Sermones que Iluminan

Adviento 2 (B) – 2017

December 11, 2017


Cuenta la historia que había un pueblito en México en el estado de Zacatecas que era famoso por sus Posadas. Todas las familias del pueblo participaban. Las familias designadas para recibir a la gente competían para ver quién podía darles a los peregrinos el mejor banquete. Y el 26 de diciembre, todo el pueblo se reunía en la Plaza Mayor donde el alcalde anunciaba la familia que había organizado la mejor fiesta. La señora de la casa era nombrada, ‘Reina de las Posadas’.

Doña Tomasa era famosa por hacer los tamales más sabrosos de todo Zacatecas. Un año en particular, todos en el pueblo se alegraron cuando se enteraron de que se había designado su casa para recibir a la gente el 24 de diciembre, el último día de las Posadas. Esa Nochebuena, el pueblo se acercó cantando y tocando guitarras, pero cuando llegaron notaron que no había ninguna luz encendida. Solo encontraron a un niño que era el nieto de Tomasa. “Mi abuelita les pide disculpas,” dijo el niño. “Tuvo que salir a trabajar”.

Todo el pueblo quedó muy desilusionado, pero la decepción se convirtió en sorpresa el día 26, cuando se reunieron en la Plaza Mayor y el alcalde declaró a Doña Tomasa, ‘Reina de las Posadas’. Algunos pensaron que era una broma; otros se enojaron. Entonces el alcalde dio la siguiente explicación:

“El día 24 de diciembre, Leonora la esposa de Miguel, empezó con trabajo de parto. Miguel y Leonora viven en un rancho a 12 kilómetros del pueblo, y como ustedes saben la única manera de llegar es a pie, por el sendero de la montaña. Doña Tomasa que es partera jubilada y tiene 68 años, caminó esos 12 kilómetros para ayudar a que naciera ese bebé. Miguel y Leonora estaban tan agradecidos que le pidieron a Doña Tomasa que eligiera el nombre de su bebé. Tomasa sugirió que le pusieran por nombre Jesús.” El alcalde agregó: “Ya ven porque Doña Tomasa es la ‘Reina de las Posadas´.

Hoy es el segundo domingo de Adviento, y todas las lecturas del leccionario nos invitan a prepararnos. Podemos prepararnos como lo pregona Juan el Bautista, el mensajero al que se refiere el profeta Isaías “para que te prepare el camino.” Este personaje peculiar que se alimentaba de “langostas y miel del monte” y cuya ropa “estaba hecha de pelo de camello, y se la sujetaba al cuerpo con un cinturón de cuero” nos invita a prepararnos para recibir a Jesús. Al desierto desde donde el Bautista gritaba “prepárenle el camino del Señor, ábranle un camino recto” venían personas de todas partes para escuchar sus enseñanzas que consistían primordialmente en que todas las personas allí presentes se volvieran a Dios.

Algunas traducciones de la Biblia no usan el verbo volver, sino arrepiéntase. La expresión “volverse a Dios” tal vez exprese mejor el significado del arrepentimiento. Arrepentirse no significa que a partir de hoy viviremos una vida perfecta y que nunca volveremos a pecar. Arrepentirse significa que reflexionamos y nos reorientamos para darle un cambio a nuestros pensamientos y acciones.

Junto a momentos de reflexión y de arrepentimiento durante estas semanas de Adviento, también nos preparamos dedicándonos a una gran variedad de preparativos para la celebración de la Navidad. Una mezcla de emociones se percibe en el ambiente. Por un lado, nos sentimos ansiosos ante los planes para las cenas y las fiestas navideñas y de nuevo año, cómo decorar, cuándo y qué comprar para regalar a nuestros seres queridos y amistades. Al mismo tiempo, nos invade un regocijo casi inexplicable, una alegría en nuestras almas alimentada por nuestra propia fe y esperanza de que Jesús vuelve a manifestarse en el mundo. Estas son emociones muy parecidas a las que una madre siente en las últimas semanas antes de dar a luz. Por una parte, la preocupa que su bebé esté bien y siente incertidumbre ante el misterio que involucra cada fibra de su cuerpo. A la misma vez, su gozo es profundo y su esperanza es sagrada.

El Adviento es un entretiempo. En otras palabras, estas semanas las vivimos con la esperanza y la ansiedad de lo que viene, y también vivimos con el misterio de lo sagrado. Jesús llegó en un momento desconocido para su madre. De la misma manera como todo el universo celebró la llegada del rey del mundo, nosotros también celebramos la expectativa del nacimiento de Jesús.

Las celebraciones festivas son importantes, no obstante, no podemos olvidar que el significado de la Navidad es la llegada del niño Emanuel, Dios con nosotros. Las Posadas nos pueden ayudar a recordar el tiempo de espera de María y José, ya que la tradición invita a las familias a esmerarse por honrar a la Santa Familia en lo que María y José se preparan para recibir al hijo del Altísimo.

En esta época de Adviento tratemos de estresarnos menos, procuremos reunirnos en comunidad para celebrar los servicios religiosos y volver a escuchar las historias bíblicas del Adviento y de la Natividad de Jesús. Busquemos momentos para reflexionar sobre nuestro propio entretiempo, nuestra espera y nuestra esperanza de recibir al niño que entrará en nuestras almas.

Si ponemos a Jesús en el centro de nuestros preparativos, nuestra Navidad será más simple y estará llena del significado sagrado que es la manifestación de Dios en el mundo. La comunidad en Zacatecas siempre recordará el gesto de Doña Tomasa, y de la misma manera nuestros niños y niñas recordarán lo mágico y divino de esta época navideña.

Tanto como en este tiempo de Adviento nos reunirnos para comer, cantar y celebrar, preparémonos para recibir a Jesús, para recibir a Enmanuel, Dios con nosotros que viene a nosotros, Jesús luz resplandeciente, lleno de gracia que nos llega buscando posada en nuestras vidas y en nuestros corazones.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan