Propio 17 (A) – 30 de agosto de 2026
August 30, 2026
LCR: Jeremías 15:15–21; Salmo 26:1–8; Romanos 12:9-21; Mateo 16:21-28.
Cuando el dolor ajeno es grande e insoportable cargamos la cruz
La promesa del Dios del amor, la solidaridad y la compasión nos entregó a Emmanuel, el Dios encarnado en Jesús, y por él, en él y con él, la humanidad ha sido redimida y liberada. Es entonces cuando, siguiendo a Jesús, intentamos amarnos unos a otros como él nos ha amado, pero no es fácil seguir a Cristo, a veces se nos hace difícil. Según las palabras del Obispo Jeremias Greaves, de Brisbane, Australia, “amamos poco a Cristo y quisiéramos amarlo más”. Jesús nos pide que nos amemos sin hipocresía, con humildad, generosidad y empatía. ¡Necesitamos de ese amor incondicional!
En la epístola Pablo nos recomienda odiar el mal y retener el bien, y nos pide brindar hospitalidad a los extranjeros. Todos estos son signos del seguimiento a Jesús. Estos signos, y luego algunos más: alegrarnos con los que se alegran, llorar con los que lloran, asociarnos con los humildes. ¿Cómo debemos hacer esto? ¿Cómo cargaremos esa cruz? ¿Qué cruz se supone que debemos levantar?

En el Evangelio de hoy, Pedro, quien ha sido llamado la roca fundacional de la iglesia, ¡ahora se convierte en una piedra en el camino! ¿Cómo es eso posible? Pedro ha fijado su mente en metas y prioridades humanas y cotidianas, y eso es lo que hace que Jesús lo reprenda. Jesús está enseñando a los discípulos que el sufrimiento no es sólo el precio del Mesías sino también el costo del discipulado. Pero el sufrimiento no significa autovictimización. Negarse a uno mismo significa una elección personal de renunciar a todas las cosas mundanas que se interponen en el camino de seguir lo que Jesús modeló para nosotros. Esto no es cuestión de idealizar el sufrimiento ni permitir que los poderosos inflijan opresión e impotencia a quienes no tienen voz ni representación. El autosacrificio tiene que ver más con conductas intencionales y desapego a todo lo innecesario. Renunciar a la gratificación inmediata y comprender que las metas y el camino de lo que se quiere es a veces largo, requiere compromiso y autodisciplina.
La cruz es una forma de vida y no está diseñada para soportar sufrimiento innecesariamente. La cruz es el instrumento más poderoso para alcanzar la liberación. Seguir a Jesús y tomar la cruz se trata más de prestar atención a las necesidades de los demás y no involucrarse en actitudes autodestructivas y dolor autoinfligido. Eso no construye en nosotros el templo del Dios; ¡esto crea una mala interpretación y nos baja la autoestima!
Tenemos la responsabilidad de enfrentar el mal en nuestras maneras de ser y de actuar, como también en los demás y en la sociedad. No se trata de practicar el debate como deporte, ni entablar una lucha de poder para demostrar quienes es mejor. Cuando existen conflictos o diferencias de opiniones o perspectivas, el amor debe ser el principio generador de la confrontación, porque el amor nos va a permitir llegar al otro lado del enfrentamiento, que es la confesión del pecado, el perdón y la reconciliación. Tenemos la responsabilidad de enfrentar lo que vemos mal en nuestros propios pensamientos y actitudes para poder reconocer que “amamos muy poco a Jesús y que nos gustaría amarlo más”; de confrontar el mal que vemos en quienes nos rodean para actuar como guía y ayudarnos mutuamente a tener una relación más profunda con Dios y con cada persona dentro de la feligresía y en otros entornos comunitarios y sociales; de enfrentar el mal que vemos en la sociedad para que nuestros votos bautismales se vuelvan reales y sacramentales, porque la vida y la dignidad de los demás son sacramentos vivientes.
Negarse a uno mismo significa confrontar el mal que vemos en nuestros propios pensamientos, sentimientos y acciones, en los demás y en la sociedad. Es un compromiso de renunciar a todo lo que se interpone en el camino de seguir lo que Jesús modeló para nosotros. En algunos espacios de autoayuda las sugerencias apuntan al individualismo; frases como “ponte a ti primero”, “el problema de otra persona no es tu problema”, “deja que se ayuden a sí mismo”, ponen en riesgo la solidaridad y caridad cristianas. ¿Cómo podría alguien pensar así frente a una persona que está sufriendo hambre o persecución? o ¿desentenderse de una persona explotada por un jefe ambicioso y egoísta? o ¿decirle “éste no es mi problema” a una persona que está completamente desamparada? o ¿decirle “ayúdate a ti mismo” a una persona que es víctima de un sistema que se beneficia con la pobreza de los demás? o ¿decir que las personas sintecho son el problema en lugar de reconocer que es nuestro problema por resolver y nuestra cruz por llevar?
¡Nuestra pasión debe activarse para abogar, protestar, encontrar soluciones y, lo más importante, encontrar compasión en nuestras vidas! Cargar la cruz, como dice Jesús, es negar nuestros privilegios para que podamos estar más plenamente vivos. Cargar la cruz no significa tolerar el dolor infligido injustamente por otras personas, o permanecer en una relación abusiva, o resignarse a los sueños de una vida mejor y más digna. Cargar la cruz tiene como objetivo detener la hemorragia de nuestros corazones y almas cuando no podemos reconocer el enemigo dentro de nuestras comunidades, defender la dignidad de cada ser humano y estar dispuesto a renunciar a privilegios para que otras personas puedan encontrar vida abundante, trabajar codo a codo, amar incondicionalmente y mantener el compromiso por la unidad en el medio de las tormentas de nuestras vidas.
Comprometámonos a cargar la cruz como Simón, el Cirineo, quien acudió a ayudar a Jesús en la Vía Dolorosa. Abracemos el respeto y el amor para acompañar en silencio, o con actos de servicio, sin juzgar ni con reproches; y comprendamos la diferencia entre ofrecer apoyo y asumir la vida entera de otra persona, facilitando la construcción de la dignidad mediante la solidaridad y el empoderamiento. ¡Construyamos la liberación!
La Reverenda Anahí Galante es sacerdote en la Diócesis Episcopal de Nueva York. Ha servido como Sacerdote-A-Cargo, Sacerdote Suplente, Cuidados Pastorales y Predicadora Invitada en comunidades de fe en transición con necesidades de sacerdotes bilingües o de habla hispana, y angloparlantes. Ofreció cuidado pastoral individual y congregacional y servicios litúrgicos en la Iglesia del Buen Pastor, en Granite Springs y sirvió en la iglesia Grace, en White Plains, haciendo acompañamiento litúrgico, de prédica y pastoral. Iniciará como sacerdote interina en Saint Barth’s, en White Plains. Es colaboradora de la serie Sermones que Iluminan desde el año 2021 y participa como líder en asesoría espiritual en las convivencias de Cursillo.
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