Estudio Bíblico

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Estudio Bíblico: Propio 8 (A) – 28 de junio de 2026

June 28, 2026

LCR: Génesis 22:1-14; Salmo 13; Romanos 6:12-23; Mateo 10:40-42

¿De qué maneras prácticas y sencillas pueden los actos de compasión, hospitalidad y bondad convertirse en expresiones cotidianas de nuestra fe en Cristo?

Oración inicial | 

Dios de poder, que edificaste tu Iglesia sobre el fundamento de profetas y apóstoles y sobre la piedra angular, Jesucristo mismo: Concede que sus enseñanzas nos enlacen con tal unidad espiritual, que nos convirtamos en un templo santo y aceptable ante tu vista; por Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, ahora y siempre. Amén.

Contexto | 

Se estima que la lectura del Evangelio de hoy fue escrita alrededor del año 80 d. C. y forma parte de lo que se conoce como el «Discurso de la Misión» en el Evangelio de Mateo. Este texto concluye una extensa conversación sobre el discipulado y la misión entre Jesús y sus discípulos. Además de abordar las pruebas a las que se enfrentarán aquellos que sean enviados, el texto también aborda las responsabilidades de quienes los acogen. El pasaje nos anima a reconocer que cuando acogemos y mostramos hospitalidad a los demás en nombre de Jesús, actuamos como misioneros de su amor. Estamos llamados a comportarnos con compasión, acogiendo a todos los visitantes con amor, no solo a través de actos físicos de servicio, sino como una expresión de nuestra fe en Cristo. Los actos de amor y bondad no deben reservarse para iniciativas especialmente creadas, o para ciertos huéspedes, sino que deben entretejerse en nuestro comportamiento cotidiano como parte de nuestro propio carácter cristiano.

Reflexión teológica | 

La lectura del Evangelio de esta semana centra nuestra atención en la acogida compasiva —o la hospitalidad— como una forma de servicio a Cristo. Esta acogida puede —y debe— ofrecerse a quienes la necesitan en cualquier momento. No debe reservarse para momentos heroicos, invitados especiales ni ir acompañada de grandes alardes. El mensaje de Cristo aquí es sencillo: miren a su alrededor y vean quién necesita ayuda o apoyo, y luego contribuyan a su bienestar lo mejor que puedan.

Podemos ver modelos de esta forma de acogida —abrir nuestros corazones, hogares, talentos y recursos a quienes más los necesitan— en la manera en que Jesús practicó la hospitalidad: cuando alimentó a los cinco mil o evitó una situación potencialmente embarazosa en las bodas de Caná al convertir el agua en vino. El ejemplo más significativo de la acogida y la hospitalidad de Jesús, por supuesto, es el precio definitivo que pagó por nuestra salvación, cuando se ofreció a sí mismo, sufriendo y muriendo en la cruz.

Todos tenemos la capacidad de ser personas solidarias y hospitalarias que pueden crear espacios acogedores para nuestros semejantes. Sin embargo, con demasiada frecuencia, cuando se nos presentan oportunidades para mostrar tales actos de buena voluntad y acogida, no estamos a la altura de las circunstancias. Cuando dependemos únicamente de nosotros mismos, es probable que nuestros esfuerzos en este sentido fracasen. Para convertirnos en personas que vivan de esta manera de forma natural, debemos reconocer que necesitamos la ayuda de Dios para revestirnos de este fruto del Espíritu. Como personas que acogemos en nombre de Cristo, estamos invitados a rechazar toda forma de odio, orgullo, ego o sentimientos de superioridad al relacionarnos con quienes nos rodean. Cuando nos acogemos unos a otros por la gracia de Dios, en el espíritu del amor de Dios, esperamos que otros experimenten la hospitalidad compasiva y el amor del mismo Cristo a través de nosotros.

En un mundo lleno de tanta división, hostilidad, prejuicios y exclusión, el amor no es precisamente la norma. Practicar la acogida compasiva puede ser un desafío. Sin embargo, la forma en que realizamos incluso los actos más simples de bondad tiene el potencial de ser transformadora a nivel individual y social. Las noticias han estado llenas de historias sobre grupos de cristianos —clérigos y laicos— que se reúnen en aeropuertos o fuera de centros de detención para protestar contra procedimientos de detención injustos. Los manifestantes se enfrentan a gases lacrimógenos y arrestos, pero esto no los disuade de alzar la voz en defensa de quienes más lo necesitan. ¿Cómo y dónde se manifestaría hoy el mismo Cristo en un testimonio y una acogida compasivos?

Si bien el texto del Evangelio de hoy promete que los actos de acogida serán recompensados, no debemos participar en la hospitalidad compasiva con la expectativa de recibir a cambio una recompensa convencional. Mientras Jesús preparaba a los discípulos para su partida, les recordó que estaban llamados a continuar la buena obra que él había comenzado, viviendo y sirviendo con el mismo espíritu que él había encarnado. Sin embargo, así como su ministerio se topó con el rechazo y el sufrimiento, también ellos deben esperar que la fidelidad a la misión de Dios a veces traiga persecución en lugar de alabanza. No debemos sorprendernos si nuestra experiencia es similar. Al ofrecer amor compasivo, actuamos como creyentes que siguen a Dios, sin buscar recompensa terrenal.

En última instancia, ofrecer hospitalidad compasiva no es un simple acto de bondad, sino más bien una encarnación del amor de Cristo, manifestado a través de nuestras acciones hacia los demás. Al vivir en un mundo marcado por la división y la oposición, los cristianos estamos llamados a servir a los demás con humildad, valentía y fidelidad, confiando en Dios en lugar de buscar el reconocimiento terrenal. Al abrir nuestros corazones a los demás, confiando en el espíritu de Dios y en el ejemplo de Cristo, nos convertimos en testigos vivos del poder transformador del amor compasivo de Dios.

Preguntas para la reflexión | 

  • ¿De qué maneras prácticas y sencillas pueden los actos de compasión, hospitalidad y bondad convertirse en expresiones cotidianas de nuestra fe en Cristo?
  • ¿Cuáles son algunos de los desafíos a los que se enfrentan los cristianos a la hora de compartir el amor compasivo y la hospitalidad en la actualidad? ¿Cómo podemos superar estos desafíos?
  • ¿Cómo podemos, como cristianos, ofrecer amor genuino, cuidado y una hospitalidad acogedora sin esperar honores ni recompensas? ¿Qué pasajes bíblicos te inspiran a seguir este llamado?

La fe en la práctica |

Esta semana, identifica a alguien —o alguna situación— que necesite ayuda, a quien puedas mostrar hospitalidad compasiva y un trato acogedor, como expresión del amor de Dios. Reflexiona sobre cómo podrías integrar esos actos de bondad en tu vida cristiana cotidiana.

Jerrick Rutherford nació y se crió en Guyana, Sudamérica, y actualmente es miembro de la Iglesia Episcopal de San Andrés y la Santa Comunión en South Orange, Nueva Jersey. Obtuvo un título de asociado en educación en el Cyril Potter College of Education y una licenciatura en educación en la Universidad de Guyana. También cuenta con una Maestría en Ciencias en Educación General y Especial, así como una maestría en Liderazgo Escolar de la Universidad de Columbia, y actualmente está completando una Maestría en Divinidad en el Seminario Teológico Bexley Seabury. Educador de toda la vida, Jerrick ha enseñado en Guyana, Botsuana y la ciudad de Nueva York. Actualmente se desempeña como subdirector de la Bronx Bridges High School, una escuela secundaria pública dedicada a atender a estudiantes de inglés como segunda lengua. Su labor profesional refleja un fuerte compromiso con la equidad, el liderazgo y el poder transformador de la educación. 

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan

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