugar que él ha preparado en la Casa del Padre. La liturgia de la Iglesia ofrece y utiliza este Evangelio como texto sugerido para funerales y memoriales de difuntos, pues demuestra el amor infinito de Dios por sus hijos e hijas que supera la muerte misma. Este evangelio nos debe llenar de esperanza porque confirma que tendremos un lugar en la Casa del Padre, y debe reforzar nuestra fe sobre el lugar donde están nuestros hermanos y hermanas difuntos. Al contrario de considerar que nuestros seres queridos y los difuntos están en el reino del olvido y el abismo, escuchamos la descripción del buen lugar donde los encontraremos, en una de las muchas viviendas preparadas para ellos en la Casa del Padre.
Para entrar en la Casa del Padre debemos creer. Tomás expresa una pregunta que parece práctica, pero que denota su incapacidad para confiar y creer: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino?” (Jn14:5). La Casa del Padre es un lugar que Tomás, los discípulos y los creyentes no pueden describir o del cual conocen el camino, porque es un lugar futuro y definitivo al que sólo se puede acceder a través de nuestra relación personal de “creer y confiar” en el Padre y en Jesús. Tomás busca un lugar físico donde puede ir, imagina una ruta que lo lleva allí. Jesús deja muy claro que el único acceso al Padre es a través de Jesús mismo, de manera similar a lo que escuchamos la semana pasada cuando dijo: “Yo soy la puerta para las ovejas”. Jesús afirma: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre.” (Jn 14:6).
Frente a esta inmensa declaración es importante para nosotros reconocer que el camino, la verdad y la vida de Jesús no son una alternativa u otra opción. Él es nuestra única oportunidad si queremos entrar en la Casa del Padre, la única respuesta a la felicidad humana y el objetivo principal en la vida para convertirse en todo lo que Dios nos ha creado para ser. Si no entendemos cómo será o cuánto debemos creer es importante para nosotros escuchar y obedecer las palabras de Jesús: “No se angustien ustedes. Crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchos lugares donde vivir” (Jn 14:1-2). Esta petición y promesa es también nuestro destino final. Amén.
El Rvdo. Dr. Fabián Villalobos es Rector en la Iglesia St. Peters Episcopal Church en Perth Amboy en la Diócesis de New Jersey.
¡No olvide suscribirse al podcast Sermons That Work para escuchar este sermón y más en su aplicación de podcasting favorita! Las grabaciones se publican el jueves antes de cada fecha litúrgica.


