Calendario Litúrgico

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Tercer Domingo después de Epifanía

La Colecta:

Dios generoso, concede que respondamos sin demora al llamado de Cristo nuestro Salvador a proclamar a todo pueblo la feliz noticia de que en Jesucristo hay liberación, para que el mundo entero vea la gloria de sus obras maravillosas; quien contigo y con el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, ahora y siempre. Amén.

Antiguo Testamento: Nehemías 8:1-3, 5-6, 8-10

Entonces todo el pueblo en masa se reunió en la plaza que está frente a la puerta del Agua, y le dijeron al maestro Esdras que trajera el libro de la ley de Moisés, que el Señor había dado a Israel. El día primero del mes séptimo, el sacerdote Esdras trajo el libro de la ley ante la reunión compuesta de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón; y desde la mañana hasta el mediodía lo leyó en presencia de todos ellos, delante de la plaza que está frente a la puerta del Agua. 

Todo el pueblo estaba atento a la lectura del libro de la ley. […]

Entonces Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo, ya que se le podía ver por encima de todos; y al abrirlo, todo el mundo se puso de pie. Entonces Esdras alabó al Señor, el Dios todopoderoso, y todo el pueblo, con los brazos en alto, respondió: «Amén, amén.» Luego se inclinaron hasta tocar el suelo con la frente, y adoraron al Señor. […]

Los levitas leían en voz alta el libro de la ley de Dios, y lo traducían para que se entendiera claramente la lectura. Y como todo el pueblo lloraba al oír los términos de la ley, tanto el gobernador Nehemías como el maestro y sacerdote Esdras, y los levitas que explicaban la ley al pueblo, dijeron a todos que no se pusieran tristes ni lloraran, porque aquel día estaba dedicado al Señor, su Dios. 10 Además les dijo Esdras: «Vayan y coman de lo mejor, beban vino dulce e inviten a quienes no tengan nada preparado, porque hoy es un día dedicado a nuestro Señor. No estén tristes, porque la alegría del Señor es nuestro refugio.»     

Salmo: 19

1 Los cielos declaran la gloria del Señor; *
       el firmamento, la obra de sus manos.
2 Un día le susurra al otro día; *
       una noche le informa a la otra noche.
3 Aunque no tengan palabras ni lenguaje *
       y sus voces no puedan ser oídas,
4 su sonido llega a todo sitio *
       y su mensaje, a los extremos de la tierra.
5 En lo profundo Dios plantó una tienda para el sol, *
       que sale como novia del lecho nupcial
       y se alegra como atleta en su carrera.
6 Sale de un extremo de los cielos
  y su curso llega al otro extremo. *
       ¡Nada se escapa de su ardor!
7 La ley del Señor es tan perfecta
                          que revive el alma; *
       el pacto del Señor, tan firme
                          que le da sabiduría al inocente;
8 los estatutos del Señor, tan justos
                          que traen alegría al corazón; *
       el mandamiento del Señor,
                          tan claro que ilumina los ojos;
9 la reverencia hacia el Señor, tan pura
                          que perdura para siempre; *
       los juicios del Señor, tan verdaderos
                          y tan completamente justos;
10 son más deseables que un metal precioso,
                          mucho más que el oro fino; *
       son mucho más dulces que la miel,
                          que la miel libada en el panal.
11 Tus juicios iluminan a quien te sirve; *
       en guardarlos, hay gran recompensa.
12 ¿Quién podría contar sus propias faltas? *
       Purifica, Dios, mis culpas escondidas.
13 Sobre todo, guárdame de la arrogancia;
   que ese pecado nunca me domine; *
       entonces seré limpio e íntegro
       e inocente de toda ofensa grave.
14 Que las palabras de mi boca y las meditaciones de mi
                          corazón te sean aceptables, *
       Dios, mi fortaleza y Redentor.

Nuevo Testamento: 1 Corintios 12:12-31a

12 El cuerpo humano, aunque está formado por muchos miembros, es un solo cuerpo. Así también Cristo. 13 Y de la misma manera, todos nosotros, judíos o no judíos, esclavos o libres, fuimos bautizados para formar un solo cuerpo por medio de un solo Espíritu; y a todos se nos dio a beber de ese mismo Espíritu. 

14 Un cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos. 15 Si el pie dijera: «Como no soy mano, no soy del cuerpo», no por eso dejaría de ser del cuerpo. 16 Y si la oreja dijera: «Como no soy ojo, no soy del cuerpo», no por eso dejaría de ser del cuerpo. 17 Si todo el cuerpo fuera ojo, no podríamos oír. Y si todo el cuerpo fuera oído, no podríamos oler. 18 Pero Dios ha puesto cada miembro del cuerpo en el sitio que mejor le pareció. 19 Si todo fuera un solo miembro, no habría cuerpo. 20 Lo cierto es que, aunque son muchos los miembros, el cuerpo sólo es uno. 

21 El ojo no puede decirle a la mano: «No te necesito»; ni la cabeza puede decirles a los pies: «No los necesito.» 22 Al contrario, los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los que más se necesitan; 23 y los miembros del cuerpo que menos estimamos, son los que vestimos con más cuidado. Y los miembros que consideramos menos presentables, son los que tratamos con más modestia, 24 lo cual no es necesario hacer con los miembros más presentables. Dios arregló el cuerpo de tal manera que los miembros menos estimados reciban más honor, 25 para que no haya desunión en el cuerpo, sino que cada miembro del cuerpo se preocupe por los otros. 26 Si un miembro del cuerpo sufre, todos los demás sufren también; y si un miembro recibe atención especial, todos los demás comparten su alegría. 

27 Pues bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno de ustedes es un miembro con su función particular. 28 Dios ha querido que en la iglesia haya, en primer lugar, apóstoles; en segundo lugar, profetas; en tercer lugar, maestros; luego personas que hacen milagros, y otras que curan enfermos, o que ayudan, o que dirigen, o que hablan en lenguas. 29 No todos son apóstoles, ni todos son profetas. No todos son maestros, ni todos hacen milagros, 30 ni todos tienen poder para curar enfermos. Tampoco todos hablan en lenguas, ni todos saben interpretarlas. 31 Ustedes deben ambicionar los mejores dones.     

El Evangelio: Lucas 4:14-21

14 Jesús volvió a Galilea lleno del poder del Espíritu Santo, y se hablaba de él por toda la tierra de alrededor. 15 Enseñaba en la sinagoga de cada lugar, y todos le alababan. 

16 Jesús fue a Nazaret, el pueblo donde se había criado. El sábado entró en la sinagoga, como era su costumbre, y se puso de pie para leer las Escrituras. 17 Le dieron a leer el libro del profeta Isaías, y al abrirlo encontró el lugar donde estaba escrito: 

18 «El Espíritu del Señor está sobre mí, 
porque me ha consagrado 
para llevar la buena noticia a los pobres; 
me ha enviado a anunciar libertad a los presos 
y dar vista a los ciegos; 
a poner en libertad a los oprimidos; 
19 a anunciar el año favorable del Señor.» 

20 Luego Jesús cerró el libro, lo dio al ayudante de la sinagoga y se sentó. Todos los que estaban allí tenían la vista fija en él. 21 Él comenzó a hablar, diciendo: —Hoy mismo se ha cumplido la Escritura que ustedes acaban de oír.

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Las lecturas del Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento y los Evangelios provienen de la Biblia Nueva Versión Estándar Revisada: Edición Anglicana, copyright 1989, 1995, División de Educación Cristiana del Consejo Nacional de las Iglesias de Cristo en los Estados Unidos de América. Usado con permiso. Todos los derechos reservados.

Las Colectas, Salmos y Cánticos son del Libro de Oración Común, 1979.

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