Sermones que Iluminan

Adviento 3 (A) – 2019

December 15, 2019

Durante la época de Adviento el cristianismo dedica sus esfuerzos a meditar sobre varios aspectos de la fe y la esperanza con miras a la consecución de un mundo y un futuro mejores. Hoy la Iglesia nos pide reflexionar sobre la venida del Reino de Dios. La verdad es que podemos encontrar mucha competencia a la visión cristiana del Reino. Y ser consciente de esto es útil para esta meditación, porque los sistemas ideológicos, las campañas políticas y el mercadeo masivo quieren vendernos sus versiones alternativas de la vida humana. Por tanto, una de las preguntas más importantes para el pueblo de Dios es: ¿Cómo reconoceremos el Reino de Dios cuando venga? Para responder a esta pregunta es necesario que volvamos a su Palabra, la cual nos ayudará a esclarecer nuestras ideas y evitar los posibles sustitutos. Veremos que los profetas y Jesucristo nos darán la respuesta.

En muchos pasajes de las Sagradas Escrituras se encuentran mensajes acerca del Reino mesiánico, es decir, el prometido Reino de Dios. A veces estos mensajes parecen querer provocar en nosotros una vida más justa o sincera, pues anuncian el juicio final y el castigo de los impíos; nos recuerdan que el Señor es un Dios de justicia y equidad. En otras ocasiones los autores bíblicos nos incitan a esperar con ansias el Reino de Dios como a una gran celebración de la cual Dios mismo será el anfitrión y, en la que los enfermos, los débiles y los hambrientos serán sanados y saciados con la magnificencia y generosidad que solo Dios puede brindar.

Las lecturas correspondientes al día de hoy, Tercer Domingo de Adviento, están en el segundo grupo, pues gozosamente apuntan hacia las visiones positivas del Reino de Dios. Pero ¿cómo son estas visiones? Y ¿qué nos dicen sobre el Reino?

En la primera lectura escuchamos la voz del profeta Isaías que describe el Reino con la visión del retorno de los exiliados a Sión, a Jerusalén: ¡El desierto producirá flores y se desbordará de gozo y alegría, con una belleza natural que revelará la gloria de Dios su Creador! Pero la visión se desarrolla aún más. No sólo el desierto cobra nueva vida, sino también el ser humano: “Entonces los ciegos verán y los sordos oirán; los lisiados saltarán como venados”. Es una visión que nos enseña que la voluntad y el propósito de Dios son sanar y bendecir la humanidad con la restauración de su integridad.

Si nos fijamos en los detalles, nos damos cuenta de que esta integridad no solo se trata de la condición física del ser humano, sino también de su condición espiritual. Dios nos extiende la mano para salvarnos, sanarnos y reconciliarnos con él. Las personas que entran en relación y en la vida nueva que Dios ofrece recibirán la dicha y la bendición, y tendrán el gozo y la alegría. En esta visión profética el perfeccionamiento de la naturaleza señala al perfeccionamiento del espíritu y el corazón humano.

El Salmo 146 nos presenta una imagen muy parecida a la visión de Isaías. Es este caso, Dios es quien hace justicia a los oprimidos y provee pan a los hambrientos. Es Dios quien abre los ojos de los ciegos, endereza a los que están doblados por el dolor. Es Dios quien protege al inmigrante y cuida a viudas y huérfanos.

Por todo lo anterior, no debería sorprendernos cuando Jesús plantea su misión y confirma su papel mesiánico a San Juan Bautista usando los términos alusivos a esa visión profética: “Vayan y díganle a Juan lo que están viendo y oyendo. Cuéntenle que los ciegos ven, los cojos andan, […] los sordos oyen, […] y a los pobres se les anuncia la buena noticia.” Sí, Jesús parece hablar en clave, pero es una clave que todos los fieles pueden entender. Jesús dice que él mismo es la muy esperada irrupción del Reino de Dios entre los seres humanos. Dice que él es el prometido Mesías de Israel. En una clave particular, pero comprensible: Jesús se proclama el Cristo.

Precisamente éste es el anuncio del Adviento. Dios ha venido entre nosotros en la persona de Jesucristo. Él ha llegado para restaurarnos a la integridad de cuerpo y alma, y ha llegado para enseñarnos una nueva manera de vivir y de adorar a Dios. Sobre todo, nos ha mostrado el camino sagrado del amor, del perdón y de la salvación. En síntesis, Cristo Jesús vino e hizo realidad el sueño de los profetas.

Con este anuncio y esta nueva enseñanza, todo cambia de perspectiva para quienes los reciban. A través del anuncio del Reino, Jesús nos plantea un propósito misionero para nuestras vidas: nos llama a acompañar a los pobres y humildes, a proteger al extranjero e inmigrante y a defender a las viudas y huérfanos como si nosotros estuviéramos en su lugar; nos llama a perdonar y a reconciliarnos unos con otros; nos manda a compartir las buenas noticias con todos los hombres y mujeres de nuestro mundo; y nos insta a esperar que el Reino de su Padre, ya presente en su vida y ministerio, llegue en su plenitud.

Los que confiamos en el Señor y seguimos a Jesús esperamos la venida del Reino de Dios, y anhelamos que Dios restaure al mundo que creó con tanto amor. A la luz de esta esperanza vigilamos y nos preparamos, aguardando “con paciencia,” como se expresa en las palabras tan apropiadas de la epístola de Santiago.

Creemos que el Señor vendrá pronto. Y, aunque “pronto” para nosotros y “pronto” para Dios suelen ser distintos, la idea es la misma: el Señor regresará con justicia y paz para todos.  Así que debemos estar alertas porque si bien Dios ha prometido cumplir con su palabra, también se requiere de nuestra parte la aceptación del estilo de vida que Cristo nos ha propuesto; se requiere que seamos humildes y que no juzguemos a los demás.

Cuando nos pregunten de qué se trata el Adviento para la vida cristiana, debemos responder como Jesús respondió a Juan: “los ciegos ven, los cojos andan, […] los sordos oyen, […] y a los pobres se les anuncia la buena noticia.”

¡Maranatha! ¡Ven pronto, Señor Jesús! 

El Rvdo. Dr. John J. Lynch es un sacerdote, autor y educador, que ha servido en las diócesis episcopales de Honduras, el Sur de Virginia y Rhode Island. Actualmente sirve como el Director del Instituto Ecuménico del Ministerio Hispano y el Cura párroco de la Iglesia Episcopal San Jorge en la ciudad de Central Falls, Rhode Island.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan