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Estudio Bíblico: Propio 10 (A) – 12 de julio de 2026
July 12, 2026
LCR: Génesis 25:19-34; Salmo 119:105-112; Romanos 8:1-11; Mateo 13:1-9, 18-23

Oración inicial |
Dios de misericordia, recibe las oraciones de tu pueblo que te invoca; concédenos saber y comprender cuál es nuestro deber y la gracia y el poder de cumplirlo con fidelidad; por Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, ahora y siempre. Amén.
Contexto |
El autor del Evangelio según San Mateo escribió a y para un grupo de personas que aún se identificaban principalmente como judías. Si bien gran parte de su material también se encuentra en Marcos y Lucas, los otros dos evangelios sinópticos, este autor respalda intencionalmente sus argumentos teológicos con pasajes de las Escrituras que su audiencia judía habría conocido y en los que habría confiado.
El autor reelabora parte del material que se encuentra en los otros evangelios sinópticos, agregándole contenido y creando cinco discursos distintos que Jesús pronuncia mientras está en la tierra —un número que alude a los cinco libros de Moisés—. El autor de este evangelio deja claro: una nueva enseñanza —y un nuevo maestro— ha entrado en escena. Estos cinco movimientos ayudan al lector a comprender los puntos clave o hitos importantes dentro de la vida de Jesús. Justo antes del tercer discurso y de contar esta parábola, Jesús asume su papel como Mesías y se atribuye el título de «Hijo del hombre». Condena a la generación actual por su incredulidad, diciendo:
Los de Nínive se levantarán en el día del juicio, cuando se juzgue a la gente de este tiempo, y la condenarán; porque los de Nínive se volvieron a Dios cuando oyeron el mensaje de Jonás, y lo que hay aquí es mayor que Jonás. También la reina del Sur se levantará en el día del juicio, cuando se juzgue a la gente de este tiempo, y la condenará; porque ella vino de lo más lejano de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y lo que hay aquí es mayor que Salomón. (Mateo 12:41-42)
La lectura del Evangelio de hoy, la parábola del sembrador, es la enseñanza inicial del tercer discurso de Jesús y la primera de tres parábolas agrícolas que él enseña a las multitudes reunidas. Esta parábola también se encuentra en Marcos 4:1-9 y Lucas 8:4-8. La diferencia entre las versiones radica únicamente en la cantidad que produce la semilla. A continuación vienen las parábolas de la cizaña y de la semilla de mostaza. También hay parábolas sobre la levadura y una pesca abundante en el mismo discurso, y solo una de ellas presenta metáforas no relacionadas con la comida. La importancia de las metáforas sobre la comida y la cosecha continúa en el primer milagro de esta tercera sección de Mateo: la alimentación de los 5.000. Algunos comentaristas creen que los rendimientos mencionados en esta sección (cien, sesenta o treinta veces lo que se sembró) son imposibles, mientras que otros consideran que, si bien son poco probables, no son inauditos. Independientemente de la veracidad literal de las cifras, el mensaje sigue siendo el mismo: lo que ponemos en manos de Dios se multiplicará, mucho más de lo que podríamos anticipar.
Una breve nota más sobre el uso de las parábolas en Mateo y Marcos: mientras que el autor de Marcos afirma que Jesús habla en parábolas para causar confusión en la comprensión de los oyentes, el autor de Mateo supone que Jesús habla en parábolas debido a la confusión en la comprensión de sus oyentes. Es una diferencia sutil pero significativa. En el leccionario, nuestra lectura de este pasaje omite la sección en la que los discípulos le piden a Jesús que les explique la parábola (12:10-17). En esa explicación, Jesús cita a Isaías 6:9-10 y luego los bendice porque «sus ojos ven» —lo cual podría resultar confuso, dado que acababan de pedirle que les explicara la parábola—. La confusión abunda, y parece significativo que los discípulos no comprendan plenamente las cosas que están sucediendo frente a ellos e incluso a través de ellos.
Reflexión teológica |
Esta sección del Evangelio según San Mateo está muy influenciada por la agricultura y las realidades prácticas del trabajo en el campo. En este texto, Jesús encuentra metáforas sólidas para describir la labor del discipulado. Al igual que la agricultura, requiere cuidado, atención y acción. Ser discípulo significa mantener un sentido de conciencia arraigado, especialmente cuando hay tormenta afuera. Significa cuidar los brotes frescos que asoman por la tierra, darse cuenta de cuándo los cultivos dan fruto y están listos para la cosecha, recordar las plantas que han producido más de lo esperado y aquellas que han producido menos. Jesús enseña que seguirlo —la labor del discipulado— es un trabajo arduo, pero también es la forma en que desarrollamos nuestra conexión con aquel que nos da la vida. Debemos prestar atención al seguir a Cristo tan de cerca como los agricultores observan el clima en la primavera. Y, sobre todo, debemos confiar en la providencia de Dios, no solo para crear las semillas literales que siembra el agricultor, sino también para hacer crecer las semillas figurativas de nuestra vida y nuestro trabajo. El crecimiento, tanto en la naturaleza como en el espíritu, requiere fe en Dios y acción de nuestra parte. Sin evangelización, la Iglesia se debilitará. Nunca podremos completar la obra en una sola generación o en un solo lugar. Depende de cada generación y de todas las personas labrar la tierra y alimentarse unos a otros.
El jardinero de esta parábola no cultiva de la misma manera que lo harían las personas a tu alrededor. ¿Qué sabes sobre el cultivo de un jardín? ¿Se parece a lo que describe esta parábola? En lugar de seleccionar la parcela perfecta, asegurarse de que haya la cantidad justa de luz y agua, analizar el suelo en busca de deficiencias y colocar hileras de cultivos con moderación y deliberadamente, vemos aquí el enfoque opuesto.
En estos tiempos, hay un movimiento que ha ido creciendo desde la pandemia de COVID, llamado «jardinería del caos». Circula en línea un video en el que aparece alguien, por lo general en una patineta, con un salero lleno de una variedad de flores silvestres nativas, recorriendo su ciudad y plantando flores al esparcir semillas en los pedazos de tierra por los que pasa. Videos similares muestran a personas plantando campos enteros al hacer agujeros en bolsas de semillas de flores y agitarlas por encima de sus cabezas.
A veces, quienes siembran en estos ejemplos tienen permiso para plantar; otras veces, claramente no lo tienen. A veces disfrutarán de la vista una vez que las flores asomen; con frecuencia, no tendrán esa oportunidad. Los videos de seguimiento suelen mostrar el parterre de flores silvestres en plena floración en el mismo lugar. Esta jardinería del caos no requiere una planificación cuidadosa ni trabajo preparatorio; requiere fe en el Jardinero que hace florecer todas las flores.
Este ejemplo contemporáneo de nuestro tiempo nos invita a volver a la parábola. ¿Quién es el jardinero? ¿Qué son las semillas? ¿Y qué debemos aprender de esta extravagancia temeraria? Hay dos formas de interpretar esta parábola: podríamos ver a Jesús como el jardinero, y podríamos ver a Jesús como la semilla.
En el pasaje, leemos que la semilla que se siembra es el mensaje sobre la llegada del reino de Dios. Este mensaje llega a los oídos de las personas y, dependiendo del «suelo» que encuentre allí, crecerá o se marchitará. La proclamación del reino de Dios llega a todo tipo de entornos; a veces echa raíces y otras veces no. Si Jesús es el jardinero y la semilla es la buena nueva, entonces esta parábola no nos exigirá mucho hoy.
Pero si Jesús es la semilla y la Iglesia es el agricultor, entonces de repente estamos llamados a actuar. La semilla debe pasar por nuestras manos, debe recorrer nuestras yemas y ser llevada al lugar adecuado para dar fruto. Ahora bien, como no sabemos dónde está ese lugar adecuado, debemos confiar en el mismo Dios en quien confió el agricultor de la parábola. No nos corresponde a nosotros realizar la difícil tarea de elegir el lugar perfecto con los compuestos químicos adecuados, la temperatura adecuada, etc. Más bien, estamos llamados a recorrer el mundo con un salero —lleno de las semillas silvestres del amor y la buena noticia— distribuyéndolas de manera desenfrenada y generosa. Solo Dios, que conoce los entornos buenos y los malos, puede hacer que la semilla se abra, se agite y se mueva hacia el sol.
Si queremos ayudar a que crezca el reino de Dios, la comunidad amada, tenemos que seguir los pasos de Cristo. Jesús nos está pidiendo que nos ensuciemos las manos. Jesús nos está pidiendo que confiemos en que Dios se encargará de todo. Jesús nos está ayudando a vivir con la fe infantil en las posibilidades y en el caos esperanzador.
Así que toma tu patineta y tu salero: ¡Sé un jardinero del caos para Cristo!
Preguntas para la reflexión |
- ¿Quién sembró la semilla de la fe en tu corazón?
- ¿En qué entornos cercanos a ti podrían sembrarse semillas del amor de Dios? ¿De qué manera podrías sentirte llamado a sembrar en ese suelo?
- ¿Qué lecciones de discipulado has aprendido del mundo natural?
La fe en la práctica |
Esta semana, sé un «jardinero del caos», esparciendo semillas del amor de Dios y la buena nueva de Cristo por dondequiera que vayas. ¿Qué palabras —de aliento, de esperanza, de reconocimiento, de amor, de verdad— puedes expresar en voz alta? ¿Qué gesto de amor te comprometes a ofrecer? ¿Cómo podrías dar un paso concreto para apoyar algo que está creciendo en la vida de alguien cercano a ti? Ora para que Dios haga que eso crezca.
Sami Hency sintió desde muy joven un profundo interés por la Biblia. Su sabiduría y experiencia las ha adquirido más allá de las fronteras denominacionales. Nacida en la Iglesia Bautista del Sur, moldeada por sus años de formación en el judaísmo mesiánico y, más tarde, por una vida no denominacional, finalmente encontró en la Iglesia Episcopal el equilibrio entre las Escrituras, la tradición, la razón y la lógica que había estado buscando. El primer domingo que asistió a St. Timothy’s, en la zona este de Cincinnati, se bautizó al hijo de una pareja de lesbianas. Como persona gay, ser testigo de la inclusión y la celebración de la comunidad LGBTQ+ en la iglesia fue un punto de inflexión. Su posterior trabajo como directora de comunicación de la parroquia ha moldeado su sensibilidad hacia el lenguaje y la proclamación, además de profundizar su amor por el Oficio Diario. Actualmente, Sami está terminando una Maestría en Teología en el Seminario Episcopal Bexley-Seabury. Cuando no está en la iglesia o estudiando, le gusta andar en bicicleta, dibujar edificios y pasar tiempo con su pareja y sus amigos.
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