Estudio Bíblico

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Estudio Bíblico: Último Domingo después de la Epifanía (A) – 2017

February 27, 2017


Éxodo 24: 12-18

El Éxodo 24: 12-18 ofrece un relato de la subida de Moisés al monte Sinaí con el fin de recibir la ley y los mandamientos. La lectura comienza con una instrucción de dos partes de Dios a Moisés “sube a mí en el monte y esperar allí”. Moisés cumple con estas instrucciones, y se pone en marcha con Josué hacia el monte. (Antes de partir, sin embargo, Moisés da una instrucción similar a los ancianos de Israel, ordenándoles que “esperen aquí hasta que regresemos”. El significado de esta directiva será observado de cerca más adelante en el capítulo 32.) Luego, Moisés solo sigue hacia el monte. Críticamente, Moisés no llega a alcanzar la cumbre. Mientras tanto, la gloria del Señor se estableció en el monte, cubriéndolo con una nube. Moisés espera en el monte, pero fuera de la nube, durante seis días. En el séptimo día, Dios llama a Moisés desde dentro de la nube para que entre en ella, apareciendo entonces visiblemente la gloria de Dios “como un fuego devorador” en la cumbre. (V.17). Moisés obedece, entra en la nube y sube a la cima del monte. Moisés permaneció en la cima del monte y dentro de la nube de la gloria de Dios durante cuarenta días y cuarenta noches.

La secuencia de los acontecimientos que condujeron al ascenso culminante de Moisés a la gloria de Dios en la cima del monte está marcada por una importante pausa entre la ascensión inicial de Moisés al monte y luego la subida final a la cumbre del monte dentro de la gloria de Dios. En ambos períodos, Moisés manifiestamente demuestra obediencia a la instrucción y a la invitación de Dios: Dios primero llama a Moisés a subir al monte, y Moisés lo cumple. Luego, Dios llama a Moisés desde dentro de la nube para que entre y Moisés lo obedece.

Sin embargo, igualmente importante para estas secuencias incrementales de movimiento ascendente, es la obediencia de Moisés a la directriz intervencionista de Dios de esperar. Durante seis días, Moisés espera – al lado del monte y tal vez solo a mitad de camino – hasta que Dios le pide que continúe hacia adelante y en la presencia visible inmediata y exterior de Dios. Durante esos seis, expuestos días, Moisés espera en un espacio liminar entre Israel acampado abajo y la nube de la gloria de Dios arriba. Quizás en este espacio es cuando Moisés, al estar de pie con una visión completa y cercana del fuego devorador de la gloria de Dios, está preparado para entrar en la presencia de Dios. Tal vez para Moisés, la venida y la espera son igualmente importantes para experimentar la presencia y la gloria de Dios.

  • ¿De qué manera te llama Dios a estar más cerca de él?
  • ¿De qué manera te ha pedido Dios que simplemente esperes?
  • ¿Alguna vez te sentiste como si estuvieras esperando en un espacio liminal entre lo que siempre has sabido y algo más grande de lo que se puede imaginar?

Salmo 99

El Salmo 99 es un himno de alabanza centrado en los atributos hegemónicos de Dios. El himno comienza con declaraciones concernientes a la exaltación y diferencia de Dios de los pueblos sobre los cuales Dios reina. Entre estas declaraciones que celebran el gobierno de Dios sobre los pueblos, está el atributo de Dios como amante y ejecutor de la justicia. Las exaltaciones reales que marcan los primeros cinco versos del salmo se interponen por el refrán reforzante, “Santo es él” (vv 3,5).

La última mitad del salmo (versículos 6-9) demuestra un cambio de enfoque lejos de la distinción entre Dios y el reino de Dios y hacia un recuerdo de las incidencias históricas de obediencia, fidelidad y mantenimiento de pactos entre ellos. Estos versículos reconocen en diferentes especificidades las incidencias de Dios como legislador y perdonador y el pueblo de Dios como malo, pero penitente. Estas incidencias están cargadas de alusiones a las narraciones del ofrecimiento de la ley en el Sinaí, e incluyen referencias a Moisés, a Dios hablando desde la nube y a Dios hablando desde el monte sagrado. El salmo concluye con una declaración de que Dios es santo.

  • ¿De qué manera puede un legislador demostrar una inclinación hacia la justicia?
  • ¿Qué significa decir que Dios es santo?
  • ¿Qué atributos muestra Dios que demuestran santidad?

2 Pedro 1: 16-21

La segunda carta de Pedro 1: 16-21 consiste en dos declaraciones principales –ambas de  tres versículos- destinadas a reforzar la credibilidad de otras enseñanzas del autor expuestas en la carta. En la primera sección (vv.16-18), el autor establece sus credenciales como uno personalmente familiarizado con la persona y la majestad de Jesucristo. Para hacer esto, el autor primero rechaza los “mitos ingeniosamente diseñados” como las fuentes de la inspiración o del contenido instruccional. (V.16). En cambio, el autor actúa como testigo ocular de la majestad de Jesucristo y como alguien que estuvo personalmente presente en la transfiguración de Jesús. Dada esta íntima proximidad a Dios y a Jesús (de hecho, el autor afirma que escuchó la voz de Dios que identificó a Jesús como el hijo de Dios con quien Dios estaba complacido), la enseñanza del autor es, por lo tanto confiable y autorizada.

En la segunda sección (versículos 19-21), el autor describe la profecía como proveniente del Espíritu Santo, en vez de la imaginación o de la voluntad humana. Implícitamente, el autor sostiene sus enseñanzas como mensajes proféticos confirmados. Utilizando metáforas de la oscuridad y fuentes de luz, el autor exhorta al lector a que preste atención a estos mensajes proféticos confirmados.

  • ¿Cuál es tu entendimiento de la profecía?
  • ¿Todavía se escuchan hoy mensajes proféticos?
  • ¿Cómo discernimos las implicaciones de los mensajes proféticos de hoy?

Mateo 17: 1-9

Mateo 17: 1-9 presenta un relato narrativo de la transfiguración de Jesús. El pasaje comienza cuando Jesús lleva a Pedro, Santiago y Juan a una montaña alta. Una vez allí, Jesús se “transfiguró” delante de ellos; su rostro resplandeció “como el sol” y su ropa se volvió  “blanca como la luz” (v.2). Mientras ocurría esto, Moisés y Elías también aparecieron repentinamente. Esta narración evangélica es silenciosa al describir su aparición (cf. Lc 9:31).

Lo que sigue son múltiples incidencias de habla audible -algunas conservadas como citas directas- que ocurrieron en la montaña. Primero, Moisés y Elías hablan con el Jesús transfigurado. La narración no comparte los méritos de su conversación. La narración, sin embargo, cuenta la exclamación de Pedro que ocurre a continuación: “Señor, es bueno que estemos aquí; si quieres, haré tres moradas aquí, una para ti, una para Moisés y otra para Elías”. (v. 4). Aunque el evangelio de Mateo no comparte el ímpetu que motiva la exclamación de Pedro (cf. Mc 9, 6, Lc 9, 33), su incomodidad es inmediatamente evidente para el lector. Es más, mientras Pedro está hablando, su arrebato es interrumpido tanto por una nube luminosa que los eclipsa, como también por una voz que emana de dentro de la nube.

La voz pronuncia: “Este es mi Hijo, el Amado, con él me complazco, escuchadle”. (v. 5); comparar (Mateo 3:17). Al oír esta voz, los discípulos caen al suelo, totalmente arrebatados por el temor. Las citas narrativas finales contenían la lectura procedente de Jesús. Primero, Jesús insta a sus discípulos a levantarse y a no temer; segundo, Jesús ordena a sus discípulos que no revelen lo que observaron hasta “después que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos”. (v.9).

Los pasajes hablados narrados en esta perícopa proporcionan una medida de autenticidad de su arco narrativo. La interposición de Pedro de una oferta inapropiada para construir moradas improvisadas para Jesús, Moisés y Elías es la más útil a este propósito. Al escuchar la oferta de Pedro, los lectores son capaces de no solo compartir la incomodidad palpable que Pedro experimentó en ese momento, sino también de apreciar la patente incompatibilidad de la propuesta de Pedro con lo que ocurrió ante él. Esta incompatibilidad es, por extensión, demostrativa de la diferencia entre el humano (Pedro) y el divino (Jesús transfigurado).

La consecuencia de esta diferencia alcanza su clímax cuando Dios anuncia a Jesús como su hijo: los discípulos quedan reducidos a un temor abyecto y Jesús (al menos ostensiblemente) se eleva más allá incluso de su estado transfigurado. Es en este punto de diferenciación final cuando Jesús desciende a sus discípulos, y tocándolos, les implora que se levanten y no teman. Así, observamos en microcosmos la encarnación de Cristo como Dios con nosotros.

  • ¿Cuándo te sientes lo más alejado o lo más diferenciado de Dios?
  • En esos momentos en que percibes la mayor distancia entre tú y Dios, ¿qué borra esa distancia para que vuelvas a participar de la comunión con Dios?

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan

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