Sermones que Iluminan

Día de Pentecostés (C) – 2010

May 23, 2010

Leccionario Dominical, Año C
Preparado por Eddie López

Hechos 2:1-21 ó Génesis 11:1-19; Salmo 104:24-34, 35b; Juan 14:8-17, (25-27)

Un día apareció un artículo en un periódico acerca de un joven mexicano en Long Island, Nueva York, que fue apuñalado por un muchacho anglosajón. El joven murió. El jurado encontró culpable al que lo apuñaló, pero no de homicidio intencional porque el muchacho había salido no a matar a un mexicano sino con la intención de golpear a un mexicano.

Al escuchar este recuento usted se puede imaginar el dolor, la tristeza, la frustración y el coraje que el caso produjo. Pero algunos cambiaron de opinión cuando leyeron que su hermano había dicho: “La decisión del jurado no fue todo lo que mi familia esperaba, pero encontramos justicia”. Ya no habrá personas corriendo por las calles durante la noche buscando a mexicanos para hacerles daño. También hubo cambios de actitudes y emociones al leer que se había creado una beca en nombre del difunto, Marcelo Lucero, que será usada para ayudar a jóvenes sin importar su origen étnico o raza. Este artículo expresa bien el espíritu de las lecturas que tenemos para hoy, día de Pentecostés.

La historia de la cuidad y de la torre de Babel del Génesis nos revela una comunidad con actitudes destructivas. Era una comunidad que temía a otras comunidades que se les acercaban debido a la dispersión. El temor a la diversidad y a ser inclusivo mostraba, según el autor del Génesis, un espíritu opuesto al espíritu de Dios. La unidad imperialista que buscaban no era buena porque procuraban un futuro seguro solamente para ellos. Era una actitud egoísta porque solamente procuraban su propio bienestar.

Éste es el mismo espíritu que algunas comunidades expresan hoy cuando nuevos inmigrantes llegan y son rechazados. El espíritu contra del inmigrante es un espíritu opuesto a Dios. El objetivo del pueblo de fe es el de incorporar a todos los inmigrantes a sus comunidades. 

Podemos aprender otra lección. Nosotros a veces somos culpables de rechazar y excluir a otros de nuestras comunidades. Por ejemplo, se puede observar cómo nos agrupamos en diferentes grupos étnicos. Los mexicanos viven aquí; los salvadoreños allí; los cubanos allá; y los colombianos más allá. También hacemos eso en nuestras congregaciones. Una congregación es puertorriqueña y otra dominicana. Y aun cuando estamos en una misma congregación nos mantenemos en grupos separados. Encontrar apoyo y confraternidad en nuestro grupo étnico, religioso o político puede ser beneficioso por un lado, pero procurar la preservación de estos grupos solamente por su preservación puede ser emocionalmente desastroso, o al menos un obstáculo al desarrollo personal. En la historia del Génesis, Babel es dispersada para crear la diversidad que Dios encuentra mucho más saludable. Dios siempre es una puerta hacia la diversidad.

El tema continúa con el comienzo de la Iglesia que se relata en la historia de los eventos del día de Pentecostés en el libro de los Hechos. Es interesante que el autor enfatice que en la formación de la Iglesia había una asamblea internacional y que ocurrió un milagro. Unos galileos hablaban en otros lenguajes las maravillas de Dios. Observamos cómo el autor cuidadosamente nos da el listado de todos los que fueron testigos y participantes del evento narrado: eran partos, medos, elamitas y residentes de Mesopotamia, Judea y Capadocia, Ponto, Asia, Frigia y Pamfilia, Egipto y de las regiones de África más allá de Cirene, romanos residentes, judíos y prosélitos, cretenses y árabes. No es mera coincidencia que la comunidad formada fuera internacional. Al llegar el Espíritu Santo a encender la llama del comienzo de la Iglesia, se realiza un espíritu inclusivo: diversidad y unidad. Todos los pueblos con sus lenguajes son invitados a incorporase a la nueva comunidad que es la Iglesia y a experimentar las maravillas de Dios. El Espíritu Santo que es dado a la Iglesia nos muestra el corazón de Dios con obras para que todos los pueblos y razas conozcan su amor.

De este Espíritu Santo, Jesús mismo nos da testimonio en el evangelio de hoy. El autor del evangelio de Juan nos dice que el Espíritu nos enseñará y nos recordará la misión de Jesús que era mostrarnos a Dios. Según Jesús recibimos ese Espíritu para hacer las obras de Dios. Jesús nos da el ejemplo de cómo debemos amar a nuestro prójimo que a veces es el mismo Jesús, el extranjero entre nosotros.

En conclusión, este Espíritu de amor que mora en la Iglesia lo vemos realizado en la misión de nuestra Iglesia mediante el programa de la oficina de ministerios con los inmigrantes. En este día de Pentecostés y, a la luz de cómo las escrituras celebran la diversidad de razas y pueblos, nos queda un reto. Este reto es el de apoyar este ministerio con inmigrantes que promueven obras de servicio y luchar por cambios legislativos que harán a este país más sensible hacia nuestros hermanos y hermanas inmigrantes.


— Eddie López es director de cuidado pastoral en el Greenwich Hospital en Connecticut. Fue pastor metodista durante veinte años y ahora procura ser sacerdote en la Diócesis de Bethlehem en Pennsylvania adonde es miembro de la Iglesia de San Esteban.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan