Estudio Bíblico

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Estudio Bíblico: Cuaresma 1 (C) – 2019

March 11, 2019


Deuteronomio 26: 1-11

Se podría perdonar a uno por pensar, después de leer esta lectura, que la temporada de campañas de mayordomía había comenzado en lugar de la Cuaresma. ¿Qué es todo esto sobre las ofrendas? ¿Se nos pide que nos arrepintamos por nuestro mediocre diezmo del año pasado? Quizás, pero más bien volvamos nuestra atención a la confesión de fe que los redimidos de Israel deben hacer al entrar en su herencia, la Tierra Prometida.

Aquí vemos una profunda declaración de fe, recordando a Israel, primero, que no fue por ninguna excelencia especial de su parte por lo que Dios eligió a sus antepasados ​​y los trató con tal favor, sino solo con la bondad y la iniciativa amorosa de Dios. Segundo, que no fue por su propia fuerza por lo que fueron liberados de su anterior opresión colectiva, sino porque el Señor escuchó su llanto y actuó en su nombre. Tercero, no fue por su propio trabajo por lo que recibieron una herencia tan abundante y rica en la tierra, sino que fue Dios quien la preparó para ellos y dio el crecimiento. Como cristianos, reconocemos que todo esto anticipaba nuestra liberación aún mayor y el éxodo del pecado, la muerte y la opresión espiritual, y nuestra herencia aún mayor ganada para nosotros por medio de la pasión, la muerte y la resurrección de nuestro Señor Jesús. Cristo.

  • ¿De qué cosas le ha liberado a usted Jesucristo por lo que está más agradecido?
  • Hay una oración popular del ofertorio que dice: “Todas las cosas provienen de ti, Señor”, a lo que la gente responde: “Y de las tuyas propias te las hemos dado”. ¿Con qué dones o recursos le ha bendecido Dios por lo que le ha inspirado a usted a ser generoso?
  • El versículo 11 nos pide que celebremos las obras poderosas de Dios en nuestro nombre con el clero y con los extranjeros que residen entre nosotros. ¿Cómo podríamos alentar a nuestro clero o compartir la fe y generosidad con aquellos que están fuera de la familia de la Iglesia?

Salmo 91: 1-2, 9-16

El Salmo 91 es una proclamación del extraordinario cuidado y protección de Dios hacia aquellos que confían en Él, y ha sido fuente de consuelo y confianza para el pueblo de Dios de generación en generación. Pero dado el sufrimiento que tan a menudo experimentamos en nuestras vidas, ¿cómo podemos tener fe en la protección de Dios? En el versículo 14, oímos a Dios decir: “Por cuanto ha hecho pacto de amor conmigo yo lo libraré; lo protegeré, porque ha conocido mi nombre”. En su carta a los romanos, san Pablo revela la naturaleza de este vínculo inquebrantable de amor cuando dice: “Dios ha llenado con su amor nuestro corazón por medio del Espíritu Santo que nos ha dado”. Este es un vínculo que nos ha atado inseparablemente con el corazón mismo de Dios debido a la encarnación de Jesucristo. La carta a los efesios dice: “Nadie odia a su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo cuida, como Cristo hace con la iglesia, porque ella es su cuerpo”. Cuando tenemos la tentación de creer que podríamos deslizarnos de entre los dedos de Dios, recordemos que somos uno de sus dedos. ¡Es simplemente imposible para Dios dejarnos ir!

  • ¿Puede describir un momento en el que experimentó la protección de Dios cuando estaba en peligro?
  • ¿Le resulta difícil o fácil creer que Dios extienda la protección sobre usted en su vida diaria?

Romanos 10: 8b-13

Aquí nos encontramos con el corazón palpitante de la fe cristiana, su núcleo indispensable, que ha tomado el lugar de la declaración de fe de Israel que encontramos en la primera lectura: Dios ha resucitado a Jesús y lo ha hecho Señor. Esto es importante para nosotros hoy porque, como escribió san Pablo cuatro capítulos antes: “Pues por el bautismo fuimos sepultados con Cristo, y morimos para ser resucitados y vivir una vida nueva, así como Cristo fue resucitado por el glorioso poder del Padre”. Las Escrituras nos enseñan que, en virtud de nuestra unión mística con Jesús, una parte de nosotros ya ha sido resucitada con Jesús al cielo. De este modo, por gracia, podemos eliminar nuestra vieja naturaleza que está atada a los deseos engañosos y adquirir una nueva naturaleza, que incluso ahora está siendo fortalecida por Dios para amarlo con todo nuestro corazón, alma y mente, y amar al prójimo como a nosotros mismos. Cuando sometemos nuestras vidas, hábitos y relaciones en fe a Jesús el Señor, esa fe no será puesta en vergüenza. En palabras de san Juan: “Esta es la victoria que conquista el mundo, nuestra fe” (1 Juan 5: 4).

  • ¿Puede recordar el momento en el que llegó por primera vez a creer que Jesús es el Señor y Dios, y que “Él realmente ha resucitado”? ¿O ha creído desde siempre? ¿O todavía lucha con estas afirmaciones?
  • ¿Por qué cree que estas afirmaciones fueron tan explosivas y controvertidas en el Imperio Romano? ¿Siguen siendo tan explosivas hoy o nos hemos vuelto insensibles a ellas?
  • Describa lo que significan para usted las afirmaciones de “Jesús es el Señor” y “Él ha resucitado de entre los muertos”.

Lucas 4: 1-13

Este relato de las Escrituras nos muestra cómo Jesús no es ajeno a ninguna de las tentaciones que son comunes a nuestra humanidad: su naturaleza humana es en todos los aspectos como la nuestra, pero sin pecado. A primera vista, vemos a Jesús siendo tentado con el deseo de seguridad, poder y afecto. Todos los seres humanos se enfrentan a estas tentaciones de vez en cuando, pero lo que realmente se está desafiando aquí es la identidad de Jesús como el Cristo y su única misión como Salvador. “Si eres el Hijo de Dios…” dice el Tentador, “Si realmente te preocupas por estos humanos y quieres que sean felices, puedes satisfacer todas sus necesidades corporales, gobernarlas con justicia y ser temido y respetado por todos, nadie puede hacer el trabajo mejor que tú. Solo sométete a mí y a mis métodos”. Pero Jesús se mantiene firme en su propósito: debe conquistar con amor sufriente, no con coerción.

Esto también es lo que está siendo desafiado en todas nuestras pequeñas tentaciones: nuestra identidad como hijos e hijas de Dios en Cristo dada en el Bautismo. Cuando pecamos, actuamos de una manera que es extraña a la nueva vida que Dios nos ha dado: nos hemos olvidado de nosotros mismos. Debemos recurrir a las Escrituras como lo hace Jesús para recordarnos con frecuencia quiénes somos en él, y debemos recurrir a nuestro Salvador que “conoce las debilidades de cada uno de nosotros”, para que cada uno de nosotros lo encuentre poderoso para salvar.

  • Todos los seres humanos necesitan cierto grado de seguridad básica (corporal, emocional, espiritual), un sentido de control o capacidad para impactar su entorno, y un grado de dignidad, respeto y estima de otras personas. Estas son, por sí mismas, cosas buenas. ¿En qué punto estas cosas buenas se convierten en tentaciones? ¿Cómo puede usted decir en su propia experiencia que algo es una tentación?
  • ¿En cuál de estas formas se encuentra tentado con mayor frecuencia? ¿Buscando seguridad, control o aprobación? ¿Cómo podría contrarrestar estas tentaciones usando las escrituras u oraciones?

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan

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