Sermones que Iluminan

Día de Pentecostés (B) – 2015

May 25, 2015


Las personas que han vivido la experiencia de un huracán, relatan que es algo realmente temeroso, pues los vientos son muy fuertes por lo que derriban árboles y arrastran con todo a su paso, produciendo un ruido espantoso, y hasta se oye como como un silbido.

Hoy estamos celebrando el día de Pentecostés y en el libro de los Hechos encontramos la narración de ese gran acontecimiento. Nos habla del gran ruido y el viento fuerte que soplaba y que se escuchó en toda la casa donde estaban reunidos los discípulos (Hechos 2:2). Jesús les promete a los discípulos que aunque él tiene que irse, les enviaría uno que siempre estaría con ellos. “Cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda verdad” (Juan 16:13ª). Los discípulos estaban allí por una razón muy especial; estaban celebrando la fiesta de Pentecostés.

Esta fiesta era celebrada por los judíos a los 50 días después de la Pascua y se le llamaba La fiesta de las semanas, originalmente de carácter agrícola, por lo que daban gracias después de las cosechas. Luego se llamó, fiesta de conmemoración de la alianza del Sinaí; 50 días después de la salida de Egipto.

La llegada del Espíritu Santo, el Pentecostés cristiano se celebra 50 días después de la resurrección de Jesús (Pascua) hago esta aclaración para que tengamos un conocimiento más amplio del porqué los discípulos estaban reunidos ese día, el cual es conocido también como el nacimiento de la Iglesia ,debido a que los discípulos estaban muy asustados después de la ascensión de Jesús y por ello se reunían con las puertas cerradas. No querían ser descubiertos por las autoridades puesto que no estaban permitidas las reuniones de los seguidores de Jesús. Después de haberse llenado del Espíritu Santo es cuando adquieren valor, pierden el miedo y salen a las calles a proclamar las buenas nuevas de Jesucristo.

Por aquellos días Jerusalén había recibido a judíos de todas partes del mundo, que venían a cumplir con la celebración del Pentecostés. Momento oportuno para que los discípulos comenzaran a hablar en diferentes lenguas, y según dice el libro de los Hechos: “La gente se reunió al oír aquel ruido, y no sabían qué pensar, porque cada uno oía a los creyentes hablar en su propia lengua” (Hechos 2:6). Día de regocijo, día de alabanza, día de predicar las buenas nuevas de salvación. ¿Se imaginan el asombro de los discípulos, cada uno con su lengua de fuego sobre su cabeza y hablando en una lengua diferente a la suya? ¿Por qué entonces decimos que es el nacimiento de la Iglesia? Creen ustedes que con los discípulos reuniéndose cada semana con las puertas cerradas y con miedo, hubiera la Iglesia crecido?

Fue la ocasión para que Pedro dijera su primer discurso comenzando con la aclaración que ellos no estaban borrachos como se estaba comentando, pues apenas eran las nueve de la mañana. Pedro hace un recuento desde el anuncio del profeta Joel del derramamiento del Espíritu sobre toda la humanidad, muchos siglos antes de Jesús venir al mundo. Del envío de Jesucristo al mundo, de cómo lo maltrataron; hasta hacerlo morir en la cruz. De su resurrección, de las palabras del rey.

David en referencia a Jesús, de la promesa de Dios a David que un descendiente suyo ocuparía el trono, de la resurrección de Jesús y que los apóstoles son testigos. Ese gran discurso de Pedro afligió a muchos en Jerusalén; a tal grado que le preguntaron a Pedro que debían hacer, y Pedro les contesta: “Vuélvanse a Dios y bautícense cada uno en el nombre de Jesucristo…” (Hechos 2:38ª). Y aquel día, se agregaron a los creyentes unas tres mil personas.

Nosotros no somos diferentes a los discípulos, y si hubiéramos estado en su misma situación, es probable que hubiéramos actuado igual. El miedo nos paraliza y no nos deja avanzar. Jesús sabía esto y por ello la manifestación del Espíritu Santo fue espectacular. Algo grande tenía que pasar para que los discípulos despertaran y perdieran el miedo. Hoy también estamos asustados y temerosos, y no compartimos nuestra fe por temor a que no nos presten atención. Pedro es un buen ejemplo de valentía, Pedro se puso de pie junto a los demás discípulos y con voz fuerte comenzó su discurso. La seguridad en uno mismo da fuerzas y valor, nunca dudemos de que sí podemos, Recordemos las palabras del apóstol Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

Jesús en el evangelio de san Juan se despide de sus discípulos de una manera muy particular: “Dentro de poco, ustedes ya no me verán, pero un poco más tarde me volverán a ver”. ¿Qué les querría decir? ¿Estaría hablando Jesús de su segunda venida? ¿Les estaría revelando una vez más lo que en varias ocasiones les dijo?

Lo mismo nos dice a nosotros, aunque no queremos entender ni comprender, él está siempre indicándonos el camino a seguir y nos llama para que seamos sus discípulos; entonces no nos decidimos porque el compromiso que tenemos que asumir es grande. Así pensamos, aunque más bien lo que nos domina es el miedo. Ya es hora de nuestro Pentecostés, es el momento de responder como lo hicieron aquellas tres mil personas, y preguntar, ¿qué debemos hacer?

Nuestra Iglesia necesita personas valientes y decididas, que la fe sea nuestro estandarte. ¿Qué debo hacer en mi congregación para que crezca espiritualmente, para que crezca en número de feligreses, para que crezca en el amor de Cristo? Hoy es nuestro Pentecostés, dejemos que el Espíritu Santo nos llene de su gozo y de su paz, de su sabiduría, su inteligencia, su paciencia, su perseverancia… para que seamos útiles a nuestros hermanos y hermanas, llevemos la palabra de Dios en nosotros y compartámosla con alegría y con autoridad; la autoridad que nos da Cristo Jesús.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan