Sermones que Iluminan

Adviento 1 (A) – 30 de noviembre de 2025

November 30, 2025

LCR: Isaías 2:1-5; Salmo 122; Romanos 13:11-14; San Mateo 24:36-44

En este primer domingo de Adviento la Iglesia Episcopal comparte con el mundo la mejor noticia que la humanidad puede recibir: ¡el Hijo del Hombre regresa! ¡Manténganse despiertos!. Éste es el llamado espiritual con el que iniciamos la estación de Adviento dando comienzo a un nuevo año litúrgico. Este tiempo sagrado nos invita a prepararnos interiormente para celebrar la historia de nuestra salvación. Es el momento de despojarnos de las obras de las tinieblas y revestirnos con las armas de la luz para que, con un corazón vigilante y lleno de esperanza, estemos listos para la venida gloriosa de nuestro Señor.

¡Despierta Iglesia! porque viene la luz, el Hijo del hombre regresa. El Adviento es un llamado a despertar. No es sólo el preludio de la Navidad, sino un tiempo de esperanza activa, de preparación interior y de vigilancia espiritual. Los textos de hoy nos invitan a mirar más allá de lo cotidiano para reconocer que Dios está cerca, obrando en medio de la historia personal de cada creyente.

El profeta Isaías nos muestra una visión de paz: el Señor hará que reine la paz entre las naciones y los pueblos, ya no se enfrentan con espadas, sino que caminaran juntos hacia la luz del Señor. Ésta es la esperanza que da sentido al Adviento: un mundo reconciliado, donde la justicia y la paz son posibles cuando el corazón humano se abre a Dios: “Vengan gente de todas las naciones, caminemos a la luz del Señor”. Ésa es la invitación del profeta y también de la Iglesia hoy: avanzar, dejar la oscuridad del miedo o la indiferencia y revestirnos con la claridad del amor.

El Apóstol San Pablo, en su epístola a la iglesia de Roma, nos recuerda que “ya es hora de despertar del sueño”, porque la salvación está más cerca que nunca. El Adviento es un tiempo para revisar nuestra vida, despojarnos de lo que nos aleja de Dios y revestirnos de Cristo, es decir, adoptando un modo de vivir donde predomine el amor, el servicio y el perdón.

En la porción del evangelio de Mateo Jesús nos llama a estar vigilantes. No se trata de vivir con miedo, sino con esperanza y atención. Nadie sabe el día ni la hora, pero sí sabemos que el Señor viene cada día, lo experimentamos en la oración, en la ayuda al hermano necesitado, en cualquier gesto sencillo de generosidad y amor que compartimos. La vigilancia cristiana es vivir despiertos al paso de Dios, cada día, por nuestra vida. Nuestro deber es estar preparados y esperar con paciencia.

El mensaje del Adviento nos recuerda que Cristo volverá con gran poder y gloria. Así como vino una primera vez en humildad, para compartir nuestra humanidad, volverá lleno de majestad y victoriaLa promesa se cumplirá tal como dice la Escritura: “Él enviará a sus ángeles y reunirá a sus escogidos desde los cuatro puntos de la tierra, hasta el último rincón del cielo”. Manténganse ustedes despiertos en el Espíritu, la vida cristiana es una preparación constante del corazón. El llamado de Jesús a mantenernos despiertos y vigilantes es una invitación a vivir en oración, atentos a la voz de Dios y sensibles a su presencia.

En nuestro entorno vemos muchos corazones heridos, hogares en crisis y familias quebrantadas; reflejo de quienes buscan sólo satisfacer sus intereses y/o los placeres del mundo, olvidando lo más valioso: el cuidado del alma. Mantenerse despiertos significa no cambiar lo eterno por lo pasajero, no dejar que las distracciones del mundo nos roben la esperanza. Dios ha establecido su tiempo para todo. Cuando haya pasado el dolor y el sufrimiento, las señales anunciarán la venida gloriosa de Cristoquien volverá para reunir a sus escogidos. Vivimos tiempos difíciles, pero el cristiano está llamado a permanecer alerta y fiel. El Evangelio nos recuerda que la venida del Hijo del Hombre será repentina, y cada uno debe estar preparado. Jesús dijo: “De dos hombres en el campo, uno será tomado y el otro dejado. De dos mujeres moliendo, una será tomada y la otra dejada”.

El Salmo 122 completa el mensaje: “Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor”. El Adviento es un camino alegre hacia la presencia de Dios. Es la espera confiada de quien sabe que, aunque la noche sea larga, la luz del amanecer ya se anuncia. El llamado es claro: estar preparados, no con temor, sino con alegría; no con ansiedad, sino con confianza. Así como el dueño que vela por su casa, nosotros debemos cuidar nuestro corazón, nuestra fe y nuestra comunidad para que el ladrón del desánimo, del pecado o de la indiferencia no robe la luz que Dios ha puesto en nosotros. El Adviento es tiempo de renovar la esperanza y despertar el alma. Es una invitación a encender la lámpara de la fe, a reconciliarnos con Dios y con los demás, y a vivir cada día como si fuera el día de su regreso. Como Iglesia vivamos esta estación con alegría, sabiendo que el Señor viene, no sólo al final de los tiempos, sino cada día a encontrarse con nosotros en la oración, en la Palabra y en el amor compartido.

En este Adviento Dios nos invita a tres cosas: caminar en la luz según nos muestra la profecía de Isaías, a despertar del sueño como lo recuerda el Apóstol Pablo, y a vigilar con esperanza, como señala el evangelista Mateo. Despertemos, porque la esperanza ya está en camino.

Concluyamos con el Apóstol Pedro en su segunda carta: queridos hermanos y hermanas, ya que nosotros sabemos de antemano estas cosas, tenemos que cuidarnos mucho, para que no seamos arrastrados por los engaños de los malvados y dejemos de creer firmemente en Dios. Mejor dejemos que el amor y el conocimiento que nos da nuestro Señor y Salvador Jesucristo nos ayude a ser cada vez mejores cristianos. ¡Gloria a él ahora y para siempre! Amén.

La Rvda. Marivel Milien ejerce su ministerio en la Iglesia Santísima Trinidad en Miami, Diocesis del Southeast Florida.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan

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