Sermones que Iluminan

Propio 15 (A) – 2017

August 20, 2017


Las lecturas de este domingo son asombrosas. Tienen tantas promesas y declaraciones que dan esperanza y aportan mucha enseñanza. Comenzando por la lectura de Génesis. Recordemos la historia de José que hemos estado leyendo estas semanas – sus hermanos lo habían vendido y le habían dicho a su padre que unos animales lo habían devorado. Pero Dios, como siempre, viene al rescate y hace su voluntad – no la nuestra.

Cuando los hermanos de José supieron que era él, José les dice, “no se aflijan…Dios me mandó para salvar vidas.” Eran tiempos difíciles y había mucha hambre, pero como José estaba al frente de Egipto, podía ayudar a su familia. En Génesis capítulo 50 versículo 20 José les dice a sus hermanos – “Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios cambió ese mal en bien para salvar la vida de mucha gente.”

Ese Dios es el mismo ayer, hoy y siempre. A ese Dios le podemos entregar nuestras aflicciones y peticiones. A ese Dios que convierte el mal en bendición es al que le debemos todo honor y gloria porque hace de nada algo inigualable. Al que está pasando por algo difícil, tal vez por una traición como la de José, ofrece esperanza porque Dios puede cambiar esa situación. Estemos convencidos de que va a convertir a cada mal en bien – tal vez no como nosotros lo esperamos ni como lo haríamos, pero creamos que será lo mejor para ti y para mí.

El Salmista nos dice que es muy bueno estar juntos y unidos – así como hoy, aquí estamos juntos como hermanos. Nos dice que, al estar unidos, Dios nos manda bendiciones. Mucha gente hoy en día dice que prefiere estar en sus casas, en vez de ir a una iglesia y hasta dicen que se sienten mejor así, porque Dios está con ellos y no tienen que preocuparse por la gente. Tienen razón. Dios está con nosotros dondequiera que estemos, pero este pasaje también nos dice que es bueno y agradable compartir con los demás – en unidad – no en desacuerdo ni en pleitos, sino en unidad.

Ahí está lo que necesitamos para recibir más bendiciones como Iglesia – estar unidos y compartir. No juzgar, ni estar en chismes; no causar ni participar en divisiones, sino estar unidos. Si es necesario, luchar por estar unidos. Nuestras iglesias serían muy diferentes si pusiéramos esto en práctica. Compartamos juntos todo lo que Dios ha hecho por nosotros y unidos alabemos a Dios por sus proezas.

Vamos a la lectura de Romanos. Dice que lo que Dios nos da, no quita, ni retira su llamado. Esto es para que saltemos de alegría y sepamos que en Dios todo se nos va a hacer posible. ¿Se imaginan esta promesa? Dios no miente. Es verdad lo que está escrito. No nos va a quitar lo que nos ha dado. Si Dios mismo no nos va a quitar lo que nos da, no hay nada ni nadie que lo va a poder hacer. Ese amor, ese gozo, esa fuerza, esa bendición, el perdón, la salvación, todo lo que nos ha dado Dios no nos lo va a quitar. Y cuando nos llama, no retira ese llamado.

En otra parte de la Biblia dice que Dios nos ha llamado por nuestro nombre. Así que, cuando sientas ese llamado a ser iglesia o para algún ministerio específico, ya sea para leer, para ayudar en la Iglesia como líder, para formar parte de las misiones, contestemos “aquí estoy, Señor” como lo hizo Samuel y “¡Sí, Señor!” como contestó la bendita virgen María. Dios está y se queda con nosotros.

También nos dice que Dios tiene compasión por nosotros. Compasión significa “sufrir juntos”, comprender la situación del otro, solidaridad para responder a sus necesidades. En otras palabras, Dios, cuando nos ve sufrir, no sólo sufre con nosotros, sino quiere responder a nuestras necesidades. Y lo hace.

El evangelio también nos habla muy directamente y nos dice que no es lo que entra por la boca lo que nos hace impuros. En estos días se ven muchas personas que han decidido ser vegetarianas. Lo hacen por muchas razones, la más popular es para vivir una vida más saludable. Sin embargo, algunas personas dicen que lo que comemos es muy malo. Algunas religiones y denominaciones prohíben que se coma carne de res o cerdo porque son vistos como animales sucios. Hasta al puerco se le llama cochino. Pero como dice la Biblia, no es lo que entra por la boca sino lo que sale de ella que nos hace impuros.

¿Qué clase de cosas salen de nuestra boca? ¿Qué sale de lo más profundo de nuestro corazón? ¿Maldiciones, malas palabras, odio, malos pensamientos, rencores, prejuicios, juicios, orgullo, insultos, mentiras? ¿O salen alabanzas, palabras que dan vida, amor, pensamientos buenos, perdón, aceptación, humildad, la verdad? No nos preocupemos tanto por lo que nos metemos al cuerpo – aunque en otra parte de la Biblia dice que nuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo así que debemos cuidarlos – preocupémonos más por lo que dejamos salir de él. Si nos llenamos de Cristo, no va a salir de nosotros más que bendiciones, ayuda, amor, paz, gozo, paciencia, bondad, y mucha fe.

La segunda parte del evangelio nos habla de una mujer que muestra cuánta fe tenía. Esta lectura siempre me incomoda porque veo a un Jesús no muy bueno ni compasivo. De una manera insultó a la mujer. No vamos a meternos en una discusión teológica ni histórica de lo que esto significa porque eso tomaría muchas horas, pero es bueno pensarlo. Jesús le dijo: “No está bien quitarles el pan a los hijos y dárselo a los perros. Ella le dijo: —Sí, Señor; pero hasta los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.” Esa respuesta muestra lo que la fe puede hacer. Jesús le dijo —¡Mujer, qué grande es tu fe! Hágase como quieres.

Se imaginan que Jesús mismo te diga, tu fe es tan grande, que se haga como tú quieras. Piensa en un problema que tienes. Esta mujer fue a Jesús para pedirle que sanara a su hija de un demonio que la hacía sufrir mucho. En este momento, ¿hay algo en tu vida que te está haciendo sufrir mucho? o ¿hay algo en la vida de alguien que amas que la está haciendo sufrir mucho? Piensa en ello y como la mujer del evangelio, ten fe. Ten fe que Dios quiere y puede cambiar esa situación. Ten fe que el Dios que hacía milagros en esas historias de la Biblia, ahora los sigue haciendo. Que en nuestra propia historia de vida hoy mismo se diga: Y desde ese mismo momento su vida cambió. Desde ese mismo momento cuando vamos ante Jesús a decirle que aun las migajas son suficiente con Él, y creemos, todo va a cambiar. Dios tiene poder para sanar, para renovar matrimonios, para mejorar las finanzas, para intervenir, para ayudarnos a entender, para cambiar leyes, para convertir a incrédulos, para cambiar nuestra Iglesia.

Un canto dice:

Cuando lloras por las veces que intentaste, y tratas de olvidar las lágrimas que lloraste. Sólo tienes pena y tristeza y el futuro incierto esperas puedes tener ¡Paz en la tormenta! Muchas veces, yo me siento igual que tú. Y mi corazón anhela algo real. El Señor viene a mí y me ayuda a seguir, en paz en medio de la tormenta. Puedes tener paz en la tormenta. Fe y esperanza, cuando no puedas seguir. Aún con tu mundo hecho pedazos, el Señor guiará tus pasos en paz en medio de la tormenta.

Este día y cada día, hagamos el esfuerzo de tener fe en ese Dios que cambia el mal en bendición, que nos bendice cuando estamos unidos, que no nos quita lo que nos da, y que cambia nuestras tormentas en paz en el momento en que nos acercamos y en Él creemos.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan