Estudio Bíblico

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Estudio Bíblico: Cuaresma 1 (B) – 2018

February 19, 2018


Génesis 9: 8-17

Desde el tiempo de la desobediencia de la humanidad en el Jardín, los pactos han sido el medio por el cual volvemos a entrar en relación con Dios. Es importante destacar que el pacto de Dios se extiende más allá de Noé a través de sus descendientes a toda la creación. Esto muestra algo significativo acerca de la gracia de Dios: se extiende más allá de todo sentido de virtud de nuestra parte. La creación tiene vida por la gracia de Dios, Noé es el virtuoso que Dios contempla, pero el pago de esta virtud no es solo salvación para Noé, sino la promesa de vida para el mundo. La fidelidad de Dios a sus promesas de alianza es un tema que se extiende en toda la Escritura y une a personas como Noé y Jesús. Unidos por la gracia de Dios, necesitamos no simplemente resistir las cargas de nuestra carne, sino que al contrario podemos regocijarnos en la carne que Dios ha prometido guardar y redimir.

  • ¿De qué manera se puede ver a Noé como una clase de Cristo?
  • ¿Cómo rectificamos nuestra comprensión de la gracia con nuestro entendimiento de la justicia (por ejemplo, ¿será justo que otros se beneficien del reconocimiento de Dios de la virtud de Noé?)

Salmo 25: 1-9

Esta porción del Salmo 25 expresa los contrastes entre el camino de Dios y los caminos de la humanidad. Los caminos de la humanidad son la enemistad con los demás, intrigas y traiciones, vergüenza, decepción y, en última instancia, pecado. Los caminos de Dios son la compasión y el amor eternos, la gracia, la fidelidad y, en última instancia, la salvación. El salmista reconoce no solo la disparidad entre estos dos caminos, sino también la necesidad de que Dios nos guíe en ellos, de que no podemos caminar en los caminos de Dios sin Su gracia. “Benevolente y recto es el Señor; por lo tanto, instruye a los pecadores en Su camino. Guía a los humildes a hacer lo correcto y enseña Su camino a los modestos”. En última instancia, nuestros pecados son vencidos por su amor salvador.

  • ¿De qué manera podemos pedirle a Dios que nos guíe en nuestros caminos hoy?
  • ¿Qué debemos abandonar para poder seguir a Dios?

1 Pedro 3: 18-22

La primera carta de Pedro expone el nuevo pacto bajo el cual Dios llama a los injustos hacia Él. Como vimos en la lectura del Génesis, el pacto de Dios con un hombre virtuoso, Noé, extiende su gracia a todos; el nuevo pacto, por el cual ahora somos salvos, extiende esa gracia aún más. La fidelidad prometida de Dios se realiza plenamente en la persona de Jesucristo, que ahora se sienta a la diestra del Padre. Por el bautismo, somos iniciados en el cuerpo de Cristo y recibimos una justicia que los seres humanos no podemos alcanzar por nosotros mismos. Por el bautismo, morimos a nosotros mismos y somos resucitados a un nuevo pacto y a una nueva relación con Dios.

  • ¿Qué pecados todavía te impiden vivir plenamente en tu nueva vida espiritual?
  • ¿De qué manera podemos proclamar las buenas nuevas a otros que aún están encarcelados por su egoísmo y pecaminosidad?

Marcos 1: 9-15

Las narraciones de Marcos sobre el bautismo de Jesús, su tentación en el desierto y el comienzo de su ministerio son las más austeras de todos los evangelios sinópticos. Pero la narración sin complicaciones de estos tres eventos, en poco tiempo, revela sus verdades más profundas. El bautismo de nuestro Señor se presenta como una transición significativa de una vida temprana que (de acuerdo con las omisiones de Marcos) pasa esencialmente sin notoriedad, a una vida que es impulsada por el ministerio y marcada por una creciente intensidad de propósito hacia la cruz. Jesús se mueve sin interrupciones del amado al tentado. Los ángeles de Dios le sirven, para que pueda ser el mensajero del Reino venidero para aquellos que están en necesidad desesperada.

Con un puñado de versículos, podemos comenzar a discernir qué significa verdaderamente ser el Hijo amado de Dios: soportar un bautismo de arrepentimiento que no necesita; enfrentar las tentaciones que son parte integrante de la carne humana, para que él pueda conocer nuestra difícil situación; ser servido por aquellos que están más cerca de Dios, a fin de llevar un mensaje de buenas nuevas a quienes están más lejos de él. Ser un hijo amado de Dios es vivir una vida para los demás, a fin de que puedan vivir la vida que Dios quiso.

  • Si el bautismo de Jesús es el comienzo de su ministerio, ¿qué significa eso para nuestros propios bautismos y ministerios?
  • Si Jesús no necesita un bautismo de arrepentimiento, ¿cuál podría ser su propósito al ser bautizado?

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan

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