Sermones que Iluminan

Propio 14 (C) – 2010

August 08, 2010

Leccionario Dominical, Año C
Preparado por Eddie López, Jr.
8 de agosto de 2010

Isaías 1:1, 10-20 y Salmo 50:1-8, 23-24 (o Génesis 15:1-6 y Salmo 33:12-22); Hebreos 11:1-3, 8-16; San Lucas 12:32-40

Vi la película “Grown Ups” hace unos días. En una de las escenas, el coach de baloncesto les decía a sus jugadores que habían ganado el campeonato de la escuela media, “Quiero que vivan la vida así como jugaron este año. Que cuando la campana de sus vidas suene “buzz”, anunciando el fin, ustedes no tengan ningún arrepentimiento o pesar”.

Las escrituras de hoy en San Lucas y Hebreos nos exhortan a un modo de vivir. El evangelista nos dice, que como cristianos debemos de vivir siempre preparados. La pregunta que nos deja esta lectura es, ¿preparados para qué?

El evangelista nos presenta una metáfora sobre unos siervos que esperan que su amo regrese de su boda. Aunque nosotros no comprendemos esta forma antigua de la celebración de bodas, o de amos y siervos, podemos estar de acuerdo en que la enseñanza de esta historia es un llamado a estar siempre preparados para dar cuenta de nuestro vivir. Somos llamados a no permitir que nada nos quite el estar enfocados en servir a nuestro Señor. Y esto es lo que el evangelio implica como una disponibilidad a servir en la misión de Dios hacia nuestro prójimo.

Esto me hace recordar de esas palabras de la oración de San Francisco de Asís: “Concédenos que no busquemos ser consolados, sino consolar; ser comprendidos, sino comprender; ser amados, sino amar. Porque dando, es como recibimos; perdonando, es como somos perdonados; y muriendo, es como nacemos a la vida eterna”.

Pero si la lección del evangelio nos habla de cómo vivir una vida agradable a Dios, la epístola nos reta a ver que en esta vida es imposible vivir sin fe. Hebreos no es una definición de la fe, sino un testimonio de cómo nuestros antepasados vivieron sus vidas agradables a Dios por la fe. Noten las palabras que el autor usa para hablar de la fe: certeza, convicción, esperanza y aprobación. Esto es seguido por los ejemplos de cómo estos personajes vivieron para Dios.

La fe es algo que Dios hace en nosotros y por nosotros. A la misma vez, la fe es algo que nosotros humanos expresamos y vivimos. Es lo que nos mueve a la acción y nos consigue la aprobación de Dios. Pero, esto no implica que la provisión de Dios depende de nuestra habilidad de creer para hacerlo realidad. No, aún en nuestra debilidad humana Dios hace cumplir su voluntad para nuestras vidas. Diríamos que nosotros no podemos frustrar la voluntad de Dios en nuestras vidas por la falta de fe, pues Dios opera la fe en nosotros.

Aun así el escritor de Hebreos desea que nosotros veamos algunas características de la fe que nos ayudarán a tomar acción o sea a vivir vidas agradables a Dios. ¿Cuáles son estas características?
Estas escrituras nos dicen que una de ellas es la obediencia. Aunque Abraham no tenía ninguna garantía escrita para su futuro, el confió en Dios y obedeció. ¿Cuántos de nosotros somos como Abraham frente a nuestro futuro? Alguien tiene que decidir a qué universidad va asistir o qué carrera estudiar. Otro se pregunta si ésta es la persona con quién debe casarse y con quién debe pasar el resto de su vida. Y otro está frente a decisiones que debe tomar o no sobre algún negocio. En cada uno de los casos la decisión es difícil y no existe seguridad sobre el mañana.

Según las lecciones de hoy, Abraham fue motivado con la certeza/confianza que si el era obediente a lo que Dios quería de su vida, Dios le daría éxito. Pues para contestar que debemos hacer con las decisiones que confrontamos hoy, debemos preguntarnos si esta decisión o acción sería obediente al deseo de Dios para nuestra vida. Es interesante, que para los que andamos en la jornada de la fe, Dios está presente en todos los aspectos de nuestra vida. Aún en las decisiones que cotidianas, siempre existe un aspecto espiritual y así procuramos agradar a Dios con nuestras decisiones.

Otra característica es nuestra apertura a los riegos. La lección de hoy nos dice que la fe de Abraham lo llevó a habitar como extranjero. De esto el pueblo Latino ya sabe mucho. Nosotros o nuestros padres o abuelos vinieron de algún país a los Estados Unidos. Dejaron una comunidad adonde su familia era conocida por amistades de mucho tiempo y adonde tenían otros familiares. También era un lugar, ambiente, lenguaje y cultura familiar. Teníamos o tenían algunas seguridades. Dejaron todo esto para arriesgarse a un futuro inseguro. Sin duda nuestro pueblo directamente o por nuestros padres o abuelos se identifica con esta característica de Abraham. 

Arriesgarse no es fácil. Pero, cuando existe la esperanza, esto nos motiva a arriesgarnos y a vivir en lugares o podríamos añadir en momentos incómodos e inseguros para cumplir con la voluntad de Dios en nuestras vidas. ¿Cuáles son esos retos nuevos que Dios nos presenta hoy?

Una tercera característica es creer en lo imposible. La lección nos dice que “Sara misma por su fe recibió fuerza para concebir, aún pasada ya la edad propicia”. Esto era inesperado, era imposible, y para algunos quien sabe aún ridículo. Pero, no lo era para Abraham y Sara. Para ellos era una oportunidad. A veces nuestra jornada de la fe nos lleva a tomar decisiones que no siguen lo razonable. A veces esta misma esfera nos lleva a vivir la experiencia de milagros. Hoy, en nuestra sociedad tan científica se hace difícil vivir esperando lo imposible.

Los otros días oí a un médico hablar sobre una de estas ocasiones. Me sorprendí al escucharlo. Él les contaba a sus colegas de un paciente que había vencido una enfermedad mortal. Decía, “Todos nosotros hemos tenido esos casos cuando no podemos explicar lo que ha ocurrido. Somos testigos de un milagro; que alegría nos causa”.

Y aquí las escrituras nos retan que como cristianos debemos vivir siempre esperando y buscando milagros. Aún cuando parezcan irrealizables, debemos de vivir como si la justicia y la paz, nuestra misión cristiana aquí en la tierra, fuesen posibles. Y así lucharemos por conseguirlas.

Esto nos lleva a la cuarta característica de la vida en la fe; esperar GRANDES COSAS. En la lección de hoy se nos dice, “Por lo cual también nació de uno, una descendencia como las estrellas del cielo en número, e innumerable como la arena que está a la orilla del mar”. Abraham y Sara no sólo esperaron una descendencia, un hijo en su edad tardía, sino una descendencia innumerable como la arena. Esta porción bíblica me hace recordar las palabras del misionero William Carey, “Emprended grandes cosas para Dios y esperad grandes cosas de Dios”.

Carey, un zapatero, que se educó a sí mismo, con estas palabras de fe ayudó a la Iglesia Bautista a crear una organización misionera. Fue a la India como misionero, tradujo la Biblia al Bengalí y al Sánscrito, levantó una imprenta que produjo la Biblia en 44 idiomas y dialectos y comenzó una universidad para adiestrar pastores indígenas en la India. Sí, nosotros, todos nosotros somos llamados a vivir así, emprendiendo cosas grandes para Dios y esperando grandes resultados de Dios. ¿Cuáles son esas cosas grandes que tú necesitas hacer para Dios? Hoy nuestro llamado es a hacerlas.

Por último, lo bonito es que la fe no es algo solo del presente, sino algo que continúa en las generaciones futuras. Cuando nuestra comunidad canta ese cántico “Que no caiga la fe, que no caiga la esperanza.” No lo cantamos esperando que nosotros “veremos los frutos de nuestra labor y lucha”. Pero aún vivimos sabiendo que luchamos para que las generaciones futuras de Latinos/as en este país, en esta iglesia también disfruten de los beneficios de nuestra labor y lucha.

En resumen, estas lecturas de hoy nos retan a vivir, pues, como dijo el coach a los niños campeones del baloncesto, estando preparados para que en cualquier momento que suene la campana, tengamos que dar cuenta de nuestra vida. Vivamos listos para obedecer, correr riesgos, procurar lo imposible, y esperar grandes cosas de Dios. Pues así nuestra vida será realizada hoy y tendrá un impacto en el mañana con los que nos siguen.

Amén.


— Eddie López, Jr., es Director de Cuidado Pastoral en el Greenwich Hospital de Connecticut. Fue pastor Metodista por 20 años y ahora procura ser sacerdote en la Diócesis de Bethlehem en Pennsylvania adonde es miembro de la Iglesia de San Esteban.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan