Sermones que Iluminan

Adviento 1 (B) – 3 de diciembre de 2023

December 03, 2023

LCR: Isaías 64:1–9 (= 63:19b–64:8); Salmo 80:1–7,16–18 LOC; 1 Corintios 1:3–9; San Marcos 13:24–37.

“Manténganse despiertos”, es el llamado del nuestra Iglesia Episcopal al iniciar la estación de Adviento y dar comienzo a un nuevo año litúrgico (el tiempo en el que recordamos el misterio salvador operado por Jesucristo), de manera que podamos estar preparados para la venida de nuestro Señor. Este tiempo representa para el mundo cristiano la oportunidad de reflexionar en la disposición interna de lo que significa ser un verdadero creyente. Algunas congregaciones emplean la corona de Adviento acompañada por cuatro luces: la esperanza, el gozo, la paz y el amor; cada una representa el camino espiritual que sigue la Iglesia durante este tiempo de preparación para la Natividad del Señor.

Hoy, primer domingo de Adviento, se enciende la luz de la esperanza, virtud que nos da la seguridad de esperar lo que Dios nos ha prometido. Después de pasar el tiempo de sufrimiento viene la promesa de alcanzar el Reino de los cielos. “El que espera, puede alcanza lo que quiere”.  Es así como el cristiano aprende a vivir con paciencia y fe, confiando en las palabras del apóstol Pablo: “Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman”. Todo ocurre en el tiempo perfecto que Dios ha dispuesto para sus hijos. Es por esto por lo que escuchamos del Evangelio de Marcos: “en cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni aun los ángeles del cielo, ni el Hijo. Solamente lo sabe el Padre”. Esta es la invitación a todos los creyentes a vivir despiertos y vigilantes, mientras esperamos la segunda venida de nuestro Señor.

Los sucesos emocionantes que revelan las Escrituras, en esta porción del Evangelio de San Marcos, se convierten en una exhortación fascinante a mantener nuestros corazones despiertos y alegres porque el tiempo de Dios es cada vez más cercano. El Hijo del hombre ya está a la puerta. Jesús dijo: “en aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna dejará de dar su luz, las estrellas caerán del cielo y las fuerzas celestiales temblarán”. Estas señales de la naturaleza son la seguridad de que Dios tiene la autoridad sobre todo el universo, no para ocasionar miedo, más bien, se convierten en el regocijo de estar preparados y vigilantes. Dice San Pablo a la Iglesia de Corinto: “de este modo no les falta ningún don de Dios mientras esperan el día en que aparezca nuestro Señor Jesucristo. Estarán firmes hasta el fin, para que nadie pueda reprocharles nada”.

El anuncio del Advenimiento nos recuerda que el Cristo regresará con gran poder y gloria. Vino la primera vez lleno de humildad, ahora regresa con majestad y gloria. Y la promesa que escuchamos hoy, de San Marcos, se hará realidad: “Él mandará a los ángeles, y reunirá a sus escogidos de los cuatro puntos cardinales, desde el último rincón de la tierra hasta el último rincón del cielo”. Porque Dios siempre cumple sus promesas, por eso nos ha llamado a vivir en unión con nuestro Señor Jesucristo.

El Evangelio es bien claro al decirnos que el Hijo de Dios regresa, que habrá señales y muchos estarán confusos: “Aprendan esta enseñanza de la higuera: Cuando sus ramas se ponen tiernas, y brotan sus hojas, se dan cuenta ustedes de que ya el verano está cerca.  De la misma manera, cuando vean las señales de la naturaleza, sepan que el Hijo del hombre ya está a la puerta”.

La vida cristiana debe ser una constante preparación. La atención al llamado a mantenerse despiertos y vigilantes se refleja en una vida de oración que nos conecta con la divinidad. Se hace evidente, en nuestro alrededor, la existencia de muchas vidas amargadas, de hogares en crisis, familias destruidas. Mantenerse despiertos es estar conscientes para no cambiar las cosas eternas por las pasajeras. El mundo vive tiempos difíciles y nosotros, los cristianos, debemos estar alertas, cuidando de no caer en distracciones. Como en el Evangelio, debemos mantenernos despiertos y vigilantes, no sea que el Señor, que nos dejó cuidando la casa, llegue en cualquier momento y nos encuentre durmiendo.

El Adviento es el tiempo de sentir a Dios cercano, confidente, intimo. El buen cristiano vive con sensatez advirtiendo el peligro y las trampas del enemigo. El evangelio afirma que nuestro Señor, de hecho, volverá. Algunos intentan calcular cuándo ocurrirá este evento, pero lo más importante es estar despiertos y vigilantes, porque el día y la hora, solamente los sabe el Padre. Mientras tanto, la Iglesia nos invita a una vida limpia y honrada, pidiendo la gracia de Dios para despojarnos de las obras de las tinieblas y revestirnos con las armas de la luz en esta vida mortal. La Palabra de Dios anuncia el regreso del Hijo, nos asegura que todo esto pasará antes de que mueran algunos de los que ahora están vivos. El cielo y la tierra dejarán de existir, pero esta palabra tendrá su cumplimiento. 


Estamos en manos del Señor. El profeta Isaías nos confirma la protección de Dios que siempre actúa en favor de los suyos. Define el pueblo de Dios como el barro en las manos de un buen alfarero que ha de realizar una obra perfecta. El Señor es bueno y justo, corrige y guía por su camino a los humildes y los instruye a vivir en la justicia. El mensaje en este primer domingo de Adviento es a mantener la esperanza viva en las promesas divinas, a dar sentido a nuestra libertad espiritual, a regocijados en el tiempo de la espera cierta del regreso del Cristo.

¡Despiertos y vigilantes!

Que Dios, nuestro Padre, y el Señor Jesucristo derramen sobre ustedes su gracia y su paz. Amén.

La Rvda. Marivel Milien ejerce su ministerio en la Iglesia Santísima Trinidad en Miami, Diocesis del Southeast Florida.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan

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