Sermones que Iluminan

Adviento 1 (A) – 2016

November 27, 2016


Este domingo comienza un nuevo año litúrgico con un llamado a estar vigilantes porque el Señor está cerca. Es el tiempo del Adviento, tiempo en el cual evocamos la época anterior a la llegada del Señor la cual celebramos en la Navidad. Durante los próximos cuatro domingos vamos a meditar sobre el hecho de que Dios por su inmenso amor hacia nosotros, decidió hacerse persona, hacerse carne, para venir a este mundo a estar con nosotros.

Hoy día, muchos de nosotros comenzamos el nuevo año litúrgico afrontando incertidumbre y ansiedad. Así fue en los tiempos en que este evangelio fue escrito. No sabemos qué nos depara el futuro. Lo que sí sabemos es que vienen cambios. Nos hace cuestionar lo que por un tiempo considerábamos como dado por hecho, nuestra forma de vida, lo que se creía seguro.

Este domingo se destacan dos temas que, en su conjunto, constituyen la dinámica dominante de la lectura del evangelio. El primer tema es que, sea lo que sea, el empuje central es la esperanza. Ésta se puede perder muy fácilmente dadas las advertencias un tanto terribles sobre la llegada futura del Hijo de Hombre. Sin embargo, Jesús está hablando a sus discípulos, y en el corazón de esta breve sección apocalíptica está su promesa de que cuando llegue “reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”. Todo lo demás que se dice debe ser escuchado a la luz de esta promesa.

El segundo tema que nos ocupa es el carácter inesperado de los acontecimientos de los que habla Jesús. De hecho, dice, nadie sabe – ni los ángeles ni siquiera él mismo – nadie sabe cuándo ocurrirá esto excepto el Padre.

Porque aquí está la clave: no sólo el fin del mundo y de la historia son lo inesperado. También lo es gran parte de los acontecimientos de la vida. A menudo nos sorprenden desprevenidos – a veces con alegría, pero a veces nos trae gran ansiedad y sufrimiento. Por ejemplo, la devastación en Nueva Zelanda del fin de semana pasado y otros desastres naturales representan la naturaleza precaria e impredecible de nuestra vida en este mundo en gran escala. También la muerte de niños en accidentes, hospitales bombardeados, trabajos perdidos, desalojos de comunidades, un ataque al corazón, un cambio de dirección política de un país, la muerte de un ser querido o tantos otros retrocesos personales, conmovedores e imprevistos, nos pueden sorprender y amenazar cualquier apariencia de orden que habíamos creado para nosotros mismos.

Pensemos en las personas que conocemos que han atravesado verdaderos desiertos, peligros y penuria. Recordemos a las personas que han atravesado desiertos económicos, que han sobrevivido enfermedad y otras catástrofes que han parecido que llegaba el fin de su vida—el fin del mundo.

De hecho, regularmente tratamos de protegernos contra tales desastres personales. Lo hacemos tratando de cuidar nuestra salud con dietas y ejercicio, protegiéndonos de posibles decepciones de la vida y en cuanto a nuestras relaciones, o del dolor o incertidumbre de otras personas para que no lleguen a ser las nuestras. Tal vez no asumimos riesgos al pensar en como realizar nuestros sueños e ilusiones simplemente por miedo al fracaso o la humillación. Sabemos que la vida es precaria e impredecible. Pero también sabemos que la vida es preciosa y que no estamos solos.

Este domingo, somos invitados a hacer un balance de nuestras vidas, preguntándonos, ¿qué es lo que más tememos acerca de un futuro incierto? y luego recordándonos la promesa de que si nuestros miedos inmediatos se materializan o no, todos hemos sido creados por un amor infinito, encarnado en Jesús el Hijo de Dios, Jesús el Hijo del Hombre, cuyo nacimiento venidero anticipamos, y que ha prometido venir siempre y siempre estar cerca de nosotros. Nunca estaremos solos.

Esta promesa no nos aísla de un futuro incierto, si no que promete que no enfrentaremos ese futuro solos. Venga el infierno o temblores – y esto parece una frase tan apropiada como cualquiera para capturar gran parte de este capítulo – Jesús está a nuestro lado, dándonos fortaleza ante las adversidades de la vida y permaneciendo con nosotros incluso a través de la muerte, trayéndonos nueva vida.

Si creemos que esto es cierto, ¿a qué nos atreveríamos? ¿ A qué podríamos aventurarnos o arriesgar, sabiendo que todas las pérdidas, decepciones, fracasos y humillaciones por más difíciles que sean, son también ocasiones para experimentar más profundamente la presencia sanadora de quien vino, viene y volverá, siempre para caminar con nosotros, estar entre nosotros y en el mundo.

Cada semana encendemos las velas de adviento a medida que los días se hacen más cortos y la oscuridad crece. A la luz de esas velas recordarnos que no enfrentamos la oscuridad solos, sino que la luz del mundo ha llegado, brillando en la oscuridad para iluminar nuestras vidas.

La lectura de este primer domingo de Adviento es un desafío. Nos ofrece una oportunidad de darle nombre a las ansiedades de esta vida, dejar esas ansiedades de un lado y entonces aferrarnos a la luz de la promesa de Jesús que nos rescata de las tinieblas. Recordemos hoy y siempre que vivimos en comunidad. Reflejamos su luz. No estamos solos en medio de la ansiedad y la incertidumbre. Jesús nos llama. Él nos reunió, nos reúne y nos reunirá desde los confines de la tierra.

Este es un tiempo en donde tenemos que vivir desde nuestra esperanza en que todo lo podremos en el Señor. Acompañemos a nuestro pueblo y reconozcamos que vamos tomados de la mano del Señor. Nunca hemos estado solos, no estamos solos, y nunca estaremos solos.

Iluminados por su luz y llenos de fe y esperanza ¡revistámonos de Cristo. Pongámonos la armadura de su fortaleza!

Oremos: Señor Dios, has llamado a tus siervos a aventuras de las cuales no podemos ver el final, por senderos sin ataduras, por peligros desconocidos. Danos fe para salir con buen ánimo, sabiendo que en momentos no sabemos adónde vamos, sino que tu santa mano nos está guiando y tu amor nos apoya. Amén.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan