Estudio Bíblico

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Estudio Bíblico: Propio 23 (C) – 2019

October 13, 2019


Jeremías 29: 1, 4-7

La mención del rey Nabucodonosor indica que la profecía de Jeremías tiene lugar después de que los israelitas han de abandonar Jerusalén. A través de Jeremías, Dios ofrece instrucciones al pueblo de Dios, que está exiliado del hogar prometido. Mientras esté en el exilio, Dios continuará ayudándoles a prosperar; su relación no se ve afectada por su reubicación: la gracia de Dios permanece.

Metafóricamente, este pasaje muestra a Dios hablando a gente que experimenta cualquier forma de exilio. Por ejemplo, muchas personas están separadas de sus familias de origen, y otras son refugiados que tienen que vivir lejos de sus países de origen. En términos más generales, las interpretaciones cristianas del Génesis tienden a estar de acuerdo en que todos los humanos experimentamos un “exilio” de la unión original que se pretendía con Dios.

Dios nos instruye a que echemos raíces a pesar de este exilio: construyamos una casa, nos casemos con alguien del nuevo lugar, recemos para que la tierra florezca. La profecía nos dice que abracemos el lugar donde nos encontramos. En cualquier lugar de la creación, podemos elegir estar alegres y cuidarnos los unos a los otros.

  • ¿Qué pasos puede dar para prosperar en el lugar donde Dios le ha puesto?
  • ¿Cómo podemos apoyar a las personas que viven en exilio literal, como lo fueron los antiguos israelitas?

Salmo 66: 1-11

En las palabras que llamamos la Oración del Señor (Mateo 6: 9–13), Jesús afirma que debemos pedir lo que necesitamos en la oración. Pero tanto los salmos como Jesús, también nos enseñan otro idioma de oración: la alabanza. El Salmo 66 comienza con una instrucción para todo el pueblo: estén alegres en Dios: ¡Canten la gloria del nombre de Dios! La alabanza – la música, adoración grupal, oración – nos eleva a un plano superior, fuera de nuestra existencia humana diaria y más cerca de la alineación con Dios. El salmo nos exhorta a cantar la gloria de Dios, no por el bien de Dios, sino por el nuestro.

  • ¿Por qué dones puede hoy alabar a Dios?

2 Timoteo 2: 8-15

La tradición nos dice que esta carta la escribió Pablo, aunque los estudiosos coincidan ampliamente en que fue alguien escribiendo bajo el nombre de Pablo. La carta está dirigida a Timoteo, líder de una comunidad cristiana joven que enfrenta serias divisiones. El autor escribe para infundir confianza en que Timoteo dirija su iglesia. Mientras siga el camino correcto, encontrará apoyo en Dios. Podemos sentirnos restringidos en este mundo, “pero la palabra de Dios no está encadenada” (2 Tim. 2: 9). Puede parecer que en el mundo haya escasez, pero en Dios, solo hay abundancia.

Hablando de Jesús, la carta promete: “Si sufrimos con valor, tendremos parte en su reino; si le negamos, también él nos negará” (v. 12). ¿Jesús se dará por vencido si lo rechazamos? Quizás en lugar de ofrecer una amenaza, la carta manifiesta cuán unidos estamos con Cristo; negarle es equivalente a negarnos a nosotros mismos. Nuestras verdaderas naturalezas permanecen en Dios. La siguiente línea continúa: “Si no somos fieles, él sigue siendo fiel” (v. 13a). Ambas son ciertas al mismo tiempo: rechazar a Jesús es tan grave como negarnos a nosotros mismos, y sin embargo, Jesús permanece fiel, independientemente de nuestra vacilación.

  • ¿De qué manera está “encadenado” en la vida, y cómo la palabra de Dios ofrece abundancia?
  • ¿De qué manera cambia nuestro entendimiento personal cuando nos vemos primero como pertenecientes a Dios?

Lucas 17: 11-19

Jesús sana a diez hombres con lepra, y solo uno de ellos regresa para agradecerle. El texto se asegura de mencionar que este hombre agradecido y que regresa no es un galileo sino un samaritano, un extranjero. Hoy, pensamos en los samaritanos como buenos, gracias a la parábola del buen samaritano que aparece anteriormente en Lucas (10: 25–37). Pero en tiempo de Jesús, los samaritanos eran el enemigo natural de cualquier historia porque eran considerados gentiles. El comportamiento de este samaritano es una inversión, donde el extraño que se espera obre mal se convierte en el discípulo modelo.

Una lectura atenta de la narrativa revela dos tipos de curación. Primero, los diez están “limpios” de la lepra. Pero Jesús usa una palabra diferente para el que regresa. Dice que la fe del hombre lo ha “salvado”, según la traducción literal de Young. Cuando le piden misericordia, Jesús alivia el sufrimiento de los diez hombres. Pero al único hombre que llama “salvo”, es al que se volvió (arrepentido) y alabando a Dios por el milagro.

  • ¿Quién desempeña el papel del enemigo natural en sus historias y qué significaría para ellos convertirse en el modelo a seguir?
  • ¿Cuál es la diferencia entre el hombre agradecido que fue “salvo” y los otros nueve a quienes Jesús limpió?
  • Cuando suceden cosas buenas, ¿cómo podemos recordarnos de regresar a Dios y ofrecer gracias?

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan

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