Sermones que Iluminan

Cuaresma 5 (A) – 2020

March 29, 2020


Llegando a la cumbre del tiempo cuaresmal y acercándonos a la conmemoración anual de la Semana Santa, la liturgia de la Iglesia nos propone para hoy un acercamiento a la realidad de la muerte y el retorno a la vida, como anticipación a la gran celebración de la Pascua del Señor, a la cual estamos unidos los cristianos por el bautismo. Este acercamiento es realizado de forma complementaria, aunque distinta, por los tres textos que hemos escuchado.

En la primera lección, el profeta Ezequiel nos habla de aquella visión que tuvo, en la cual Dios lo llevó a un “valle de huesos secos” y le preguntó sobre la posibilidad de retornarlos a la vida. El profeta es testigo, de primera mano, de cómo se lleva a cabo esto, de cómo se unen los huesos unos a otros y son revestidos de carne, tendones, y piel, para concluir dándoles el aliento de vida que los revivió. Al final del relato, es Dios mismo quien explica al profeta que así mismo hará con el pueblo de Israel que se siente perdido y sin esperanza; él les devolverá la vida y los llevará de nuevo a la tierra de la cual fueron arrebatados.

La sensación de estar perdidos y desesperanzados es más común de lo que pensamos: muchos hemos sentido que los esfuerzos que realizamos no tienen recompensa; a veces las cosas que proyectamos no salen tan bien como las planeamos; podemos sentirnos frustrarnos por un entorno social injusto, violento y desigual; otros nos vemos impotentes ante la devastación inmisericorde del medio ambiente. A pesar de todo esto y más, el Señor nos recuerda hoy la promesa de vida, nos anima en la esperanza y nos muestra el camino con su luz, para que no nos sintamos perdidos y sigamos adelante con nuestras propias vidas, ayudando también a cambiar las vidas de otros y del mundo entero.  En este día el Señor nos invita a tener presente que aquellos momentos difíciles que vivimos son la ocasión para que él muestre su gloria en nosotros; que no tenemos que sentirnos desesperanzados porque si él realizó obras grandes en el pueblo de Israel también las realizará en nosotros y, sobre todo, hará de nosotros medios para que este mundo se vea transformado por su amor redentor.

El apóstol Pablo, por su parte, nos presenta la muerte como contraria a la vida y la paz, y éstas como consecuencias de las acciones que realizan los individuos. Quienes se dejan guiar por el aliento de vida, es decir, por aquel Espíritu de Dios que es capaz de revivir los huesos secos, son de Cristo y serán llevados a la vida y la paz; mientras que quienes se dejan guiar por la naturaleza débil serán guiados a la muerte. Podríamos, quizá, realizar un examen de conciencia en los ámbitos personal y social para identificar qué motiva nuestras acciones, si el Espíritu o la naturaleza débil. Si es el Espíritu realizaremos obras de vida, lo que se evidenciará en el respeto por el otro, su propiedad y sus ideas, en la disponibilidad para brindar ayuda a quien lo necesita, en la tendencia a hacer lo correcto siempre aun cuando no hay quien observe; por el contrario, si nuestras acciones son guiadas por la naturaleza débil, evitaremos cualquier esfuerzo, no respetaremos al otro, su propiedad e ideas, no estaremos dispuesto a ayudar sino que intentaremos sacar ventaja de los demás y solo haremos lo correcto cuando tengamos alguien a nuestro lado vigilando nuestras acciones.

Finalmente, el evangelio de Juan, presenta uno de los relatos más conocidos de toda la Sagrada Escritura: Jesús vuelve a Lázaro a la vida. Vale la pena partir aquí de una diferencia. No se trata de lo mismo que sucederá con Jesús. Mientras que Lázaro, gracias el milagro obrado por Jesucristo, sale de la tumba y continúa su vida mortal hasta que finalmente, y por el ciclo normal de la vida, vuelve a la muerte, en el caso de Jesús, éste regresa a la vida de forma perfecta, venciendo la muerte de una vez y para siempre, y por eso es que la muerte ya no tiene poder en él, quien volverá como Juez de todos los seres humanos, tanto los vivos como los muertos. De esta forma, podríamos decir que, en el caso de Lázaro, se da una “resucitación”, una vuelta a la vida que cumplirá con su ciclo normal cuando muera nuevamente, pero en Jesús, se da la Resurrección, la victoria definitiva sobre la muerte, la vida eterna de la cual somos partícipes los cristianos a través del bautismo.

El caso de Lázaro es particular, se trata de un amigo de Jesús, muy querido dentro de su comunidad, al igual que sus hermanas Marta y María. Se esperaba que Jesús, al recibir la noticia de la enfermedad de su amigo, fuera de inmediato a atenderle, sin embargo, como lo narra el texto, Jesús no fue a su encuentro cuando aún vivía. La enfermedad y posterior muerte de Lázaro fueron ocasión para que Dios mostrara su gloria al volverle a la vida, con ello evidencia una realidad fundamental en el cristianismo: la muerte no es algo definitivo ante la cual haya que temer porque es definitiva, sino que Dios, hecho hombre en Jesús, es capaz de destruir el pecado y también a la muerte.

Tener una amistad profunda con Jesús, no quiere decir que no vayamos a tener dificultades, al contrario, las vamos a tener y mucho más en la medida en que, guiados por el Evangelio, intentemos hacer las cosas de la mejor manera posible; sin embargo, debemos tener presente, que ello implica también que estas dificultades serán ocasión para que Dios muestre su gloria en nosotros, serán medio para que Dios actúe con todo su poder, serán la posibilidad de que brillemos al actuar como cristianos.

En la recta final de esta cuaresma, pidamos al Señor, que mientras avanzamos por el camino de esta vida esperando la eternidad, seamos constructores, con nuestras acciones, de obras de vida y paz, de tal forma que, al celebrar posteriormente la Pascua, mostremos el Espíritu de Dios que vive y actúa en cada uno de nosotros. En esa medida, valdrá la pena ser cristianos porque Dios actúa y vive en nosotros.

El Rvdo. Nelson Serrano Poveda, es psicólogo de profesión, Máster de Artes en Religión y diácono en transición de la Diócesis Episcopal de San Joaquín, estado de California, donde se desempeña como Misionero Hispano/Latino.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan