Sermones que Iluminan

Pentecostés 3 (A) – 21 de junio de 2020

June 21, 2020


“Debes amar el tiempo de los intentos”. Estas palabras, del cantautor cubano Silvio Rodríguez, nos hacen mirar la maravillosa aventura de transitar la experiencia del discipulado de Jesucristo, no desde rigorismos estáticos sino desde la propia relación con el Maestro que nos invita a su seguimiento, el cual implica discernimiento permanente para hacer realidad, en nuestras vidas, que nos vamos conformando día a día según los mismos sentimientos de Cristo Jesús.

La Pandemia continúa manifestando sus efectos. Algunos de ellos permanecerán durante un tiempo prolongado. Y es aquí y ahora donde nuestro discipulado en Jesús de Nazareth nace y se desarrolla o simplemente muere. Para algunos las adversidades son oportunidad para confiar más en Dios, para encontrar creativamente nuevas alternativas; para otros el lugar dónde quedar paralizados, es decir, una suerte de muro infranqueable que impide ver o descubrir nuevos horizontes. Durante y después de una realidad de fuerte impacto, como puede ser una Pandemia, las personas, especialmente las más indefensas, son más afectadas. Sin embargo, hay algo que depende de nosotros y es desde dónde nos paramos para seguir caminando y construyendo futuro. No sabemos exactamente cuál es la situación vital de los demás en este momento, cuáles son sus principales dolores, desafíos o alegrías, pero sí sabemos que ser discípulas y discípulos de Jesús en este tiempo ha de ser un motor, una plataforma para no quedarnos anclados sino para cultivar nuestra vivencia de Dios como una raíz llena de savia que inunda nuestra existencia y nos moviliza, nos impulsa a la luz del horizonte que nos convoca.

El texto del evangelio de Mateo, que la liturgia nos propone este domingo, evidencia la invitación a comprometernos de tal modo con la persona y la propuesta de Jesús de Nazareth que asumamos sus mismas causas, aquello que lo llevó a su destino de muerte y vida, de tal manera que expresemos nuestro radical vínculo de comunión con Él.

En primer lugar, escuchamos que el texto bíblico expresa que el discípulo no está por encima de su maestro, o el siervo por encima del amo. Dicho de otro modo, el discipulado es una actitud constante. Esto rompe la lógica común en el tiempo de Jesús, y también en el nuestro, en el que el aprendiz luego de recibir toda la instrucción de su maestro busca otro que le otorgue nuevos conocimientos y así sucesivamente, en una suerte de escalera, hasta convertirse en la referencia obligatoria para otro. Es decir, en la relación con Jesucristo, nuestro discipulado es continuo, permanente, en él Dios se hace compañero de camino y nosotros aprendemos a descubrir sus huellas y sus pasos a lo largo de la vida.

Un segundo elemento, digno de mención, es la invitación a no tener miedo. El miedo paraliza y el seguimiento nos desafía a andar. Es tarea del discípulo desarrollar la fe en su maestro. No se trata sólo de creer en Dios, se trata de creerle a Dios. Más en concreto, de creer a la persona de Jesús y, en su persona, confiar en Dios y asumir su propuesta reconociéndolo en la cotidianidad.

Luego, en un tercer momento, el evangelio destaca la importancia de profesar públicamente a Jesús de Nazareth como Dios con nosotros. El evangelio reconoce la realidad del conflicto y las tensiones por esta confesión. Si miramos el texto desde los discípulos de la primera hora, es aún más elocuente: asumir la ruptura real con elementos y prácticas del judaísmo significaba reconocer la inevitable adhesión al Reino de los Cielos, como lo llama Mateo, y a su vez descubrir las características propias del Dios que de este Reino emergen cuyas notas principales, según este evangelista, son divergentes con el Dios del Primer Testamento. Por lo tanto, la insistencia en la radicalidad del discipulado se vuelve patente en los versículos finales del texto.

Estamos reflexionando sobre el modo de ser discípulas y discípulos. No existe una espiritualidad de la cruz, de la fraternidad o de la pobreza. Existe una espiritualidad del seguimiento de Cristo que define nuestra identidad como discípulos, la cual se expresará en diversos momentos: en la cruz, en espacios de fraternidad, en tiempos de pobreza, etc.

El discipulado implica radicalidad espiritual. Ésta, propia de los primeros cristianos, también debe ser una nota específica de aquellos que nos definimos como parte y continuación del movimiento de Jesús. Esta radicalidad tiene sus ejes en el compromiso con Jesucristo, el cuál sintetizó su mensaje en la prédica del Reino cuyo contenido es vida digna para todas las personas.

El discipulado no nos pone en un nivel diferente a las otras personas, por el contrario, nos hace partícipes de la misma realidad con todos los demás. Lo que hace la diferencia es el sentido con que vivimos la misma realidad. Aquella persona que ha optado por creerle a Dios y a su mensaje es capaz de vivir y anunciar la fe, la esperanza y el amor.

Ser discípulas y discípulos no es una vocación al perfeccionismo. Implica asumir el tiempo de los intentos, asumir que estamos siempre en construcción; que por momentos vivimos una mayor coherencia entre lo que profesamos y vivimos y otros no. Amar el tiempo de los intentos significa aceptar que somos barro, que nos reconocemos llamados a la fidelidad y a la radicalidad en la misericordia del Dios que ama y nos acoge desde nuestra identidad más profunda.

Que este domingo, día del Señor, renovemos nuestro compromiso como discípulas y discípulos. Que volvamos a decir sí, de alguna manera, a aquello que hemos asumido en el bautismo pero que cabe desarrollarlo permanentemente en nuestra cotidianidad: configurar nuestra vida a la luz de los mismos sentimientos de Cristo Jesús.

Dios nos bendiga y fortalezca nuestro caminar.

El Reverendo Ariel Irrazábal es uruguayo, desde el año 2017 vive en Argentina y ejerce como Capellán portuario de Mission to Seafarers para el Puerto de Buenos Aires. Anteriormente, y por 8 años, fue clérigo en la Iglesia Episcopal Anglicana de Brasil.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan