Estudio Bíblico

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Estudio Bíblico: Pascua 6 (B) – 2018

May 07, 2018


Hechos 10:44-48

Este pasaje registra la trascendental ocasión del Pentecostés de los gentiles, un evento importante en la historia de la salvación que revela el alcance total de las intenciones de salvación de Dios hacia toda la raza humana. Presenciamos aquí más que una simple entrega de poder desde lo alto a un grupo de extranjeros, pero sobre todo una iniciativa de Dios que deja sin aliento (o debería más bien decir, ¿una iniciativa llena de aliento?), al elegir a estos gentiles para conformar Su pueblo del pacto. En este evento, Dios literalmente los acepta para ser ellos el lugar donde mora su Espíritu, es decir, Su templo que Él santifica para sí mismo, trayendo a la mente el evento del bautismo de Jesús en el río Jordán donde el Espíritu Santo se posó sobre Jesús y la voz del Padre declaró su aprobación divina: “Este es mi Hijo, el Amado” (Mateo 3:17).

Solo en retrospectiva, podrían los apóstoles ver que éste era el plan de Dios desde el principio, como se atestigua a lo largo de todas las Sagradas Escrituras y especialmente entre los profetas. Así se cumple la profecía de Simeón al comienzo del Evangelio de Lucas cuando Jesús se convierte en “luz para ser revelada a los gentiles y como gloria de tu pueblo Israel” (Lucas 2:32). Con la garantía de aprobación de Dios, Pedro acertadamente ve que Dios desea que [los gentiles] reciban lo que llega a ser conocido por los Padres de la Iglesia  como el sacramento de la iluminación o Santo Bautismo, para que pudiesen participar en la muerte y la vida resucitada de Jesucristo.

  • Se dice que los creyentes circuncidados que acompañaron a Pedro estaban “asombrados de que el don del Espíritu Santo hubiera sido derramado incluso sobre los gentiles” (v. 45). ¿Hay alguna persona o grupo de personas a quienes deseamos que el Señor no fuera tan generoso?
  • El entusiasmo por la acción dinámica del Espíritu Santo en la Iglesia primitiva satura completamente el Libro de los Hechos y todo el Nuevo Testamento. ¿Invita nuestra propia iglesia o asociación al Espíritu Santo a que manifieste múltiples dones en nosotros y nos motive a alabar a Dios?

Salmo 98

Este salmo de alabanza capta bellamente la respuesta de la Iglesia a la victoria de Dios de fidelidad radical a su pueblo Israel (v.4) que se irradia no solo a las naciones (v.3) sino a toda la creación.

El salmo nos enseña que la respuesta adecuada a Dios cuando toma la iniciativa de nuestra salvación, es estallar en regocijo y canción. De hecho, si no lo hiciéramos, ¡las mismas rocas gritarían!

Nosotros, como cristianos, necesitamos que se nos recuerde que la redención de Dios a través de la muerte, resurrección y ascensión de Jesucristo es de alcance cósmico, como nos recuerda el capítulo 8 de la Carta a los Romanos. No se limita a Israel. Ni siquiera se limita a los seres humanos. ¡Es para todo el orden creado! Por el sacrificio victorioso de Jesús, Dios ha pagado un alto precio para la reconciliación entre Él y nosotros, e incluso entre la humanidad y el medio ambiente como un anticipo ahora y plenamente en la era venidera. De modo que así como Adán y Eva disfrutaron de una relación libre, justa y pacífica con Dios y todas las criaturas en el Jardín del Edén antes de la Caída, así podríamos nosotros.

¡Esta es la nueva canción de los redimidos a nuestro Creador, que nos permite ejercer nuestra creatividad e invitar a toda la creación a unirse en una canción de alabanza a nuestro Dios que ha hecho cosas maravillosas!

  • ¿Cómo podríamos agregar nuestros dones creativos a la alabanza de nuestro Dios Creador?
  • ¿De qué manera podemos ayudar a extender los propósitos de reconciliación y redención de Dios (Su justicia, v.10) para el mundo, así como para “los pueblos” en nuestras propias vidas y localidades?

1 Juan 5:1-6

En este pasaje, vemos a Juan uniendo la fe, el amor y la obediencia a los mandamientos de Dios en un vínculo inseparable.

Juan insiste en que los mandamientos de Jesús no son una carga, a diferencia de las enseñanzas de los letrados judíos y los fariseos que Jesús criticó. ¡No son una carga, a pesar de que nos desafían a un nivel de obediencia aún más profundo que el que los fariseos exigían de sus discípulos! Esto es posible debido a nuestra conexión nueva y directa con la vida de Dios que nos transforma y nos limpia con agua y sangre de toda inclinación interna al pecado y nos permite vencer al mundo y a sus retorcidos deseos (véase 1 Juan 2:15-17). Yo los invito a leer y reflexionar sobre Ezequiel 36:23-27: “Las naciones sabrán que yo soy el Señor, dice el Señor Dios, cuando por medio de ti Yo manifieste mi santidad delante de sus ojos. Los recogeré de las naciones, los reuniré de todos los países y los traeré a su propia tierra. Les rociaré con agua limpia, y serán limpios de todas sus inmundicias, y de todos sus ídolos les limpiaré. Un nuevo corazón les daré, y un nuevo espíritu pondré dentro de ellos; y quitaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Pondré mi espíritu dentro de ellos y les haré cumplir mis estatutos y tendrán cuidado de observar mis preceptos”.

  • ¿Cómo podría la profecía de Ezequiel ayudarnos a entender que los mandamientos de Jesús quizás no sean una carga?
  • ¿Ha experimentado usted momentos en los que el guardar los mandamientos de Jesús no fue una carga sino una alegría? ¿Por qué sucedió así?
  • ¿De qué manera nuestra victoria en Jesucristo puede ser secuestrada por “el deseo de la carne, el deseo de los ojos, el orgullo de las riquezas” (1 Juan 2:16)?

 Juan 15:9-17

En este pasaje, Jesús nos llama a una relación más profunda con Él, ¡verdaderamente profunda! Su deseo es que vivamos siempre en ese amor celestial y completa alegría que caracteriza la relación entre Jesús y Su Padre, y es por eso que, por lo tanto, nos da sus mandamientos. Si queremos tener alegría como la de Jesús, tenemos que aprender a amarnos los unos a los otros tal como Jesús nos amó, en humildad y abnegación.

Jesús nos desafía a que dejemos a un lado una simple actitud servil con motivaciones superfluas para la obediencia de sus mandamientos (como el miedo al castigo o incluso la esperanza de recompensa) y para entablar una relación de amistad con Él, donde nuestras motivaciones se internalizan y tomamos posesión de nuestro camino como una forma de amor.

Lo sorprendente de este pasaje es que Dios no está interesado en tener esclavos: ¡quiere amigos! Supongamos que sus padres lo obligaron a usted a tomar lecciones de música cuando era niño. Al principio, practicar probablemente le parecía una carga, pero en algún momento, tal vez comenzó a deleitarse con la nueva libertad que esta nueva habilidad le trajo en sus horas de práctica, y se encontró repentinamente deseando volcarse en ella adentrándose cada vez más con creatividad y pasión. Lo mismo ocurre en nuestra relación con Cristo. Necesitamos dar el paso, en algún momento de nuestro caminar, cuando tomamos plena posesión de nuestro discipulado de Jesús, y cuanto más sacrificamos nuestra propia voluntad a Su señorío y damos fruto al permanecer en Él, más aumenta nuestra capacidad de alegría, y más nos convertimos en verdaderos amigos de Dios.

  • ¿A cuál de Sus mandamientos Jesús lo está invitando que aprenda a obedecer en aras de su propia alegría?
  • ¿Qué condiciones pone Jesús para recibir todo lo que le pidamos al Padre en oración?
  • Jesús también nos llama a la amistad unos con otros siguiendo el modelo de su propia amistad con nosotros. ¿Cómo podríamos fomentar los verdaderos lazos de amistad dentro de la Iglesia?

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan

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